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La crónica del Sporting: Un punto entre bostezos

Los rojiblancos no logran ganar al Cartagena en un encuentro con pocas ocasiones en el que acabó con diez por la expulsión de Aitor García

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Sporting - Cartagena, en imágenes ÁNGEL GONZÁLEZ

Sporting 0 - 0 Cartagena

Sporting y Cartagena firmaron ayer encuentro de esos que son una invitación para cambiar de canal. O, más acorde con el horario, para dormir la siesta. Asturianos y murcianos pusieron voluntad, pero no acierto. Los porteros se fueron a casa sin duchar, con la indumentaria impoluta. Y el marcador, claro, no se movió. Quizá fuera por la hora, pero el partido fue soporífero, malo, insulso. Si hubiera que asemejarlo a un plato de comida, sería una crema sosa, sin sabor. De esas que se ofrecen en los menús de los aviones o los hospitales.

Y aún estuvo a punto de indigestársele a los locales si el balón de David Simón, en la ocasión más clara del encuentro con un lanzamiento lejano, no hubiera encontrado el palo derecho de la portería de Diego Mariño. El Sporting solo intentó ponerle un poco de picante al final de la primera parte, pero no logró mejorar la receta.

De hecho, el momento más emocionante del encuentro se dio cuando el viento hizo volar una de las lonas publicitarias situadas junto a la portería local, que acabó colándose en el terreno de juego, a punto de atacar a algún jugador. La expulsión de Aitor García a falta de diez minutos solo hizo que el Sporting valorara aún más el punto conseguido, lo mejor del partido.

El Cartagena llegó a estrellar un balón en la madera

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Contó Gallego de inicio con hasta cuatro de los jugadores recuperados tras haber pasado el coronavirus: Mariño, Gragera, Pedro y Manu García, escorado a la banda izquierda. En un partido en el que apenas pasó nada, fue el talentoso centrocampista ovetense el que más lo intentó. En la primera parte, de hecho, propició cuatro amarillas. Casos distintos fueron los de Gragera y Pedro, que acusaron la inactividad y las secuelas de la enfermedad. Se les vio fallones, faltos de ritmo y desacompasados.

Esa falta de conexión entre los pilares rojiblancos benefició sobremanera al Cartagena, que supo hacer su partido: dejar que los minutos corrieran sin que pasara nada, apoyados en continuas faltas e interrupciones de juego, para intentar aprovechar las pocas ocasiones que podían crear.

En la segunda parte, animados por el arreón del final de la primera, en la que Bogdan y Cumic a punto estuvieron de sorprender a Chichizola con sendos disparos que se marcharon fuera, el Sporting intentó irse un poco más arriba y crear más peligro. Pero consiguió lo contrario: se desabrochó atrás, y Carrasquilla supo aprovecharlo, atacando esos espacios.

Tardó en reaccionar Gallego, que quitó a Pedro para dar entrada a Aitor y recolocar a Manu García en la media punta. Fue el andaluz el que protagonizó el único disparo entre los tres palos del Sporting, manso a las manos de Chichizola tras un buen pase atrás de Saúl. Otro centro del cántabro, con presencia en ataque durante todo el partido, encontró a Manu García en el centro del área, pero su remate, de primeras, se fue alto. Fueron los únicos acercamientos rojiblancos en la segunda parte.

El Cartagena creció con el paso de los minutos, sabiendo masticar el encuentro, pero sin terminar de tragar. Las ocasiones, inanes, se sucedían. Hasta que Aitor García fue expulsado por roja directa. El atacante rojiblanco lanzó un balón a la grada, enfadado, y profirió en alto alguna palabrota que el linier asumió como si fuera dirigida a él. López Toca no dudó y expulsó al andaluz, que no se terminaba de creer la situación. “¿Te insulté a ti?”, parecía que le decía, contrariado, al trencilla. Con uno menos y Djurdjevic muy cansado de batallar en solitario, el Sporting terminó de diluirse en ataque, aunque supo aguantar en la parcela defensiva.

Una fórmula que le permitió sumar un punto en un partido que, por momentos, parecía que podía perder. No lo hizo, sigue invicto en El Molinón y no se baja de los puestos de play-off, aumentando incluso su ventaja con varios de sus perseguidores, que sí cayeron. Es la única lectura positiva que se puede hacer de un partido que fue, al menos en la parcela ofensiva, de los peores del Sporting en lo que va de curso, sin mordiente ni picante. Una insulsa comida que no pide una sobremesa.

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