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Axel Bamba Jugador del Sporting

"En París crecimos diez personas en una habitación enana"

"La guerra civil de Costa de Marfil me afectó muchísimo; muchas personas de mi familia murieron y no pudimos ni hacerles un funeral"

Axel Bamba, ayer, en el campo número 1 de Mareo. | | MARCOS LEÓN

Florentin Bloch (Vernon, Francia, 22 años) y Axel Bamba (Zúrich, Suiza, 23 años) esperan a LA NUEVA ESPAÑA en el campo número 1. La conversación se desenvuelve en español, con tramos en inglés. Axel habla en francés. "Flo", que se maneja en los tres idiomas, hace de enlace para que pueda expresarse con mayor soltura en su lengua natural. La complicidad entre ambos es máxima. El guardameta se emociona por momentos con la historia de Axel. Cuando Bamba habla, Florentin se queda mudo. Cuando ríe uno, lo hacen los dos. Hay buen rollo.

–¿Se acuerda de sus orígenes?

–No mucho... Nos fuimos pronto a Turquía. Luego a Suiza. Mi madre nos dio una educación muy africana. Mi padre era futbolista.

–¿Ha vuelto?

Claro. Pero desde el covid no he podido regresar. Tengo mucha familia allí, sobre todo por parte de mi padre.

–¿Cuántos eran?

–Tengo doce hermanos. Mi padre se casó cuatro veces.

–¿Mantiene contacto?

–Desde que firmé mi primer contrato profesional intentó ayudar a mi familia y mando dinero a Costa de Marfil para que tengan también un futuro mejor. La mayoría de mi familia sigue en Abiyán. Aunque algunos de mis hermanos mayores se fueron a Suiza y Marruecos.

–Sigue implicado con su país de origen.

–Quiero ayudar a Costa de Marfil a crecer. Tengo decidido que jugaré con esa selección.

–¿Le tocó de cerca sufrir las consecuencias de la guerra civil?

Axel se emociona mucho, Florentin observa. La conversación se detiene unos segundos. Bamba traga saliva. Comienza a hablar. "Flo" se gira sobre él. Escucha. Se da la vuelta y sigue con la traducción.

–Sí. Me afectó muchísimo. Muchas personas de mi familia se murieron por la guerra civil, sobre todo por parte de mi madre. Era la época en la que estábamos ya en París. No pudimos ir a enterrarlos ni a hacer el funeral por la guerra. Fueron momentos muy duros, sobre todo para mi madre.

–Es musulmán. ¿Qué importancia tiene la religión en su vida?

–Toda. La religión es mi vida. Mi padre es musulmán. Mi madre, cristiana. Rezo cinco veces al día. Es lo que me ayuda a estar en paz.

–Hábleme de París.

–Recuerdo que llegué con cinco o puede que con seis años...

–¿Cómo?

–Del viaje sí que no tengo muchos recuerdos.

–¿Y los inicios de la familia?

–Puff. Duros. Muy duros. Crecimos diez personas en una habitación enana: ahí estábamos mi tía, mi madre, mis primos y varios de mis hermanos. Era un octavo sin ascensor. Subir y bajar esas escaleras...

–¿Qué distrito era?

–Era el barrio 16, Rue de la Faisanderie.

–¿A las afueras?

–No, en el centro.

–¿Qué vida tenían?

–Difícil. Mi madre siempre me dice: "Axel, no olvides de dónde venimos para valorar lo que tienes ahora".

–¿Cómo salían todos adelante?

–Mi tía y mi madre se dedicaban a limpiar casas de gente con más dinero. En París hay unas asociaciones que ayudan mucho a la gente pobre. También ayudas sociales. Y tiendas con precios especiales. Allí íbamos a comprar de todo: desde pasta para comer hasta la ropa. No teníamos mucho dinero, pero salíamos cómo podíamos adelante.

–¿Trabajó mucho su madre?

–Muchísimo. Mi madre trabajó tanto como limpiadora para sacar a la familia adelante que ahora tiene graves problemas para mover sus rodillas. Ni siquiera puede subir las escaleras de casa.

–¿Su padre estaba allí?

–No. Ya le había retirado una lesión. Volvió a Costa de Marfil.

–¿Cómo empieza con el fútbol?

–(Bamba sonríe). Mi madre era muy estricta: nos mandaba siempre ir al colegio. Allí un profesor me vio jugar y me convenció para probar en un club. Él creía que tenía potencial. No me interesaba mucho el fútbol entonces. Hacía más judo.

–¿Era bueno a judo?

¡Es que era más fuerte y grande que los demás! (Risas). Entonces se puede decir que sí.

–¿Tiene un referente?

–No tengo ídolo, pero el más grande de todos es Yaya Touré. Era buenísimo.

–¿Dónde jugaba?

–En el parking de mi casa. Hacíamos las porterías entre dos coches. Mi madre no quería que jugáramos en casa.

–Para no romper nada, claro.

–No, no. ¡No quería que estuviéramos en la calle!

–¿Era un barrio peligroso?

–Ese no mucho. Al que nos mudamos después sí que era más problemático.

–¿Dónde?

–Mi madre quería un piso más grande para que no estuviéramos diez metidos en una habitación. Y como no teníamos dinero... Compró un piso, pero a las afueras de París.

–¿Vio mucha delincuencia?

–Sí, pero estaba jugando a fútbol en el parque. Estaba a otras cosas.

–¿Qué hizo con su primer sueldo con el fútbol?

–Mi madre estaba feliz. No parábamos los dos de reír. Ese día rezamos juntos. Agradecimos a Dios la vida.

–¿Siguen en el mismo barrio?

–Cuando llegué al fútbol profesional con el París, los entrenadores me dijeron que no podía seguir viviendo ahí. Tenía que mudarme.

–¿Y la competencia con el PSG?

–La rivalidad no es con el PSG, que está en otra categoría. Es con el Red Star. Había mucha. Sobre todo en las categorías inferiores.

–¿Ha sufrido racismo?

–He vivido algún capítulo de racismo cuando estaba en Francia. Pero para mí son todos idiotas. No les presto ninguna atención. ¿Son racistas? Vale. Es su problema. No el mío. Yo he seguido concentrado en los partidos. Intento no escuchar. O hacer que no escucho, salvo que sean muchos.

–¿Cómo se entera de su fichaje por el Sporting?

–Estaba en casa con mi madre, una de mis hermanas y sobrino cuando me llama mi representante. Ahí me dice que tenía un interés del Sporting y que existía la opción de venir a jugar aquí. Conocía al club porque lo había visto jugar cuando estaba en Primera. Sabía que era un histórico. Entonces me comenzaron a llamar más y más equipos. Dije a todos que no. Cuando surgió el Sporting tenía ya claro que solo quería jugar ahí.

–¿Y está contento?

–¿Contento? Estoy encantado. Muy contento. Esta ciudad es muy agradable. Me gusta mucho todo. Y el club, una pasada. No sabía que la afición era tan fuerte. Es increíble. El Molinón...

–¿Qué le ha parecido el ambiente del estadio?

Axel mira a Flo. Sonríen los dos.

–La primera vez que jugué... aluciné con todo. Me encanta.

–Se ha hecho muy amigo de Milo, su compañero de habitación en los viajes.

–Milo es muy, muy buena persona. Nos ayudamos los dos en este cambio de vida. Estamos mucho tiempo juntos.

–Y ya tiene cántico.

–(Risas). Estaba hablando con mi madre por teléfono cuando un grupo de aficionados de repente se pusieron a cantar mi nombre. Mi madre se puso a llorar de la emoción.

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