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El Sporting que dejó Quini vuelve a mirar hacia arriba

El Brujo falleció con el equipo de Baraja bordeando los puestos de play-off y ahora el de Gallego ilusiona al sportinguismo

Quini, en el centro, junto a Redondo, Baraja, Joaquín, Jiménez y Claudio, el 21 de febrero de 2018. | Marcos León

Quini, en el centro, junto a Redondo, Baraja, Joaquín, Jiménez y Claudio, el 21 de febrero de 2018. | Marcos León

El 27 de febrero de 2018, cuando se paró el corazón de Quini, el Sporting peleaba por meterse en puestos de play-off de ascenso a Primera División, categoría que había perdido nueve meses antes. Desde su cargo de director de relaciones institucionales, El Brujo intentaba inculcar la ambición que siempre presidió su carrera deportiva. El equipo rojiblanco, ya sin su amigo Paco Herrera en el banquillo, sustituido por Rubén Baraja, acabaría jugando la promoción, pero cayó a las primeras de cambio con el Valladolid. Tres años después, tras dos grandes decepciones, la ilusión vuelve a instalarse en el sportinguismo.

“Ojalá el Sporting le pueda dedicar a mi padre algo grande a final de temporada”. Es el deseo que Óscar Castro, hijo de Quini, trasladó a LA NUEVA ESPAÑA a dos días del tercer aniversario del fallecimiento de El Brujo. Quini asistió a su último partido en El Molinón el viernes 23 de marzo, cuando el Sporting se impuso a Osasuna por 2-0 y se situó en el séptimo puesto de la clasificación con 43 puntos, uno menos que el Numancia, que cerraba los puestos de play-off.

Lo deportivo pasó a un segundo plano durante la semana siguiente, marcada por la conmoción por la noticia del fallecimiento de Quini. El funeral, celebrado en El Molinón, fue la medida de la dimensión de El Brujo, con miles de personas en las gradas pese a las inclemencias meteorológicas y la asistencia de numerosas personalidades que rindieron homenaje a uno de los mitos del fútbol español. También, hasta final de temporada, cada partido del Sporting llevaba una dedicatoria para El Brujo, como el gol logrado por Rubén García en la Ciudad Deportiva del Sevilla el 4 de marzo, que dio la victoria al equipo de Baraja frente al filial sevillista (0-1).

Cada victoria rojiblanca fue para el cielo desde aquel momento. Con Baraja en el banquillo, el Sporting estaba en plena escalada en la tabla, lo que le llevó a pensar en el ascenso directo, pero finalmente –en un bajón que anunciaba lo que ocurriría en el play-off– acabaría en el cuarto puesto. Pese a que le daba ventaja de campo frente al Valladolid, el 3-1 de la ida dejaba al equipo rojiblanco casi sin opciones, lo que se confirmó en la vuelta de El Molinón con otra derrota por 1-2.

La temporada acabó mal en lo deportivo y las dos siguientes fueron aún peores, con una política de fichajes errática y el equipo siempre lejos de las aspiraciones lógicas del club. Pero la figura de Quini seguía siendo venerada en todos los campos que visitaba el Sporting y, por supuesto, El Molinón se convirtió en caja de resonancia del recuerdo de la leyenda. Espontáneamente, la afición empezó a corear el “Ahora, Quini, ahora” en el minuto 9 de cada partido. Y el Ayuntamiento de Gijón, con el acuerdo de los grupos políticos, decidió añadir al nombre de siempre del estadio el apellido “Enrique Castro, Quini”.

Ahora, desde hace casi un año, el cántico retumba por megafonía en las gradas vacías, pero el sportinguismo vuelve a soñar. David Gallego ha logrado formar un equipo sólido, coronado por un goleador en racha como Djuka, que lleva 26 jornadas entre los seis primeros. El domingo pasará una prueba de fuego ante el gran favorito de la categoría, el Espanyol. Pero antes, mañana sábado, coincidiendo con el tercer aniversario de la muerte de Quini, el club prepara diferentes iniciativas que, debido a la pandemia, desarrollará a través de sus redes sociales.

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