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El abonado número uno del Sporting se queda sin regalo en Butarque por su 101º cumpleaños

"Ojalá cumpla el siguiente en Primera, pero esta temporada es una de cal y otra de arena", dice Miguel Fanjul

Miguel Fanjul, entre su nieta Marta Carnero y su hija María, soplando las velas ayer, en el Club Astur de Regatas. | David Cabo

Miguel Fanjul, entre su nieta Marta Carnero y su hija María, soplando las velas ayer, en el Club Astur de Regatas. | David Cabo / Ángel Cabranes

Ángel Cabranes

Ángel Cabranes

Gijón

No perdona "una cervecina" tras su paseo matutino diario por los alrededores de su domicilio, en la gijonesa calle de Eusebio Miranda. El secreto para su salud de hierro es que "no hay secreto". "Si a lo largo de mi vida me cuidé fue sin darme cuenta", bromea Miguel Fanjul Calleja (Gijón, 1923), socio número 1 del Sporting, quien festejó este sábado su 101 cumpleaños. Recibe a LA NUEVA ESPAÑA rodeado de su familia en el Club Astur de Regatas, donde es también socio número uno. "¿Ascender este año?, no sé…", comenta antes de que una de sus nietas, Elena, le corrija: "¡Abuelo, hay que ser optimista, que eres el 1". "Tiene razón, ojalá el próximo cumpleaños sea en Primera", replica. Lo visto en Leganés es otro tema.

"La rutina es la de siempre. Leo LA NUEVA ESPAÑA, doy una vuelta, tomo algo en el Dindurra y para casa. Ahora estoy demasiado tiempo encerrado en casa", cuenta Miguel Fanjul, reñido con una movilidad que limita su libertad. No hay gijonés ni sportinguista de pro que no le conozca. Quien fuera director comercial de la desaparecida Trefilería Moreda, entre otros muchos cargos, es todo un ilustre en la ciudad que le vio nacer. Mantiene el impecable peinado con el que paseó millones de veces por la calle Corrida. De lo único que se ha desprendido es del habano que solía acompañarle. "Hace tiempo que no fumo", explica. Testigo de la evolución del Sporting y de Gijón durante el último siglo, continúa pendiente de la marcha del conjunto gijonés, aunque ante la pregunta de cuándo fue la última vez que fue a El Molinón, esboza media sonrisa: "Fue antes de Cristo".

"Ahora sigo los partidos por la televisión. Este año damos una de cal y otra de arena”, dice de la marcha del Sporting, del que fue directivo durante la presidencia de Víctor Manuel Felgueroso. "Entre 1960 y 1968, pero no me haga mucho caso, que la memoria ya no funciona como antes", continúa, jugando siempre entre la broma y lo serio. "De aquella éramos una directiva tan corta en número, que nunca pude viajar con el equipo cuando se jugaba fuera. Al final acabamos creando la figura de un delegado que normalmente ocupaba un exfutbolista. Era él quien acompañaba a los jugadores", recuerda sobre los numerosos cambios que se han vivido en esto del balón.

"El mejor jugador que vi probablemente fue Quini, pero antes hubo también grandes futbolistas. Cholo Dindurra, Pocholo… Y porque no me acuerdo de más", detalla. Su fina agudeza se combina también con momentos de nostalgia, como los tiempos de tertulia más allá del Sporting en lugares tan singulares como "los árboles situados frente al museo Jovellanos. Aunque nací en la calle Begoña, siempre me tiró mucho Cimavilla. Paselo muy bien allí". Fue este último el barrio en el que vivió desde los dos años, donde creció. También el escenario de muchas confidencias junto a amigos como Ladislao de Arriba y José Ramón Pérez Las Clotas, ya fallecidos.

"Presta, ¡claro que presta!, pero lo único que hay que ser para llegar a ser socio número 1 del Sporting es viejo", apunta Miguel Fanjul con esa socarronería tan gijonesa. No ha podido celebrar el mejor de los cumpleaños por la reciente hospitalización de Elena de Viedma, su mujer, quien a sus 96 años es otro ejemplo de fortaleza. Junto a ella formaron una familia de cuatro hijos (Elena, Miguel, Juan y María), nueve nietos y catorce bisnietos (la más pequeña, Victoria, tiene solo dos meses). Con todo, reservó un hueco para estar atento a lo sucedido en Butarque. Faltaron tres puntos, como las tres velas de su tarta. El siguiente cumpleaños, "ya se verá".

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