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El Sporting desaparece al descanso y se lleva una bofetada de realidad en Valladolid (1-0)

Los rojiblancos acaban acorralados en Zorrilla y salvados por un Diego Mariño que paró un penalti y evitó una derrota más abultada

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Un Sporting de dos caras y acabó acorralado en Zorrilla para llevarse una bofetada de realidad en sus aspiraciones de remontada. Después de una primera parte competida, el equipo desapareció al descanso y Mariño evitó que la derrota llegara antes y de manera más abultada. El vigués detuvo un mano a mano a Cristo, paró un penalti a Roque Mesa y la tercera ya fue la vencida para los blanquivioletas. Roque Mesa puso justicia en el marcador, elevó a los locales al primer puesto y dejó a los gijoneses navegando en mitad de la tabla y, consumido el mes de enero, con la eterna incertidumbre de si lo realista es mirar hacia arriba o hacia abajo.

El mundo Sporting es como una montaña rusa. Después de meses de bajón, el vagón pasó por Vallladolid tras cinco jornadas sin curvas y picando hacia arriba por el “efecto Jony”. La ilusión por el posible retorno del cangués se notó en la grada. En el verde, la primera parte también fue de equipo que quiere estar entre los seis primeros. La segunda, el ramplón de tantas otras veces. No vio el balón y Mariño aguantó el empate hasta donde pudo. Todo después de que el Sporting despachara un primer acto serio, con pocas ocasiones, pero cediendo poco ante un conjunto pucelano que se jugaba alcanzar el liderato. Lo logró.

Sin Christian Rivera y el Puma, la solución fue volver a colocar a Fran Villalba pegado a la cal. Primero, en la derecha, más tarde, a la izquiera. ¿La razón? Los problemas que empezaba a tener Guille Rosas para detener a Toni Villa y Nacho. Por ahí llegó el escaso peligro inicial de los locales, coronado por un cabezazo de Weissman que blocó con seguridad Mariño. Lo dicho, Villalba es puro talento arriba, pero lo de defender es otra historia. Mandó Gallego intercambiar los extremos, y el Sporting dejó de pasar tantos apuros.

Lo único a lamentar en los primeros cuarenta y cinco minutos fue la lesión de Guille Rosas. El gijonés se fue en camilla y los gestos de dolor, a la espera de determinarse el alcance, eran preocupantes. Bogdan al campo para ayudar a un equipo con Gragera, en su vuelta al once, creciéndose en cada disputa y Nacho Méndez, ejerciendo de mediapunta, sin ser capaz meterle mano al partido. La amarilla que vio después de que se le escapara el balón a la altura del área propia y el otro Nacho, el blanquivioleta, le robara la cartera, retrató lo evidente. Los de Gallego se fueron al vestuario con tres arreones.

La segunda empezó con susto. Cristo se quedó ante Mariño tras un buen pase entre centrales de Toni Villa. Se perfiló el canario, objeto de deseo durante el pasado verano, y Mariño sacó un pie milagroso cuando parecía vencido.

Atragantón y a seguir. No tardó el Valladolid en volver a asomarse, demostrando que los de Pacheta habían metido una marcha más. La respuesta rojiblanca llegó casi a los diez minutos de la reanudación y gracias a otra recuperación, la enésima, de Gragera. El balón lo engatilló Djuka por encima del larguero. No hizo ganar metros. Tocaba sufrir. Lo siguiente fue ver a Toni Villa salendo fácil entre Nacho Méndez y Bogdan y cayendo en el área arrollado por este último. El empujón, light. La pena máxima, en botas de Roque Mesa. Mariño, que ya empezaba a sacar de quicio a la parroquia pucelana, la que fue en su día su afición, sacó otra pierna milagrosa. Roque buscó el Panenka y se encontró con un héroe, el rojiblanco. Otra bola extra para el equipo de Gallego. Media hora por delante. Movió el banquillo el Sporting. Campuzano relevó a Fran Villalba, mientras que la sorpresa estuvo en la entrada de Gaspar por Pedro Diaz. Nacho Méndez, con una amarilla, al pivote con Gragera. Extraño. El dibujo, más tirado a jugar con dos puntas. El asedio blanquivioleta, continuó mientras al Sporting apenas le duraba la pelota.

Tanto fue el cántaro a la fuente, que a la siguiente no hubo milagro y Roque Mesa cobró venganza. Una pérdida de Gaspar en un aparente pase fácil, saque de banda, defensa blanda, y derechazo de gol. Fiesta en Zorrilla que ya padaleaba el primer puesto. Aitor se rebeló a cinco de final con una buena acción individual que acabó en un centro demasiado pasado. La pelota le acabó volviendo para rematar con la zurda y escapándose a poco de la cruceta. Lo intentó después el Sporting a saque de esquina. Demasiado tarde, demasiado forzado.

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