12 de junio de 2019
12.06.2019

La parábola del burro y la pareja de ancianos

"Lejos de la autocrítica vimos a un Torrecilla disfrazado de prestidigitador, enseñándonos con una mano su sentimiento rojiblanco, mientras que con la otra nos deslizaba que Dani Martín era susceptible de ser vendido"

12.06.2019 | 18:43

Pese a que llevaba todo el día esperándolo, tal es la expectación de la que ha sabido rodear Miguel Torrecilla sus soliloquios semestrales, tengo que reconocer que llegué tarde, sólo un poco, a la comparecencia de verano del Director Deportivo del Real Sporting de Gijón. Y es que la temporada futbolística de cualquier categoría del fútbol español no se acaba hasta que el salmantino no ofrece sus conclusiones de fin de curso. Así es nuestro Miguel.

Pude conectarme al fin. Me temía haber perdido los primeros envites del alto ejecutivo en su atalaya, con su pelazo cano perfectamente dominado, su corbata perfectamente alineada y esa manera suya tan particular de despejar balones y responsabilidades de tal manera que, cuando termina la rueda de prensa sales de ella con la absoluta certeza de que la culpa del enésimo fracaso de la nave rojiblanca es tuyo y sólo tuyo: ¡qué ansiedad, coño!

Así que al verlo ataviado con chándal sportinguista, de pie, deambulando por la sala de prensa de El Molinón, relajado, dicharachero pensé que, quizá, habría abandonado su talante distante y amenazador por el de un trabajador del club que había venido a trabajar, corriendo desde su casa, como pena autoimpuesta por su enésimo fracaso al frente de del buque sportinguista. Quince kilómetros de carrera continua a buen ritmo, unas flexiones, unos abdominales, un rato de autoflagelación controlada y a dar el do de pecho en sala de prensa: "Señores: me presento ante ustedes porque la he cagado esta temporada, una vez más: lo siento.

Pero no fue así: lejos de la autocrítica vimos a un Torrecilla disfrazado de prestidigitador, enseñándonos con una mano su sentimiento rojiblanco, su implicación con los colores, con la cantera, con los técnicos, los futbolistas, el socio, los veteranos, con la mujer barbuda mientras que con la otra nos deslizaba que Dani Martín era susceptible de ser vendido, que no había capacidad para retener a uno de los mejores de la plantilla la pasada temporada, que no había habido fracaso porque había habido trabajo, kilómetros recorridos viendo partidos, milenta de futbolistas controlados y horas de charla con su organigrama técnico.

Tal fue la puesta en escena, tal fue la distracción que la primera cuestión que se le hizo en el turno de preguntas fue que qué coño hacía en chándal. Miguel lo había logrado otra vez. Había anestesiado a la audiencia con su porte juvenil, ese chándal a la medida, todo en su sitio, ni una holgura, esa camiseta rojiblanca que dejó entrever, ese arrumaco al escudo. Torrecilla ha puesto muy alto el nivel de sus ruedas de prensa: esperamos un coro del góspel a sus espaldas en la siguiente, como mínimo.

Por cierto: ¿les han contado alguna vez la parábola del burro y del matrimonio de ancianos? Si no la saben, búsquenla al final de la comparecencia de Miguel Torrecilla de hoy, al fondo, a la derecha

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook