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El Bisturí

El colista pesca en el momento más delicado del Sporting

Los rojiblancos se meten en un bache por su falta de acierto de cara a gol y la fatiga acumulada

Pelayo Suárez golpea el balón, ayer, en plena tormenta. | Marcos León

Pelayo Suárez golpea el balón, ayer, en plena tormenta. | Marcos León

Ante el peor visitante de la categoría, que solo llevaba un punto lejos del Carlos Belmonte, el Sporting se encontró uno de sus partidos pesados y extraños en los que se suele fiar a la inercia. El partido tuvo color rojiblanco de inicio a fin, de dominio pero sin

Manu lleva la batuta, pero alejado del área como en su regreso al Sporting

En su regreso al Sporting hace algo más de un año, con José Alberto en el banquillo, ya se generó el primer debate sobre si Manu García debía actuar más atrasado o de enganche. Ofreció entonces su mejor rendimiento más cerca del área, y fue cuando surgió otra posibilidad: jugar con dos puntas. Y ahí Manu García cayó a la banda. Ayer Gallego abrió esa primera cuestión, al apostar por dos arietes, y retrasar al pivote a Manu junto a Gragera. Ahí, más atrás, Manu tiene mayor participación. Es cierto que le falta esa mayor mordiente de ese último pase, pero no por ello deja de sacarse asistencias mágicas, como una a Djuka en la primera mitad, que después Gaspar no fue de atinar en el remate final. Manu, con más presencia, llevó la batuta. Pero como al equipo, ante un rival débil, le faltó esa agilidad y frescura, en una día de perros, para ser más incisivo y determinante.

Gallego, con cuatro cambios, iguala su mayor revolución

La anterior ocasión en la que David Gallego hizo tantos cambios como ayer ante el Albacete fue cuando el Málaga visitó Gijón. Ese día también hubo cuatro modificaciones en el once. Después de tres partidos sin casi variaciones, el técnico se vio obligado esta vez a refrescar al equipo ante la carga de partidos. Pelayo Suárez, improvisado lateral, dio descanso a Guille Rosas. Saúl García volvió al lateral zurdo por Pablo García. Gaspar Campos entró por Javi Fuego, pasando Manu García al centro del campo. Y Álvaro Vázquez sustituyó a Pedro Díaz para acompañar en punta a Djuka.

Pelayo Suárez, improvisado lateral con llegada y sin miedo por su carril

En verano partía como cuarto central de la plantilla. Y con el dorsal de ficha del filial, cuando tenía por contrato la posibilidad de quedarse vinculado al primer equipo. Salvo una esporádica participación con el Sporting B, Pelayo Suárez, hijo de Juanma –delantero rojiblanco de los ochenta– ha quedado para Gallego como el principal complemento para la defensa. Primero, para relevar a Babin cuando se lesionó ante la baja de Marc Valiente. Ayer, para dar refresco a Guille Rosas –ante la ausencia de Bogdan–, como improvisado lateral derecho. Tuvo alguna imprecisión en la primera mitad, pero hizo un partido aseado. E incluso en la segunda mitad vio que había opción de llegar hasta el fondo por su carril derecho y se atrevió. Sin miedo, Pelayo Suárez le puso una asistencia a Djuka, que el serbio remató de cabeza rozando el poste.

El Molinón resiste como fortín frente al gran diluvio

Se acercaba la hora del partido y empezó a jarrear. De golpe y porrazo apareció el invierno en Gijón. Diluvió toda la primera mitad, con Gallego secándose como podía con una toalla. El aire, con el viento del oeste, conocido como el “gallegu”, caló bien dentro del estadio. Aguantó como pudo la que antaño se conocía como la alfombra de El Molinón, que sucumbió a la fuerte tromba, y dejó charcos que no se recuerdan desde hace casi tres décadas, con aquella mítica goleada a Osasuna por 7-1 con cuatro tantos y tres asistencias de Escaich. El Sporting mantiene su fortaleza como local. Resiste El Molinón como el único fortín invicto de Segunda. Falta la afición, el mayor tesoro que crea un ambiente único, pero en su honor este año el equipo ha mantenido ese espíritu como si estuvieran.

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