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El análisis arbitral del encuentro: Las dos caras de la polémica

Para pitar penalti, la mano ha de “hacerse grande”, ocupando un espacio antinatural, dicen los árbitros

Javi Fuego protesta a Milla Alvendiz una falta sobre Melendo, con David López detrás.

Javi Fuego protesta a Milla Alvendiz una falta sobre Melendo, con David López detrás. Ángel González

El Sporting se pudo llevar ayer el triunfo en El Molinón frente al segundo clasificado, el Espanyol, si el VAR no hubiera anulado un gol de los rojiblancos, en la última jugada de la primera parte, por una mano de Gaspar antes de lograr el tanto. Milla Alvéndiz no lo entendió así en primera instancia, pero tras el aviso de Varón Aceitón en la sala de videoarbitraje, el colegiado acudió a la pantalla para ver repetida la jugada, tras lo que anuló el 2-1 rojiblanco, dejando el marcador en tablas, que fue como finalmente acabó el encuentro.

Una decisión a todas luces acertada según expertos del estamento arbitral. Así lo asegura el exárbitro asturiano César Muñiz Fernández, que explica que el reglamento deja claro que “si el balón pega en la mano del atacante y este se beneficia de esa situación para controlar el balón o armar el disparo, la jugada ha de quedar invalidada, anulando todo lo que ocurra después”. En este caso, por tanto, parece claro que el tanto conseguido por Gaspar no debió subir al marcador y que los árbitros acertaron en su decisión de anularlo, toda vez que el atacante rojiblanco se benefició manifiestamente de ese impacto de la pelota en su brazo, que le permitió amansar el balón y dejarlo franco para el disparo.

Más dudas pueden surgir en lo relativo a las posibles manos cometidas por un defensa, como el balón que impactó en el brazo izquierdo de Dimata en el área del Espanyol, tras un disparo de Gragera, pasado el primer cuarto de hora del encuentro. En las manos de los defensores en área propia “no se sanciona la intención, porque el árbitro no puede entrar en el subconsciente del jugador para saber qué quiere hacer, sino hechos reales”, sintetiza Muñiz Fernández. Así, solo se han de sancionar aquellas manos en las que la extremidad del jugador “se hace grande”, en palabras del excolegiado. Esto es, “que ocupe más espacio del natural”. Por tanto, para que se puedan sancionar ese tipo de acciones el brazo ha de estar, por ejemplo, “estirado, levantado o alejado del cuerpo”. Del mismo modo, no será una acción punible cuando el brazo “esté muerto, con la mano hacia abajo o pegado al cuerpo, en una posición natural”, como es el caso de la acción de Dimata, que tenía la extremidad pegada al tronco.

Precisamente, el delantero perico protagonizó otra de las acciones polémicas del encuentro, en la jugada del gol visitante, en la que podría incurrir en una posición de fuera de juego posicional, que fue revisada sin fruto por el VAR. Muñiz Fernández explica así este tipo de acciones: “Se sancionarán siempre que el jugador impida al portero seguir la trayectoria del lanzamiento, desde que el tiro sale de la pierna”. Para que se entienda que efectivamente se tapa la visión del cancerbero, el atacante ha de estar “cerca, a unos tres o cuatro metros, generalmente dentro del área pequeña” y siempre en la trayectoria del lanzamiento o cerca de ella. “Es como si pusiéramos una cámara detrás del portero y comprobáramos que podía ver bien, sin tener la visión mermada”, incide. En el caso de la jugada de ayer, se estimó que Dimata estaba echado hacia un lado, no en la misma trayectoria del esférico, por lo que no se sancionó la acción.

La última jugada polémica, un posible penalti de Gaspar a Óscar Gil que el árbitro no señaló, entra de lleno en otra de las grandes dudas del común de los aficionados: ¿cuándo acude el VAR a corregir una decisión del árbitro? Muñiz Fernández deja claro primero que en la sala de videoarbitraje se analizan todas las jugadas del encuentro para luego indicar al colegiado si ha cometido “un error manifiesto” o si se ha equivocado en una jugada “objetiva”, como si una falta es dentro o fuera del área o si la tarjeta roja enseñada es a un jugador o a otro. “Tienen que ser fallos graves y que no tengan que ver con las decisiones del árbitro en base a su criterio”, explica Muñiz Fernández. Es decir: pueden avisar al árbitro de que existe un contacto que no ha visto, pero no determinar la intensidad del mismo y si es suficiente o no para pitar penalti, una decisión que depende del colegiado principal.

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