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Anduva, viaje iniciático de la Mareona

Un millar de rojiblancos celebran en Miranda el inicio del proyecto de Orlegi con calor y máxima ilusión: "Nos sentimos casi liberados"

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Mareona del Sporting en Miranda de Ebro

Hay quienes no dudaban en proclamar que ayer lo menos importante era el resultado: "Venimos a celebrar el cambio de era, que era necesario; hemos recuperado la ilusión. Hacía mucho que no veía las caras de alegría en la afición. El sportinguismo había perdido la sonrisa por la gestión y los malos resultados temporada tras temporada", explicaba Alejandro García. "Porque los comienzos ilusionan. La ilusión es máxima", admitían muchos aficionados. La era Orlegi arrancó con un masivo desplazamiento a Miranda de Ebro: un millar de seguidores se desplazaron a la localidad burgalesa para dar la bienvenida a un nuevo ciclo, después de casi treinta años de gobierno de la familia Fernández. "Era necesario este cambio", explicaba Begoña Pañeda, rostro ilustre de La Mareona.

El primer día de este nuevo inicio confirmó que el sportinguismo tiene todavía más devoción si cabe por Djuka, con ese "oe, oe, Djuka", festejando así la renovación del pichichi rojiblanco hasta 2027, y por el Pitu Abelardo, gran ídolo de siempre; pero también que hay nuevas caras que ilusionan mucho a la grada: por ejemplo Gio Zarfino, quien ya tiene cántico. También Cali y Juan Otero, los dos fichajes exóticos de este nuevo proyecto. "Tenemos muchas ganas de ver a Cali por su estatus, al venir de Boca Juniors", explica Adrián Montes. "A mí el que me gusta es Otero. ¡Es un fichajazo!", interviene Iván Calvo.

No hubo un único punto claro donde se congregase la afición. La hinchada rojiblanca se repartió donde pudo (y quiso), en ocasiones huyendo del calor, con temperaturas por encima de los treinta grados a primera hora de la tarde. Pero reinó un ambiente festivo. Algunos seguidores confesaron ayer poseer un sentimiento inusual, no de satisfacción, sino más de dejar atrás el agobio de los últimos años. "Nos sentimos casi liberados", confesó un aficionado para explicar cómo observa el cambio.

La dispersión de la masa rojiblanca sorprendió incluso a los hosteleros que regentaban los locales más próximos al recinto de Anduva. Se esperaban una de esas cajas que casi hace el agosto. Pero no, al menos no en las primeras horas de la tarde. "Vendí mucho más el año pasado", parecía casi quejarse Ana Álvarez, dueña de un bar cercano al estadio rojillo. El colorido, en cualquier caso, se hizo mayor a medida que el reloj se acercaba a las 19 horas, hora de inicio del partido. Antes, hubo dos puntos importantes y especialmente transitados para La Mareona: los locales de la calle 2 de mayo, con una importante presencia de la Peña 1905, y también los bares de la calle Francisco Cantera, una de las más importantes de la localidad burgalesa y que desemboca en Anduva.

Ahí sí subió el volumen de los cánticos. Ahí sí se vio a una Mareona más coral y conectada, no tan dispersa como a lo largo de la jornada. Se escuchó incluso en un corrillo un comentario de pasada, de amigo a amigo: "es que el Sporting siempre vuelve". Sucedió ayer que la gente parecía todavía poco acostumbrada a los nuevos tiempos. Las quejas y protestas contra la propiedad, habituales especialmente el curso pasado, derivaron en unos gritos mucho más alegres, expectantes por conocer los resultados tras el cambio de dueños.

Y los clásicos. Los de siempre. Los que perduran más allá de quien mande, más allá dónde esté el equipo, de los objetivos que haya en juego. El himno de Asturias. El "¡vamos, Gijón!". El himno del Sporting. Recuerdos al eterno enemigo. Bromas con México. Uno que aparecía con un gorro azteca. Y al campo.

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