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Los jugadores del Sporting responden a Rodado Rodríguez: "Le quedó grande aquel partido en Eibar”

“No le culpamos de no ascender, pero nos condicionó”, dicen Rubén, Samuel, Yago y Borreguero

Rodado Rodríguez, en el centro, seguido de Irurzun en la visita del Sporting a Ipurúa en 2004. | Marcos León

–“Si él cree que lo hizo bien, yo le digo que no” , comenta Yago.

–“¿Ni viendo las imágenes del partido se da cuenta de que aquellos dos penaltis no fueron?”, se pregunta Rubén Suárez

–“A mí no me gustaba cómo pitaba mucho antes de aquello”, desliza Dani Borreguero.

–“No pongo en duda sus intenciones, pero ni acertó en las grandes decisiones ni supo gestionar el partido”, apunta Samuel Baños.

Cuatro de los futbolistas del Sporting que vivieron desde dentro la visita rojiblanca al Eibar en mayo de 2004 responden a Rodado Rodríguez. El reportaje de LA NUEVA ESPAÑA al árbitro del polémico partido en Ipurúa, en el que defiende las decisiones que llevaron a que los rojiblancos acabaran con cinco expulsados y se les pitara dos penaltis en contra, corrió como la pólvora en el chat que los futbolistas siguen manteniendo en whatsapp. Comparten dos conclusiones: “No le culpamos de no ascender esa temporada, pero aquello nos condicionó. Y sí, aquel partido le quedó grande”.

“Mira que Yago es un tío muy tranquilo, pues aquel día en Ipurúa fue de las pocas veces que le vi perder los nervios”, comenta Samuel Baños desde Langreo, donde sigue su carrera como entrenador, en referencia al jugador sobre el que Rodado pitó los dos penaltis. Cada uno le costó una amarilla. Fue el primero de los cinco expulsados aquella tarde en Ipurúa -le siguieron, por este orden, Bauzá, Christian Díaz, Diego Lobelle (masajista) y Marcelino García Toral (entrenador). “Es que el primer penalti fue una carga normal, no hay desplazamiento de brazo ni agarrón. En el segundo me tiro al suelo y toco balón, que además sale en dirección a mi entrada. Si además no serlo te expulsan, claro, entras en cólera”, explica Yago desde Vigo, donde ahora entrena al Ribadumia, de la Preferente gallega.

“Los árbitros se pueden equivocar, como lo hacemos muchas veces los jugadores, pero es que ese día Rodado tuvo muchas para apuntar. Su actitud para pitar una y otra vez ‘faltitas’ fue cargando poco a poco el ambiente”, apunta Rubén Suárez desde Valencia, donde ejerce de agente de futbolistas. “Si él piensa que lo hizo genial, pues ante eso... En mi carrera no viví nada parecido. Fue todo rocambolesco desde el inicio”, apunta Dani Borreguero, afincado en Gijón y entrenador del Langreo juvenil. Al igual que Dani, ninguno de sus compañeros recuerda vez alguna en la que su equipo terminara con ocho y se les pitaran dos penaltis en contra.

“En mi carrera hubo dos momentos muy tristes: la final de Copa perdida ante el Zaragoza en La Cartuja (con el Celta de Vigo) y aquel partido en Ipurúa. No culpo a Rodado de aquel ‘no ascenso’, le deseo lo mejor a él y a su hijo (futbolista del Barcelona B), pero aquello fue un bajón enorme”, subraya Yago. “Aquel partido estaba cargado de emociones. Fue llegar a Eibar y ver todo lleno de sportinguistas. Sabíamos que nos jugábamos mucho, y no sólo salimos perjudicados ese día, es que además de las expulsiones a Dorado le tocó cumplir ciclo de amarillas ante el Tenerife y nos quedamos en cuadro. Perdimos el siguiente partido (0-2) y se nos empezó a escapar todo”, reflexiona Samuel. “La primera vuelta que hicimos fue tremenda, pero luego es cierto que el final de temporada se nos fue haciendo muy cuesta arriba. Cedimos demasiado en casa”, añade Dani Borreguero. “No ascendimos, pero me quedo con que en Ipurúa se vio la casta del equipo, los valores que tiene que tener el Sporting. Fue una hazaña sacar un punto. Eso quedará para la historia, como lo ha pasado con el amigo Rodado”, concluye Rubén.

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