25 de mayo de 2019
25.05.2019
Por libre

Ópera bufa

El Sporting cae en casa frente a un Albacete que sí se jugaba algo

25.05.2019 | 21:14

Con una de las peores entradas de público que se recuerdan en el Molinón Enrique Castro 'Quini', un desahuciado Sporting se medía a un Albacete que llegaba con la intención de mantenerse vivo en la pelea por el ascenso directo, y de paso, confirmar la tercera plaza que ahora mismo ostenta en la tabla clasificatoria.

Ante la baja de Alex Alegría, José Alberto decidió volver a situar un trivote en el centro del campo, dando presencia en el mismo al debutante en Zaragoza, Pedro Díaz, al que acompañaron los "veteranos" Cristian y Nacho Méndez. Sumando a Canella y a Dani en portería, fueron así cinco los canteranos en el once inicial. Lo nunca visto en toda la temporada. Pero no siempre se cumple aquello de más vale tarde que nunca.

Antes de comenzar el encuentro, se guardó un respetuoso minuto de silencio, en memoria del ex jugador y ex entrenador del Sporting, Miguel Montes. En realidad fue lo único respetable que tuvo la tarde. A partir del pitido inicial, todo lo que vino después fue lo más parecido a una ópera bufa, con actuaciones estelares como la del árbitro, Vicandi Garrido, que demostró el porqué de su descenso a Segunda tras solo tres temporadas en Primera. Sin duda, su lamentable actuación, ha sido el mejor capote que ha podido recibir el actual Consejo del Sporting, a cuyos miembros fueron dedicados los primeros coros nada más comenzar el partido, pero que después, ante la nefasta labor arbitral, apenas se volvieron a repetir.

Que el Sporting se jugaba poco o nada, más allá del orgullo, lo sabían prácticamente todos los presentes en el estadio, en una solariega tarde de finales de mayo, que invitaba a cualquier cosa menos a prestarse a sufrir semejante tomadura de pelo.

Apenas habían transcurrido poco más de cinco minutos del partido cuando Vicandi ya había dejado claro cuál iba a ser su papel en el encuentro. Una tarjeta más que rigurosa a Nacho Méndez fue el primer aviso.

Al cuarto de hora tuvo José Alberto que realizar su primer cambio, tras el balonazo sufrido por Geraldes, que dejó al jugador luso fuera de combate. En su lugar entró Canella, pasando así Molinero al lateral derecho e incorporándose el capitán sportinguista a su banda natural.
Transcurrían los minutos sin prácticamente acercamientos en ninguna de las dos áreas, aunque con la sensación de que a poco que apretaran los manchegos, podrían llevarse los tres puntos. El Sporting por su parte únicamente conseguía a lo sumo llegar con algún saque de esquina (lanzó seis en la primera parte), pero con nula efectividad. Algo que por otra parte ha sido la constante en este campeonato.

En el minuto 40 Peyrbenes recibió la que era ya la cuarta tarjeta amarilla para los rojiblancos (tras la inicial a Nacho, habían llegado las de Pedro Díaz y Molinero). Vicandi juzgó como juego peligroso la entrada del francés sobre el portero albaceteño a la salida de un corner.

El central sportinguista no tardó ni un minuto en ver la segunda en la jugada que decantó el partido a favor de los visitantes; quizás la única amonestación justa, tras agarrar inocentemente dentro del área a un Zouzulia, quien durante todo el tiempo, volvió a ser un incordio para la defensa local, del mismo modo que lo había sido en el partido de ida.

Penalti pues y transformación posterior por parte de Valderrama, a pesar de la estirada de Dani Martín adivinando la trayectoria. Si con el empate a ceros el partido tenía muy mala pinta, con el cero a uno y un jugador menos al filo del descanso, quien más quien menos, sabía lo que iba a ser el resto del partido. Aunque probablemente se quedaron cortos.

Curiosamente los jugadores sportinguistas fueron los primeros en regresar al campo tras el descanso. Lo hicieron con considerable antelación respecto a sus rivales y al trío arbitral. Quizás porque ya no hubiese muchas consignas que dar.

Por si a alguien le pudiesen quedar dudas, el Sporting demostró también que no siempre se juega mejor con diez que con once, como decía el clásico. Y es que si la primera parte fue horrible, la segunda lo fue aún más para el espectador.

Lo peor quizás fue el que el segundo gol del Albacete, en el minuto 57, llegase en un disparo desde el centro del campo, que pilló adelantado a Dani, trastabillándose además al intentar recular hacia su portería. Ante semejante golazo, obra de Acuña, se pudieron escuchar aplausos desde una grada que hacía tiempo que se había desenchufado del partido.

Se volvieron sin embargo a conectar para tomarse ya a cachondeo alguna de las posteriores decisiones del trencilla vasco, cuando este por ejemplo por fin, mostró la primera amonestación a los visitantes. No hay peor señal para un equipo que el que su propia parroquia le pierda el respeto y ni siquiera muestre su enfado por su paupérrimo rendimiento. Solo faltó la ola, como ya sucediera en tiempos pretéritos.

Es complicado sacar algo positivo de un partido donde el Sporting no logró ningún disparo a puerta. El ver a Uros completamente solo arriba (y sin un solo recambio natural en el banquillo), tal vez sirva como pista sobre esa carencia absoluta a nivel ofensivo.

Tras este desastre mayúsculo, el Sporting dispondrá de una jornada de descanso por el partido que no habrá de disputar ante el Reus. Servirá para romper de forma ficticia la racha de tres derrotas y tres empates que llevan los de José Alberto en las últimas seis jornadas. Son tres puntos seguros aunque alguno pudiera llegar hasta dudarlo visto lo visto. Tres puntos para nada.

Quedará todavía un último choque en casa contra un Cádiz, que habrá que ver cómo llega y qué se juega. Las suspicacias están ya servidas con dos semanas de antelación. Pero tanto las que auguran una alfombra roja para los gaditanos, como las que sospechan de una posible extramotivación por parte de quienes en los últimos tiempos, parecieron cualquier cosa menos motivados por alcanzar un sueño. Habrá que estar muy atentos.

Post Scriptum: con las más que previsibles salidas del club, ¿ha ya el director deportivo comenzado a diseñar los primeros trazos de su tercer proyecto? ¿O volverá a tropezar por tres veces en este caso, en la misma piedra?

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