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Los gijoneses del Sporting: “Este equipo tiene hambre para triunfar”

“Jugar en el club de tu ciudad es lo mejor que te puede pasar; es como cumplir una meta en la vida”, aseguran 16 exfutbolistas rojiblancos que alaban a los siete “locales” de la actual plantilla

LA NUEVA ESPAÑA reúne a dieciséis jugadores del Sporting nacidos en Gijón y que llegaron a debutar en Liga Pablo Antuña

Todo niño gijonés, apasionado del fútbol y del Sporting, sueña con vivir un día una experiencia única: jugar en el primer equipo del Sporting. Para los más pequeños de ahora su ejemplo son Borja López, Pablo Pérez, Gragera, Gaspar Campos, Guille Rosas, Pablo García y Pelayo Suárez. Hasta siete jugadores nacidos en la ciudad han tenido ya esta temporada minutos con el primer equipo rojiblanco, con el papel destacado de la quinta del cole, a la que todos alaban. La cifra más alta desde hace veinte años, aunque igualada con la temporada 2005-2006. “Los partidos se ven de otra manera, apetecen mucho más cuando ves mucha gente Gijón que se les dan oportunidades y les puede salir bien”, explica Juanjo González, que fue portero rojiblanco hace dos décadas. Es de los primeros en llegar al encuentro organizado por LA NUEVA ESPAÑA en un espacio muy significativo de la ciudad. Junto al Elogio del Horizonte –en su treinta aniversario– se reúnen dieciséis jugadores del último medio siglo, nacidos en Gijón, y que llegaron a debutar en Liga con la primera plantilla. “Es lo mejor que te puede pasar, ser de Gijón, jugar en el Sporting y El Molinón. Es una sensación única. Es el sueño de todo niño, como cumplir una meta en la vida”, confiesa Chus Bravo, que llegó a ser capitán del equipo hace tres lustros.

Hace aire y algo de frío, pero aparece el sol. Hay reencuentros de antiguos compañeros que hacía mucho tiempo que no se veían. Algunos como Juanjo y Marcelino Elena se quedan charlando largo y tendido tras el encuentro. A la cita, junto a estos dos exfutbolistas, y al ya citado Chus Bravo, acuden también Isma Piñera, Manolo Sánchez Murias, García Cuervo, Eloy Olaya, Pedro Santa Cecilia, Iván Iglesias, Noel Alonso, Iván Míner, Salva Capín, Arturo Martínez Noval, Sergio Lara, Joaquín Villa y Rubén Acebal. “El Sporting siempre debe tender hacia esto, no siempre se puede tener tanta gente de Gijón como ahora, va por hornadas, pero es algo muy satisfactorio”, explica Arturo, hasta la temporada pasada coach del Sporting. “Estuve mucho tiempo con ellos y me alegro por eso mucho más”, subraya el que fue lateral hace tres décadas, y que llegó incluso a Europa con los rojiblancos. “Tienen gen competitivo y hambre para triunfar”, cuenta Eloy Olaya, delantero en los ochenta y noventa.

En la segunda fila, por la izquierda, Iván Iglesias, Marcelino Elena, Iván Míner, Chus Bravo, Arturo, García Cuervo, Joaquín Villa, Juanjo, Lara, Isma y Manolo; y delante, de izquierda a derecha, Eloy Olaya, Acebal, Salva Capín, Pedro y Noel Alonso posan, con las camisetas que vistieron en su etapa en activo, junto al “Elogio del Horizonte”. | Juan Plaza

El buen inicio del Sporting se contagia en el ambiente. Casi 24 horas después de ganar al Castellón, el proyecto actual ilusiona. “Se está haciendo ahora con esta dirección deportiva lo que muchos esperábamos, que haya siete jugadores de Gijón y no siete extranjeros en el once como sucedió hace dos años. La pregunta ahora es cuánto va a durar esto”, explica Marcelino Elena. “No se debería solo recurrir a la gente de Gijón cuando vienen mal dadas”, relata Sergio Lara, lateral con una etapa corta en el primer equipo, en una época difícil, en torno al descenso a Segunda en 1998. “Me tocó entrar en un momento difícil, pero cualquier niño que pega patadas a un balón en la ciudad tiene esa ilusión de debutar, y lo conseguí, aunque fuesen pocos partidos, y eso es algo inolvidable y muy bonito”, añade.

En la conversación fluye otro debate. ¿Ser gijonés ayuda o perjudica? Eloy Olaya lo tiene claro. “En mi época ayudaba, porque había muchos asturianos”, cuenta. “Tienes a la familia, amigos y gente conocida muy cerca, y eso te da un nivel de exigencia y nerviosismo mayor”, comenta el atacante Joaquín Villa, de finales de los ochenta, y que acude a la cita junto al Elogio del Horizonte en bicicleta. “Al de casa siempre se le exigió mucho más que al de fuera”, resume Arturo. “El tópico de que sientes más la camiseta es verdad. Si estás en el equipo de tu ciudad tienes ese enganche y ese plus”, cuenta Iván Iglesias, centrocampista en los noventa, contento también por ver otro Sporting con acento gijonés: “Siempre demandé ese arraigo y vínculo”. Y zanja el debate Chus Bravo: “Es un cuento chino, te exigen al de Gijón lo mismo que a todos”.

El Sporting vivió su época con más jugadores autóctonos en la década de los noventa. “Para mi fue un sueño cumplido. Empecé a ir al Molinón con cinco años y muchas veces me quedaba mirando para el campo pensando: lo que daría yo por jugar ahí algún día”, rememora Salva Capín. “Fue un orgullo seguir los pasos de mi padre, que en paz descanse, que también llegó a jugar con el primer equipo del Sporting. Siempre nos apoyó y nos orientó de la mejor manera”, explica Iván Míner, que también jugó junto a su hermano David. “Es lo mejor que le puede pasar a un futbolista”, relata Rubén Acebal, que añora aquella sensación de pasear por su barrio, y poder lucir con orgullo esa sensación de ser jugador del Sporting, aunque en su caso, “me tocó jugar en una época de desilusión”

Entre los jugadores de la actual plantilla destaca la quinta del cole, que intengran dos laterales, Guille Rosas y Pablo García. Noel Alonso fue uno de los últimos laterales gijoneses en dar el salto. “Fue el mejor regalo que me brindó el fútbol”, reconoce. “Pablo está en un nivel muy bueno, le deseo lo mejor, como a todos los de ahora”, cuenta. Y Pedro Santa Cecilia, del penúltimo ascenso, lanza un deseo: “Cuantos más de la ciudad y de la casa mejor. Ojalá logren subir, confío en ellos”.

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