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El análisis de los aficionados que vivieron el encuentro en El Molinón: Agridulce vuelta a casa

“No dejamos de animar a pesar del resultado”, aseguran los sportinguistas que vivieron el partido en el estadio tras más de un año sin pisar el campo

Desde la izquierda, Marta Mon con su padre Ángel. | LNE

Desde la izquierda, Marta Mon con su padre Ángel. | LNE

“Emoción”. Ese es el sentimiento que recorrió el domingo a los 4.500 sportinguistas que pudieron volver a sentarse en El Molinón 448 días después, más de un año y dos meses después de la última vez. Un carrusel de emociones que pasaron desde el “nerviosismo” de las horas previas, haciendo hipótesis sobre los posibles resultados que podrían favorecer al Sporting, a la “desilusión” tras el pitido final que dejaba a los rojiblancos apeados de la lucha por el ascenso. Por el medio, la “esperanza” con el pitido inicial y la “alegría” y la celebración con el gol del Lugo que allanaba el terreno a los gijoneses. Y, por encima de todo, el “orgullo” por la temporada realizada por el club sportinguista. Así lo explican a LA NUEVA ESPAÑA cinco de los casi cinco millares que estuvieron el pasado domingo en el último encuentro del curso para los rojiblancos, que no lograron vencer al Almería para meterse en el play-off.

La montaña rusa de Tony. Como una “montaña rusa” vivió el definitivo encuentro profesor gijonés Tony García. “Al principio fue todo muy emocionante por poder volver a sentir esas sensaciones que hacía más de un año que ya no vivíamos”, relata el docente, profesor de Educación Física en el colegio Santa Olaya de Gijón. Ese carrusel le llevó también por la algarabía con el gol lucense, que complicaba el camino al Rayo, poniéndoselo más factible al Sporting, y la “decepción” y el “chasco” al finalizar el encuentro. Eso sí, tras el pitido final, “no marchamos nadie, todos teníamos claro que había que aplaudir a este equipo por el temporadón que hizo”. Un curso que “todos habríamos firmado en agosto”. Fuera del campo, García se despidió de su grupo de amigos con el que siempre coincide en el estadio “hasta septiembre”, con la ilusión de volver.

Tony García, con la bufanda al cuello. | LNE

La petición de Carlos. Con “muchas ganas y entusiasmo” vivió Carlos Moro su vuelta a El Molinón. “Todos teníamos ilusión y creíamos en el milagro”, explica, “pero el equipo ya no podía más física y mentalmente, sobraron tres o cuatro jornadas”. No obstante, valora que “todos lo dieron todo”, empezando por Mariño, que el domingo falló, especialmente en el primer gol. “Es el mejor jugador con diferencia”, alaba. Por todo ello, pide de cara al año próximo, “mantener el bloque, con gente de la casa”.

Carlos Moro, en el estadio. | LNE

Luis, desde el recibimiento. Luis Antonio Álvarez vivió el domingo el día completo: desde el recibimiento al equipo hasta la ovación final a la plantilla. “En la llegada del autobús se veía a los jugadores muy enchufados, incluso golpeando en las lunas desde dentro”, explica el seguidor rojiblanco. Unos ánimos que no bastaron para conseguir el objetivo. Sin embargo, Álvarez se fue contento por haber vuelto al estadio. “Fue una sensación muy buena poder estar de vuelta y sentarme muy cerca de donde lo hago normalmente”, explica el sportinguista, que acudió al campo con su hija Eva. “Con el gol del Lugo se nos pusieron los pelos como escarpias”, rememoran. “Fue muy emocionante la despedida a Mariño tras el fallo”, concluyen.

Luis Álvarez, con su hija Eva LNE

El plan más familiar de Rafa y Mario. “Nos ilusionó mucho volver entrar al campo, ya casi ni nos acordábamos de lo que se sentía, impresiona un poco”, asegura Rafa Sánchez, que volvió al estadio junto a su hijo Mario, de 16 años, los mismos que lleva de socio. Una vuelta que fue, si cabe, más especial por poder hacerla junto a su vástago. “Al ser adolescente, cada vez hacemos menos cosas juntos, pero esto es algo que nos apasiona y lo vivimos juntos”, explica el padre. “Se hizo un temporadón, el 85% firmábamos, antes de empezar la temporada, no descender”, incide Sánchez, “remamos y morimos en la orilla, pero merecen que se reconozca su trabajo” con la ovación que el público brindó a la plantilla al acabar el partido.

Rafa y Mario Sánchez, antes del partido LNE

Marta no dejó de animar. “No dejamos de animar a pesar del resultado”, explica la joven Marta Mon, que asegura que, a pesar de que el Sporting no consiguió finalmente sellar su clasificación para el play-off, “disfrutamos igual”. La joven no oculta que, en las horas previas, sintió “nervios”, junto con “ilusión” y “ganas de animar”. Unas ganas que no desfallecieron ni con los goles del Almería. “Pensaba que me iba a afectar más”, confiesa, “la ovación final fue muy bonita”.

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