08 de octubre de 2019
08.10.2019

Del aplauso generalizado a pedir "actitud" en cuatro días

08.10.2019 | 01:06

El día después de caer con estrépito en Fuenlabrada pasó factura. La imagen del Sporting en una segunda parte impropia de un equipo con vocación de ascenso trajo de regreso el pesimismo. Los jugadores fueron testigos de ello. El equipo se entrenó en el campo número 5 de Mareo, lo que obligaba a un paseo ante la cafetería, donde varios aficionados apuraban el café mientras descargaban la rabia por lo visto en el Fernando Torres. "Hay que poner actitud", recriminaron al paso de los futbolistas. Cuatro días antes, esos mismos jugadores habían puesto en pie a El Molinón en la goleada al Almería. Así es el fútbol. Así es el Sporting.

La mañana empezó con charla en el vestuario. José Alberto repasó junto a sus jugadores las acciones que costaron la derrota en Fuenlabrada, en una búsqueda por encontrar respuesta a una pregunta generalizada: ¿Por qué el mismo equipo que desveló lo mejor de la temporada el jueves mostró su peor cara el domingo? El análisis sigue sin ofrecer, de puertas para fuera, una conclusión convincente. "Es que quizá no la hay", se comenta entre bambalinas. Un detalle que alimenta la preocupación.

El entrenamiento discurrió con normalidad, respondiendo a la cotidianidad de los días post-partido. Los titulares se ejercitaron a menor ritmo y el resto, con mayor intensidad. Ellos, los suplentes y no convocados, decidieron ampliar el tiempo de trabajo. "El entrenamiento está hecho, ¿queréis jugar otro (partidillo) más?", preguntó José Alberto a sus futbolistas. Era la última parte de la jornada, la reservada a un pequeño partidillo. El entrenador les dio opción de jugar otro tiempo, dando revancha al equipo que había salido perdedor. Todos aceptaron.

Djurdjevic sacó el genio. Lo hizo con balón. El serbio exhibió violentos disparos. Goles apurados a la cepa del palo. Hernán sacó el nervio. Paró un avance de Djuka en un choque de cuerpos tan limpio como ruidoso. José Alberto felicitó a ambos por la intensidad. Luego, todos tomaron el camino a la ducha. El entrenador, con parada intermedia en la oficina del club, donde estaba el presidente, uno de sus grandes valedores.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook