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Segunda División | Los equipos asturianos

Gallego, el "no" al Madrid y una vida unida a la mina: hijo y nieto de mineros, su tío falleció en un accidente

El entrenador del Sporting mira de reojo al derbi: "Queremos ganar siempre y el partido del Oviedo, más"

Gallego, ante uno de los castilletes de la mina de La Camocha

Gallego, ante uno de los castilletes de la mina de La Camocha Marcos León

Hijo y nieto de mineros de sal y potasa en la comarca del Bages. Entrenador de un Sporting líder en su intento de salir del pozo de Segunda. David Gallego (Suria, Barcelona, 26-1-1972) se mira con orgullo en el espejo del sacrificio de la minería, la profesión que alimentó a su familia y se llevó prematuramente a su tío. El niño que con 14 años ya tuvo el arrojo de rechazar al Madrid atiende ahora a LA NUEVA ESPAÑA a escasos kilómetros de Mareo, ante los castilletes de la mina de La Camocha, muy parecidos a los que presiden el pueblo en el que nació. “Yes el mejor”, le dice un ciclista. “Cuando ganas todos te quieren”, comenta en bajo tras agradecer el elogio. Viene de un año duro, no precisamente en lo deportivo. Ahora, dice, disfruta de ver a su equipo “en evolución”.

–¿Qué es la mina en su vida?

–Me marcó. Por el esfuerzo que ves en casa de tu padre y de tu abuelo. Por muchas cosas. Cuando a mi padre le tocaba trabajar por la noche, yo lo pasaba mal. Incluso hacía cosas, manías, porque creía que así iba a conseguir que no le pasara nada. Eso nunca se lo he dicho a mis padres. Tenía miedo. Cada cierto tiempo fallecía alguien por un accidente. A mí se me murió un tío con 30 años. Y yo ese día estaba en la mina.

–Cuente.

–Tendría no más de 15 o 16 años. Jugaba al fútbol y me dolía un tobillo. Mi padre tenía mucha confianza con el médico de la mina. Fuimos a verle. Al llegar no estaba. La razón es que había ocurrido un accidente. A mi padre se le cambió la cara. En la familia de mi padre eran ocho hermanos, nueve contando a uno que falleció de niño. Yo me crié entre ellos. Con el que más afinidad tenía era con Juanillo. “Esto ha sido el Adrián o el Juanillo”, me dijo mi padre. Los dos eran hermanos suyos y trabajaban ese día en la zona afectada. Mi padre se metió en la mina y me quedé esperándole.

–¿Qué pasó?

–La siguiente imagen fue verle salir abrazado a un compañero. La tengo grabada en la mente. Todavía se me ponen los pelos de punta. “¿Qué ha pasado, papá?”, le pregunté. “Juanillo”, me respondió. No hizo falta más.

–¿El fútbol evitó que acabase en la mina?

–No lo sé. Era espabiladete en el colegio y me gustaban todos los deportes: tenis, pin-pon, billar… Hasta hice kárate. Fui cinturón verde-azul con 12 años. A fútbol empecé a jugar en alevines en el equipo de Suria. Tenía 9 años y entonces no se podía competir hasta los 10. Inicié la temporada, otro equipo se enteró de que no tenía la edad, y nos denunció. Me tiré medio año sin poder jugar.

–Si los rivales no le querían ver es que era bueno.

–Debía ser (se ríe). Me fui a jugar al Manresa y en infantiles vino un ojeador del Madrid a hablar con mis padres. Me querían fichar, pero antes, por protocolo, explicaron que tenía que ir una semana allí con ellos para que me vieran un poco más. Mi padre (Andrés) no tenía problema. Yo le dije: “Papá, si de verdad me quieren, que me firmen ya”. No fui.

–¿Se arrepintió de aquella decisión?

–Para nada. El destino acabó llevándome al Espanyol. Seguí en Manresa y debuté en el primer equipo, en Tercera, con 16 años. Completé allí la etapa de fútbol base y a continuación Jordi Lardín, compañero, y yo firmamos por el filial del Espanyol, que entonces era el Hospitalet. De ahí al Levante, entrenado por Juande Ramos, Sant Andreu, Córdoba… He dado muchas vueltas.

–¿Por qué ser entrenador?

–En mi época como jugador en el Terrassa me entrenó Juanma Lillo. Él me animó muchísimo a entrenar. Tenía mucha inquietud por conocer el juego. Cuando viajábamos intentaba sentarme cerca para preguntarle cosas. Si era en avión, le preguntaba qué billete tenía para conseguir el asiento de al lado. Acabé sacando el título antes de colgar las botas.

–¿El Gallego entrenador supera ya a lo que fue de jugador?

–No tengo que decir yo eso. Como jugador te lo pasas muy bien, pero me llena más ser entrenador. Son muchas cosas a controlar y es más divertido.

–¿Qué tiene que tener un buen entrenador?

–Muchas cosas. Una es determinante, para entrenar y para la vida: no mentir. Las formas de decirlo marcan las diferencias, pero al jugador lo que le gusta es que no le engañes. No hay que casarse con nadie, hay que casarse con la actitud de los jugadores y sacarles el máximo rendimiento. También le doy importancia a los conceptos del juego y a saber gestionar la capacidad emocional.

–Usted tiene un coach personal.

–Llevo dos años. Yo soy un tío muy impulsivo. He mejorado. Antes lo era mucho más. Pienso que debemos actuar antes desde la razón que desde la emoción, y muchos entrenadores actuamos desde la emoción. Eso te equivoca. Por ejemplo: si echas una bronca desde el razonamiento, chapeau. Si lo haces por un calentón, a lo mejor no sacas el resultado que buscabas. También he estado trabajando con un psicólogo.

–¿En qué le han ayudado?

–En afrontar situaciones. Me separé este año y vengo de una etapa dura en lo personal.

–Hábleme de ello.

–Cuando vine a Gijón era la primera vez que vivía lejos de mis tres hijos. Alba hace 21 años este domingo; David tiene 15 y Marc, 11. Te pilla en medio una pandemia... Los vi muy poco. Menos mal que lo deportivo acompañó.

–¿Qué faltó para jugar la promoción?

–Nada. Esto es un juego. En mi fuero interno sigo encantado. Mire, cuando usted hace lo que siente, no se equivoca. Y nosotros hicimos lo que sentimos. No cambiaría nada. Le doy una nota altísima al equipo. Quiero crecer en cosas y buscamos cómo podemos ser mejores, pero sin pensar en cómo lo hicimos.

–¿Se ve ya el Sporting que busca?

–Se vio el año pasado y se ve éste. El año pasado teníamos una serie de jugadores que para rendir tocaba eso. Si dábamos otro paso más, hubiéramos rendido menos. Otra cosa es lo que me gusta a mí. A mí me gusta avasallar al rival y que no salga de su campo, pero... Eso requiere mucha exigencia. Mejorar técnicamente al futbolista es difícil, pero en cuanto a interpretación del juego se puede crecer mucho. En eso incidimos mucho en el cuerpo técnico. Veo esta temporada una evolución.

–¿A qué se refiere?

–Queremos dar un paso más en cuanto a presionar más alto o tener una circulación más rápida. El año pasado se hablaba de que la jugábamos mucho atrás y el otro día llegó un gol tras una posesión de 1,27 minutos. Ahí ya no dicen nada. No nos pasamos el balón por pasar, queremos provocar cosas. Este año el equipo se lo cree y se siente poderoso. Interpretamos mejor. Hay cositas, pero los rivales también juegan y son muy buenos. No sé dónde llegaremos.

–¿Esperar tanto a hacer los cambios en los partidos es norma?

–No es un plan preestablecido. Los cambios te los marca el partido, no espero a un minuto en concreto. Lo que sí será difícil es que me vea hacer un cambio al descanso, prefiero hacerlo al minuto 50 que terminada la primera parte.

–¿El derbi es una deuda pendiente?

–Es un partido señalado por todo el mundo. Nosotros queremos ganar todos los partidos, pero si me habla del derbi, más. El año pasado fueron dos partidos muy igualados que no merecieron ganar ellos, pero nosotros tampoco. Me lo tomo como un partido especial. El equipo y el club tienen unas ganas enormes de darle una alegría a la afición, pero esto sigue ¡eh!

Gallego, en Mareo. Marcos León

–Usted sigue en el Sporting, pero ¿le llamó este verano el Granada?

–A mí, no. Si hubo algo o no, no lo sé. En el fútbol hay unos agentes que trabajan para ti, como lo hacen para los jugadores. Estoy orgulloso de que haya equipos que se hayan interesado por mi situación, pero como a mi agente le digo que si no hay nada, no me diga nada, pues le puedo decir que no hubo nada con el Granada.

–¿Imaginaba en junio que se quedaría con Djuka y firmaría seis futbolistas?

–Imaginaba que podían pasar muchas cosas. Tenía claro qué puestos podíamos reforzar y qué actitudes tenían que tener los jugadores. Y me refiero a lo técnico-táctico y a lo emocional.

–¿Quedó mucho por hacer?

–Algo, no diré qué. El club ha hecho un esfuerzo tremendo. Estoy muy feliz con esta plantilla.

–Desde su llegada no se ha traspasado a ningún futbolista ¿Se siente un privilegiado?

–(Sonríe) No sabes nunca qué puede pasar. A lo mejor haces una venta y luego firmas futbolistas que te dan mucho. Quiero que el club esté tranquilo. Yo estoy muy contento con lo que tengo.

–¿El Javi Rico que conoció era mejor como futbolista o lo es ahora como director deportivo?

–Como futbolista tenía muchísimo desequilibrio y un gran uno contra uno. Como director deportivo no opino, porque no tengo ni idea de lo que implica ese cargo. Sí le diré que hay mucha afinidad. Eso es esencial. Está muy encima en el día a día. No se mete nada en el tema táctico, pero pregunta y me gusta explicarle el trabajo que hacemos. Cuanta más información tenga, mejor, porque no todo es que la pelotita entre o no.

–¿Nota que tiene a la afición entregada a su trabajo?

–Me he sentido muy bien tratado desde el primer momento. Lo primero, por el club, que me ha dejado trabajar muy a gusto desde el inicio. Como cuerpo técnico queremos que quede una cultura de trabajo, que cuando nos vayamos del Sporting quede algo además de resultados. Por la afición me siento querido, mucho y bien.

–El presidente le dirá que el ascenso ya toca, ¿no?

–No me dice nada de eso. Está encantado con cómo se trabaja, la evolución de los chicos y la ilusión que se ha generado en la ciudad. ¿Ganar? Eso no hace falta que me lo pida. Lo sabemos todos.

–¿El fútbol español pierde sin Messi?

–Hablo como espectador: perdemos mucho. Ya no digo nada de lo que influye, directa e indirectamente, en que no esté en el fútbol español.

–¿Y si llega la Superliga?

–Ni opino. No me interesa eso.

–¿Cómo es su vida fuera de Mareo?

–Paseo mucho: por la playa de San Lorenzo, por el centro de Gijón... Vivo en Viesques y también voy mucho por el parque Fluvial. En días libres alguna vez me escapo a pueblos: Cudillero, Lastres, Llanes... Esta semana estuve en Covadonga con unos amigos de Suria. De Gijón me gusta hasta el clima, fíjese.

–¿Y a la hora de comer?

–Aquí es un lujo. Eso sí, no soy muy carnívoro. De pescado me gusta todo. Y cuando voy a casa de mi madre: paella o fideuá. Me encanta.

–Me pide mi padre que no se vaya de esta entrevista sin decirnos si el Sporting subirá a Primera.

–(Se ríe). Dígale que nuestra intención es ganar al Eibar. ¿Queremos ser los primeros? Sí. ¿Es mi objetivo serlo? Mi objetivo es competir y ganar cada semana. El partido a partido no es un tópico. Es la p... verdad

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