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De Roces para el mundo: los 52 partidos con el Sporting que fueron suficientes para Cote

"Era zurdo cerrado y mi abuelo Pepe me obligaba a pegarle con la derecha", dice el lateral gijonés del Eibar

Cote, con el Sporting

Cote, con el Sporting

Dos décadas después de la irrupción de Juanele, el sportinguismo descubrió otra joya pulida en el barrio de Roces. No era tan espectacular como el “Pichón”, pero el paso por el primer equipo de José Ángel Valdés Díaz (5-9-89) también fue vertiginoso.

Fueron apenas tres temporadas (52 partidos), pero suficiente para aliviar los apuros económicos del Sporting con un traspaso a la Roma de Luis Enrique por 4,5 millones de euros.

Desde entonces ha pasado por el lateral izquierdo de la Real Sociedad, Oporto y Villarreal, hasta encontrar su sitio y asentarse en el Eibar. Ahora se recupera de una grave lesión, pendiente de la permanencia del Eibar y esperanzado con la marcha del Sporting.

El padre de José Ángel, “un trabajador del fútbol”, había jugado de portero en el Pinzales, pero las primeras enseñanzas a Cote, como le conocen desde pequeño, llegaron de su abuelo Pepe: “Yo era zurdo cerrado y me obligaba a pegarle con la derecha. Y cuando había partido en El Molinón, si daba cien toques sin que cayera el balón al suelo me compraba una bolsa de pipas y una coca-cola”. No tiene muchos recuerdos de aquellas primeras veces en el campo, “solo me suena ver un Sporting-Valencia cuando todavía había vallas”.

Tras sus inicios en el equipo del colegio Alfonso Camín, Cote pasó por el Roces y La Braña, hasta que con 8 años se le abrieron las puertas de Mareo. “Al principio no pensaba mucho en jugar en el primer equipo, hasta que llegué al filial”, confiesa.

Una vez en el B todo fue muy rápido: “En pretemporada jugamos un partido contra el primer equipo y debí de gustarle a Preciado porque me mandó a ir a entrenarme con ellos”.

Mediada la temporada, un 8 de enero de 2009, llegó el gran momento del debut. “En el Camp Nou y contra el Barça de Guardiola, que no te dejaba tocar el balón ni con la mano”, bromea Cote.

“Perdimos, pero fue un momento feliz debutar con el equipo de mi ciudad y en un campo impresionante”, recalca. Y, además, con una persona muy especial para él, su abuelo, en el inmenso graderío: “Lo pusieron arriba del todo, pero disfrutó igual por ver a su nieto en Primera con la camiseta del Sporting”.

José Ángel agradecerá eternamente el detalle del entonces presidente del Sporting, Manuel Vega-Arango, que invitó al desplazamiento a una persona muy conocida y querida en Mareo.

“Mi abuelo me llevó a entrenar desde los 8 años”, explica José Ángel, consciente de que le debe mucho: “Me siguió siempre, hasta que llegué al primer equipo, pero nunca dijo una palabra a los entrenadores, a diferencia de muchos padres”. Así que en aquella noche en Barcelona, Cote estuvo más emocionado que tenso durante la media hora que le dio Preciado: “Me pongo más nervioso ahora que cuando tenía 18 años, quizá porque no era consciente de lo que suponía aquello”.

José Ángel, con una camiseta del Sporting en su casa de Zarautz. | LNE

Tampoco le molestó volver al filial, lo que supuso pasar en una semana de Barcelona a Guijuelo, a la postre su último partido en Segunda B: “No me dolió jugar con el B porque lo del primer equipo lo tomaba como un premio”.

Preciado le recompensó con su primera titularidad, en El Madrigal, y con el debut en el estadio de sus sueños, el 1 de marzo de 2009, frente al Mallorca.

Partidos inolvidables, aunque los dos acabaron con derrota. Fue a la cuarta, en El Sadar, cuando cantó victoria (1-2) y una semana después contribuía con su primer gol a la primera alegría en casa, frente al Deportivo (3-2).

El Sporting, que le había amarrado con un contrato profesional tras el debut en el Camp Nou, no tardó en ponerlo en el mercado.

Su buen rendimiento en la temporada 2010-11 y los apuros económicos del club, junto con la llegada de Luis Enrique al banquillo de la Roma, le obligaron a tomar una decisión que le costó: “Fue difícil porque no me quería ir. Nunca había salido de Roces, me costaba incluso andar por Gijón. Soy muy casero y de estar con los míos, muy de barrio. Pero me llamó Luis Enrique y me convenció”

La experiencia romana duró poco: “La temporada empezó bien, pero después bajamos el nivel, perdimos partidos, Luis Enrique se marchó y los que fuimos por él nos quedamos un poco solos”. Llegaron cesiones, con más o menos éxito, hasta que aterrizó en Eibar: “Aquí estoy bien. Me dieron confianza, que es lo más importante para un futbolista”.

Se la dio José Luis Mendilibar, famoso entre otras cosas por sus rifirrafes con José Ángel durante los partidos: “Riñe a todos por igual, pero como a mí las broncas me pillan cerca del banquillo... Si nos lleváramos mal, no me pondría”.

Su contrato acaba en 2022 y le gustaría seguir: “Aquí hay un ambiente parecido a Gijón, tanto en el club como por la gente en el vestuario. Es un grupo muy majo. También me gusta el paisaje y el clima”.

El Sporting siempre está ahí, al fondo, pero cree que todavía no es el momento: “Con 31 años y esta lesión, no creo que quieran que vuelva. Solo espero que todo salga bien y pueda jugar como antes”.

Mientras, se ilusiona con el equipo de David Gallego: “Tiene canteranos buenos y hay que darles oportunidades. Tenemos que defender lo nuestro, como hace la Real Sociedad. Los equipos de cantera tendrían que fijarse en este modelo”.

Cote ve a este Sporting como “un equipo difícil de ganar, que compite con los que acaban de descender. No lo vi inferior contra el Mallorca, el Espanyol ni el Almería. Lo importante es estar ahí hasta el final. Si se meten en el play-off, todo puede pasar. No me atrevo a lanzar las campanas al vuelo, pero puede ser el año del ascenso”.

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