09 de enero de 2019
09.01.2019

José Alberto salió de inicio sólo con Babin de titular, por 4 de Marcelino

09.01.2019 | 01:21

Entre el susto y las novedades, con Noblejas en una posición adelantada y Pablo Pérez ejerciendo de chico para todo, al Sporting le costó entrar en situación. Durante un buen rato fue a remolque de un Valencia que tenía en la sala de máquinas a dos futbolistas de otro nivel, Carlos Soler y Parejo, que templaban y mandaban. Con Canella firme en su reaparición, el equipo de Marcelino encontró mejores vías de acceso por la banda izquierda, donde se juntaban un punzante Gayá con el debutante Kang Ing, además de las apariciones por sorpresa de Gameiro.

Así llegaron las dos ocasiones más claras visitantes, al margen del tempranero regalo de Cofie. En el minuto 11, Gameiro ganó la espalda a los centrales y esperó la llegada de Kang In, que confirmó su condición de novato con un remate inocente, fácil para Dani Martín. Más difícil lo tuvo el joven guardameta en el 24, cuando una pared con Gameiro dejó a Gayá mano a mano con Dani, que volvió a ganar la partida.

Fueron dos chispazos de un equipo en penumbra, que trasladó a la Copa las dudas que le llevan atenazando toda la temporada. Los errores individuales se mezclan con la aparente falta de interés que rebaja el buen nivel colectivo de los equipos de Marcelino. Nada mejor que la jugada del gol del Sporting para explicarlo. Un simple desplazamiento en largo de Caenella destapó las vergüenzas de los centrales: André Sousa se merendó con un toque a Vezo y Diakhaby no detectó la presencia de Noblejas en el área pequeña.

El gol soltó definitivamente a un Sporting que había empezado el partido con un evidente complejo de inferioridad. Todos, hasta los menos dotados con el balón, se atrevieron a combinar, para asombro y jolgorio de una afición poco acostumbrada a estos lujos. Con tres centrocampistas puros, más Pablo Pérez, siempre dispuesto a participar en el rondo, se diluyó la diferencia de categoría y El Molinón volvió a disfrutar del fútbol de verdad. La fiesta sólo se estropeó en el último minuto, cuando se encadenaron los acontecimientos, y todos favorables al Valencia.

Undiano cortó un avance del Sporting y el balón llegó goloso para que Parejo probase su cañón. El trallazo se estrelló en el larguero, botó en la raya -o quizá más allá- y volvió al campo, donde Gameiro cabeceó a puerta vacía. El linier levantó la bandera, pero llegó el momento del VAR, con mucho que juzgar. Imposible saber si el balón había traspasado totalmente la línea, el 1-1 se validó al comprobar que Gameiro no estaba en fuera de juego.

El descanso atemperó el cabreo y, a la vuelta, el Sporting tuvo un arrebato con dos llegadas, de Álvaro Jiménez y Noblejas, que pareció indicar que todo seguía igual. Pero algo había cambiado. Con Rodrigo por Batshuayi, el Valencia tuvo otro empaque y el partido empezó a atenerse a lo que podía preverse. Parejo tomó la batuta, algún que otro compañero le secundó, y al Sporting le tocó hacerse fuerte. Lo consiguió con una gran aplicación colectiva, desde un coloso Pablo Pérez al inalterable Babin, pasando por un renacido Cofie.

Hubo alternativas -una chilena de Gameiro, un córner casi olímpico de Álvaro Jiménez, un cabezazo solitario de Rodrigo-, hasta que uno de esos guiños del fútbol hizo justicia con el Sporting. José Alberto decidió apostar por uno de los hombres más discutidos del momento, Blackman, y su salida tuvo un efecto inmediato. El británico hizo honor a su dorsal, el 9, lanzándose en plancha para cabecear un magnífico centro del Álvaro Traver, que puso un balón de oro para ganar el partido y dar color a la eliminatoria. Porque, aunque las fuerzas ya estaban al límite, el Sporting aguantó el arreón final de un Valencia que confirmó en Gijón los problemas que le traen a mal traer en la Liga.

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