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La gota que colmó el vaso de Orlegi

Irarragorri interpretó como un ataque las palabras del Pitu sobre la supuesta lesión de Jeraldino

Alejandro Irarragorri y Abelardo Fernández. | JUAN PLAZA

13 de enero. Pasan las doce y cuarenta de la mañana cuando Abelardo irrumpe en la sala de prensa de Mareo para comparecer ante los medios en la previa del duelo en Santander. La dirección del Sporting, con la excepción de Carlos Barcia, por un motivo personal, se encuentra en México, en el último día del #GOLeaders, la cumbre programada por Orlegi Sports para fijar la estrategia de trabajo del grupo. "He visto poco a Jeraldino porque no ha podido entrenar con nosotros. Es un fichaje del grupo (Orlegi)... Requiere de un periodo de adaptación y además tiene molestias en el ligamento de la rodilla", proclama entonces el técnico al ser preguntado por cuándo podría contar con el 9 chileno, quien ahora se entrena parcialmente con el grupo.

Su rueda de prensa y sus palabras no gustan nada en México. Pero por el cambio de hora, Alejandro Irarragorri, Gerardo García y David Guerra no ven los titulares de esa comparencia –desde Tequila (Jalisco)– hasta unas horas después. Divorcio total ante lo que se interpreta como un dardo. La cúpula aterrizaría en Madrid solo unas horas después. Desde allí volarían a Santander para llegar con el tiempo justo al Sardinero.

La derrota, en uno de los peores encuentros de la temporada con el de Granada, no hace más que acentuar esa brecha, con la decisión más que tomada a medianoche: destituir en el cargo a Abelardo, a quien se lo comunicarían en la mañana después, tras el desayuno. Sobre la mesa un único nombre: Miguel Ángel Ramírez. El joven técnico canario estaba desde hace tiempo en el radar de Orlegi y era el candidato número 1 a ocupar el banquillo de El Molinón a partir de la próxima temporada, con un proyecto de cero. Los propietarios, de hecho, trazaron un plan en el que Abelardo terminaría la temporada al considerar que por sus cualidades era el idóneo para este curso, pero las tensiones propiciaron un distanciamiento demasiado importante.

Abelardo, de hecho, estuvo muy cerca de ser destituido tras la derrota en el derbi, en Oviedo. No habría sido solo por ese 1-0, sino porque los discursos entre unos y otros estaban ya muy separados a esas alturas del proyecto. Incluso en el fichaje de Bruno González hubo alguna discrepancia. El Pitu quería al zaguero canario porque consideraba que su perfil como jugador experimentado casaba más con las exigencias del momento. El director deportivo puso sobre la mesa a un central joven del extranjero, que no era visto con buenos ojos por los técnicos. Es solo un ejemplo.

Tras la derrota contra los de Álvaro Cervera se inició un periodo de reflexión. Se sondeó incluso el mercado de entrenadores, pero no había garantías de que el cambio fuese a mejor. Hubo entonces también algún contacto con Miguel Ángel Ramírez, quien después rechazaría ofertas en Navidad. Pero tras ese periodo de incertidumbre se optó por aguantar a Abelardo en el cargo, confiando en cortar la mala racha de resultados y en conciliar algunos pensamientos que chocaban de forma abrupta. Se produjeron, en ese sentido, varios encuentros entre el Pitu y los directivos, con Alejandro Irarragorri a la cabeza.

La tensión se aminoró por momentos tendiendo puentes. Pero la fractura ya era demasiado evidente. Irarragorri lanzó un dardo en el foro de abonados exigiendo el play-off y dejando caer que el técnico estaba afectado por la dinámica de resultados que había cosechado la entidad en los últimos años. Abelardo defendería después sus éxitos como jugador y técnico instando a revisar la Wikipedia.

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