Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Fdez.+Fdez., igual a menos Sporting

Javier Fernández no pudo enderezar el rumbo de un club que su padre asumió saneado deportiva y económicamente

En noviembre de 1994, cuando José Fernández se convirtió en el máximo accionista del Sporting, el equipo dirigido por Mariano García Remón navegaba por la mitad de la tabla de Primera y el club, dos años después de la transformación en sociedad anónima, disfrutaba de estabilidad económica. En junio de 2022, cuando Javier Fernández decidió vender el paquete mayoritario de acciones, el equipo acababa de coquetear con el descenso a Primera RFEF y las cuentas volvían a estar en números rojos.

Desde 1997 hasta 2016 no hubo ningún Fernández en la presidencia del Sporting, pero todos sabían quien mandaba. El patriarca, José, cumplió en noviembre de 1994 su sueño de presidir el Sporting, donde esperaba repetir sus éxitos empresariales. Había entrado en el primer consejo de administración, en 1992, con la bendición del entonces alcalde, Vicente Álvarez Areces, que dos años después le apoyó en su lucha por el poder contra el industrial gallego Manuel Calvo.

Personas próximas a José Fernández aseguran que buscaba en el fútbol la notoriedad social en Gijón que no le podían dar sus prósperos negocios. También, como reconoció él mismo ante una cámara y un micrófono indiscretos, los interesantes contactos que facilitan los palcos más lujosos del fútbol español. Puede que alternar por la zona VIP del Santiago Bernabéu o el Camp Nou le resultara rentable, pero a cambio muy pronto empezó a sentirse incómodo en su ciudad.

Solo tres años después de su asalto al poder, en septiembre de 1997, José Fernández se echó a un lado, husmeando el desastre que se avecinaba: el descenso más vergonzante de un equipo en la historia de Primera División. Pero el alejamiento, emocional y físico, del día a día del club, no contradecía lo que un habitual de la planta noble verbalizó de manera muy gráfica: "No se mueve un papel en Mareo sin que lo sepa Fernández".

Para ejercer ese control, José Fernández eligió a un joven ejecutivo, Alfredo García Amado, director general durante los 19 años que pasaron desde la renuncia de José a la toma de posesión de su hijo Javier. Fue una transición suave, ya que Javier Fernández entró como consejero en 2012 y en 2013 pasó a vicepresidente en un consejo presidido por Antonio Veiga. Un año después, con el club en una deriva semejante a la que en 2005 le condenó a un proceso concursal, el equipo de Abelardo y de los Guajes salió al rescate con un ascenso impensable.

Aquel chorro de dinero estabilizó al Sporting y persuadió a Javier Fernández de su decisión de vender el club. Incluso, en junio de 2016, asumió la presidencia de un consejo que un año después decidió retribuir económicamente sus cargos pese al nuevo descenso. Desde entonces, las decepciones se han sucedido hasta llegar a este 2022 "horribilis" deportiva y personalmente para Javier Fernández, que ha arrojado la toalla, dejando un Sporting venido a menos.

Compartir el artículo

stats