Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Los otros goles de Milan Luhovy: empresario de marketing y eventos y padre de una niña de 6 años

“No debí marcharme del Sporting; iba a renovar tres años, pero se me cruzaron los cables”, dice el eslovaco en el 30.º aniversario de la última presencia en Europa

Luhovy, en una foto reciente tomada con su hija Sasha. | M. L.

Luhovy, en una foto reciente tomada con su hija Sasha. | M. L.

En la temporada en la que se cumplen 30 años del último “Eurosporting”, y a más de dos mil kilómetros de Gijón, Milan Luhovy (Ruzomberok, Eslovaquia, 1963) sigue echando de menos los días de fútbol en El Molinón. “Ese ambiente, esas gradas... Ese campo estaba hecho para mí”, recuerda desde Praga el delantero y goleador en el último partido europeo disputado en el terreno de juego rojiblanco (marcó junto a Abelardo en el 2-2 ante el Steaua de Bucarest). Dueño de una empresa de marketing y eventos en la capital de la República Checa, atiende a LA NUEVA ESPAÑA compartiendo la satisfacción de ver al Sporting líder y la frustración de que siga en Segunda. “A nosotros se nos pedía Europa y ahora la gente se conforma con subir. La grandeza de este club quizá sea esa, que la afición se adapta y nunca deja de apoyar a su equipo”, afirma.

Equipo inicial del Sporting en el partido frente al Cádiz en El Molinón de la Liga 1990-91. Por la izquierda, de pie, Luhovy, Juan Carlos, Joaquín, Emilio, Juan Carlos Ablanedo y Jiménez; agachados, Tati, Arturo, Abelardo, Nilsson y Luis Enrique. | LNE Ángel CABRANESÁ. C.

“No debí marcharme del Sporting”, comenta Milan Luhovy cuando echa la vista atrás. Delantero de potencia y remate, vistió de rojiblanco durante dos temporadas y media, entre 1990 y 1992. Una etapa que le hace mantener un fluido y más que correcto castellano. “También hablo inglés, checo, ruso y me defiendo en francés”, añade.

A Francia se fue tras su paso por Gijón, concretamente al Saint Etienne. “Allí ya me di cuenta de que ya nada era lo mismo, me empezaba a faltar la motivación que tenía en el Sporting”, apunta. El Paok Salónica griego y el Sint-Truidense belga completan el historial de aquel corpulento rubio al que el exdirectivo Paulino Tuñón trajo del Dukla de Praga aprovechando que la desaparecida selección checoslovaca estaba concentrada en Alicante. “Me vino con un papel para que le firmara un autógrafo y era un número de teléfono para empezar a negociar”, recuerda Luhovy.

“El Sporting me había ofrecido renovar por tres temporadas, pero era joven y se me cruzaron los cables. No gestioné bien las críticas y el momento, con el club convirtiéndose en SAD, no era el mejor. Tampoco mi agente... Ahora tomaría una decisión diferente”, resume sobre las causas de una marcha todavía fruto de debate entre los sportinguistas. No duda en calificar su etapa en Gijón como la más feliz como futbolista, situando en Valencia el mejor de sus días como rojiblanco. “Aquella victoria 0-1 en Mestalla con gol de Luis Enrique nos dio la clasificación para Europa. Eso fue muy grande. El viaje de vuelta fue en tren y se notaba que nos habíamos liberado de toda la tensión de un año en el que nos tocó remontar todo el tiempo”, subraya.

Si Luhovy vio explotar a Luis Enrique, años después, en Praga, tuvo claro quién heredaría su trono. “Conocí a David Villa en un viaje de la selección a la República Checa. Óscar (Luis Celada, médico de la Federación Española y excompañero del eslovaco en el Sporting) me llevó al vestuario. Me acerqué a él y le dije que su juego me recordaba mucho al de Luis Enrique. Él sonrió tímidamente. ‘Es mucho más pillo que él’, respondió Óscar. ¡Qué gran futbolista!”, dice Luhovy del “Guaje”.

Luhovy no toca balón desde hace tiempo. “A mi edad jugar al fútbol es un riesgo alto de lesionarse. Prefiero la bicicleta. Salgo dos o tres veces a la semana a hacer kilómetros”, comenta quien a sus 58 años es padre de una niña de 6, Sasha. “Los nietos ya me los busco yo”, bromea, socarrón. Su otra hija, Patricia, llegó a Gijón siendo casi un bebé y “ya es toda una mujer. Todavía recuerda cosas de cuando vivíamos en la avenida de Las Mestas”.

Además del fútbol, Luhovy añora perderse “por los pueblos de Asturias a comer sardinas y merluza. Un manjar”. Rincones que descubrió gracias al trato que tenía con un directivo. “Le pedía a Paulino (Tuñón) que me enseñara bares o restaurantes pequeños, sin lujos. A mí me da igual mesas de plástico, manteles de papel o ruido. Él tomaba sidra y yo comía como nunca”, recuerda. Ahora espera poder celebrar con él un ascenso, el del Sporting. “Han empezado muy bien, pero ya sabe cómo es esto. Queda mucho”, advierte el eslovaco deseando que no tengan que pasar otros 30 años para que el club rojiblanco vuelva a sonar en Europa.

“No me llevaba mal con Luis Enrique”

Luhovy recuerda perfectamente la jugada de aquel gol que clasificó al Sporting por última vez para la UEFA (ahora Liga Europa). “Le metí el balón al espacio a Luis Enrique y él, con la izquierda, se la picó al portero. Decían que nos llevábamos mal, pero era falso. A mí me venía bien gente como él o como Manjarín. Eran rápidos, nuestro fútbol se complementaba. Lo único que pasó con Luis Enrique es que los dos queríamos triunfar”, señala. Años después, “Lucho” y Luhovy volvieron a encontrarse en el contexto de un viaje de la selección española a la República Checa. “Me encargué de recibir al equipo. El entrenador era Clemente y también venía Abelardo. Ese día Luis Enrique me señaló y dijo: ‘Este era mi profesor en el Sporting’. Si nos hubiéramos llevado mal no me hubiera dicho eso”, explica.

Compartir el artículo

stats