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El mensaje de Medina, leyenda rojiblanca, a los jugadores del Sporting: “Honrad nuestra historia”

El gijonés, testigo de “las tres cruces de Ortiz”, espera que el Sporting siga entre los 9 clubes que siempre han estado en Primera o Segunda: “Solo pido garra”

En el centro, Armando Medina sujeta su bandera del Sporting junto a su mujer, Acacia Peláez, su hijo Alejandro y su nieto Eloy, ayer, en su residencia gijonesa. | Marcos León

–¿Cuál fue el equipo catalán al que le metimos once?

Armando Medina, durante su etapa como jugador del Sporting. | Reproducción de Marcos León

–El Lérida, Armando, el Lérida.

No pide tantos goles para esta tarde, ante el Girona. Dice que al Sporting “sólo le pido garra, eso no puede faltar nunca”. Armando Menéndez Medina (Gijón, 30-9-1932) es historia viva del Sporting. Futbolista rojiblanco durante quince temporadas, es el gijonés más veterano en vida de los que estuvieron en el partido de “las tres cruces de Ortiz”. El que amenazó, en 1961, con perder el honor de figurar entre los nueve equipos que nunca han estado fuera de Primera o Segunda División (la lista la completan Madrid, Barcelona, Athletic, Atlético, Valencia, Espanyol, Sevilla y Real Sociedad). “Honrad nuestra historia”, solicita Medina al equipo de Abelardo ante la primera de las tres finales que restan para atar la permanencia.

Los años ponen a prueba su memoria, pero la misma persona en la que se apoya para incorporarse del sofá, su mujer Acacia Peláez, le saca de dudas cuando se trata de recordar detalles de su etapa como futbolista. “Altisent, Montes, Biempica, Ortiz... Aquella temporada teníamos un gran equipo, sí”, subraya Medina sobre la 1960-61. Interviene su hijo, Alejandro. “Les pasó un poco como ahora, que la gente esperaba que estuvieran peleando por los puestos de arriba y al final...”, comenta quien ha heredado de su padre la pasión rojiblanca -forma parte de la peña Sporting Fan Club- y también el conocimiento de muchas de las anécdotas que fue escuchando en casa. En un rincón, Eloy, hijo de Alejandro y uno de los tres nietos de Medina junto a Deva y Andrea, sigue atento la conversación con una sonrisa. “Espero que no sea con tantos apuros como aquella vez”, apunta tras confesar que, pese a ser sportinguista, es el menos futbolero de la familia.

“Libraremos”, dice Medina, al que ya le resulta difícil seguir en directo los partidos del Sporting. “Se pone muy nervioso”, explica Acacia, la encargada de informar del resultado y la marcha del equipo a la leyenda rojiblanca. El salón, un pequeño museo plagado de imágenes de la etapa del gijonés como futbolista, hace el resto. Hay fotos con Kubala y Luis Suárez, y también capitaneando al equipo en una de sus visitas al Santiago Bernabéu. “Salgo poco”, confiesa Medina. “Alguna vez vamos a tomar un café y hace tertulia con Pocholo, Echevarría o García Cuervo”, amplía su hijo sobre el círculo sportinguista que mantiene quien fuera bravo centrocampista y también defensa del Sporting entre 1951 y 1966.

La conversación vuelve a la intensidad, a la necesidad de que el Sporting de Abelardo recupere la agresividad que históricamente hizo al conjunto gijonés un conjunto vertical y pegajoso. “Él era intenso jugando, pero nunca lesionó a nadie y en toda su carrera sólo le expulsaron una vez, contra el Sevilla, y por defender a Molinucu”, señala Acacia ante la sonrisa cómplice de su marido. Ellos, que se conocieron en el colegio, en La Calzada, donde también cursaron estudios con el recientemente fallecido José Fernández, padre del actual presidente rojiblanco, saben como pocos lo que era y debe ser el Sporting. “Aunque no estemos muy bien, sigo siendo muy sportinguista”, concluye Medina.

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