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La particular anécdota del delantero argentino en Mareo: Calandria, goles y asado llegados de Leganés

“La parrilla de mi padre volvió loco al vestuario”, recuerda el exrojiblanco y expepinero, director deportivo del O’Higgins chileno

Arriba, Calandria, en su retirada como jugador de O’Higgins. Sobre estas líneas, el argentino, durante su etapa en el Sporting. | P. C. / LNE

Arriba, Calandria, en su retirada como jugador de O’Higgins. Sobre estas líneas, el argentino, durante su etapa en el Sporting. | P. C. / LNE

“Vivir el fútbol desde fuera es más complicado. Como futbolista sientes que depende de ti mismo, pero cuando te encargas de la gestión solo intentas ayudar a conseguirlo”. Pablo Calandria (Buenos Aires, Argentina, 15-3-1982) cambió el césped por los despachos hace dos años y medio. Colgó las botas en el O’Higgins chileno, tras marcar una época al levantar el primer título de Liga del club. Erigido como el cuarto máximo goleador en la historia del conjunto sudamericano, al día siguiente asumió la dirección deportiva. “Aquí se me dio todo, aquí encontré mi lugar”, afirma el exjugador del Sporting tras atender la llamada de LA NUEVA ESPAÑA desde la ciudad de Rancagua. Esta tarde, los rojiblancos se miden al equipo desde el que llegó a Gijón, el Leganés.

Calandria, goles y asado llegados de Leganés

“Me marcó mucho el Sporting. Creo que allí pasé mis mejores años en Europa”, asegura Calandria, que tiene bien presentes las dos campañas en las que vistió de rojiblanco. “A mi llegada me encontré con un gran entrenador como Marcelino García Toral. Lo ha demostrado el tiempo y cómo le ha ido. En ese momento ya se le veía. Me enseñó mucho y me dejó una huella importante de cómo entrenarme y cómo jugar. Era diferente al resto”, destaca el argentino. “En mi segunda etapa, con Ciriaco, también él contribuyó a generar y crear un grupo muy positivo, muy humano, muy unido. El equipo estuvo bien, competía siempre”, recuerda. No hubo ascenso, pero sí “un gran vestuario”.

“La mano de mi padre con la parrilla volvió loco al vestuario”, comenta el exrojiblanco sobre el asado con el que sorprendió Héctor Calandria en Mareo durante el segundo año de su hijo en Gijón. “El asado argentino no tiene nada que ver con lo de allá. El corte es diferente, requiere más cocción, ¡ya sabe! La mayoría no lo había probado y gustó, gustó”, apunta. De aquel año, plagado de anécdotas “por los regalos que nos hacíamos los días de cena jugando al amigo invisible”, continúa en el Sporting un buen amigo de Calandria: Javi Fuego. “Hablé con él hace poco. Está contento por volver a disfrutar allá. Charlamos de lo diferente que se ve el fútbol con el paso de los años. Entonces éramos los dos muy chicos. Ahora, con el tiempo, en mi caso le doy mucho más valor a todo aquello que viví en Gijón. Me sentí importante y creo que conecté también con la gente. Ahora sigo la trayectoria del equipo. Les deseo suerte. Mañana (por hoy) se va a ver un partido lindo”, dice del duelo ante el Leganés.

“¿Con cuál voy? Lo veo como espectador”, comenta el argentino sin querer mojarse de inicio. “El Leganés viene de estar en la máxima categoría, de una situación diferente a la que viví cuando estuve allí. Deben estar con ganas de subir, pero el sitio en Primera es del Sporting. Aunque sea solamente por historia se merece conseguirlo”, continúa. “La afición del Sporting es además muy grata. Te alienta y acompaña siempre. Es patrimonio del fútbol”, subraya.

Pablo Calandria, formado en el Huracán argentino, aterrizó en Europa como jugador del Olimpic de Marsella en 1999. Cedido al Lens, tuvo en Málaga su primer destino en España. El Sporting apareció en su vida en 2004, tras dos temporadas en Segunda en las filas del Leganés. Hércules y Albacete completaron su currículum antes de volver a su Argentina natal, como futbolista del Gimnasia y Esgrima de Jujuy. Tras un paso por el Atlético Tucumán, vivió sus últimos años de carrera en diferentes equipos de Chile: Santiago Morning, Universidad Católica y Santiago Wanderers hasta que Eduardo Berizzo, excompañoro suyo en Marsella, se hizo entrenador y se lo llevó a O’Higgins. En Rancagua se quedó Calandria y formó familia. Es padre de dos hijos. “Les enseño la camiseta del Sporting, pero sólo vivieron mi carrera en Chile. Salieron muy de O’Higgins”, concluye Calandria, el goleador que vino de Leganés.

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