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Manu, el primer fichaje de Emilio de Dios

“El fútbol me quemó, ahora solo miro las clasificaciones”, afirma el exguardameta del Sporting

Manu Fernández, en el hórreo de su casa de Arroes, en el concejo de  Villaviciosa.

Manu Fernández, en el hórreo de su casa de Arroes, en el concejo de Villaviciosa. Ángel González

Miembro de la prometedora generación que hizo al Sporting levantar la Copa de Campeones –máximo título juvenil de España– en la temporada 2003-04, para meses después ganar la Eurocopa con España sub-19, Manu Fernández Muñiz (Gijón, 9-5-1986) vive ahora desconectado del balón. “El fútbol me quemó tanto que ahora sólo miro las clasificaciones”, afirma, desde su finca en Arroes, el que fuera el primer fichaje de Emilio de Dios diez años antes de convertirse en director deportivo rojiblanco.

“Empecé a jugar en el colegio, en Pumarín Alto. Un día el entrenador faltó y vino un amigo suyo. Era Emilio de Dios. Él estaba entrenando en La Braña y me propuso irme con él para allí. Al poco fichó como técnico del Sporting y a la temporada siguiente me llevó a Mareo”, explica Manu sobre aquella primera toma de contacto con la persona que alumbró su camino en el fútbol. El gijonés se acostumbró a recoger trofeos desde bien temprano. “En benjamines fuimos campeones de Asturias con el Sporting y después de España con la selección asturiana”, recuerda. “La ilusión era máxima con el fútbol”, apunta.

Manu recuerda con exactitud cada etapa en la cantera, recita nombre tras nombre de entrenadores y compañeros, hace una parada en “el torneo alevín de Brunete, una pasada para cualquier crío. Perdimos en semifinales ante el Oviedo justo después de haberles ganado el campeonato de Asturias”. No oculta su orgullo por aquellos trofeos en juveniles, con “Pedro Santa Cecilia y los gemelos en División de Honor” y con “Sergio Ramos, Silva, Soldado, De la Red y Albiol” en la selección. En la memoria, otro partido internacional “ya con la sub-20 ante la Argentina de Messi”. Fue después cuando Ciriaco le dio otra noticia que marcó su trayectoria.

“Empecé a entrenarme con el primer equipo, pero como tercer portero. Viajamos a Málaga, en época de autocar de noche y manta porque la economía del club no era buena. Roberto tuvo un problema gástrico y pensé que jugaría Alejandro. En la charla en el hotel, Ciriaco me dijo que iba a salir yo”, detalla el gijonés. Fue el primero de los dos partidos que llegó a disputar en el primer equipo.

“A la temporada siguiente el Dépor me hizo una oferta y el Sporting la rechazó. Era el primer año de Preciado y acabé medio apartado. No querían que jugara en el filial y tampoco entraba en convocatoria con el primer equipo. Acabé el año sin pena ni gloria y me fui al Dépor”, explica. Vivió dos etapas en La Coruña, la última de ellas en Primera, y pasó por Recreativo, Alcorcón “donde más disfruté del fútbol con aquella promoción de ascenso junto a Bordalás”, Alavés y Marbella, donde una grave lesión de rodilla le obligó a colgar las botas hace tres años. Hubo por el medio una aventura en el fútbol de Irán que “prefiero no recordar”.

Aparcó el fútbol y estudió un módulo de automatización y robótica para alejarse de un mundo que ve “como un puro negocio. El fútbol es una historia muy bonita cuando eres pequeño, pero cuando llegas a profesional ves cosas que no entiendes”. En todo caso, se muestra como un seguidor más de este Sporting de la quinta del colegio La Asunción, con siete gijoneses en el primer equipo. “Tienen ahora una oportunidad de cine. Fabulosa. Hay que añadir que pueden jugar sin presión en la grada, porque El Molinón es un campo de Primera, pero también pesa. La ausencia de público puede verse también como un plus para que progresen con tranquilidad. Ojalá este año se vuelva a la máxima categoría, la afición lo merece”, concluye Manu.

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