Una mañana con muchos niños y hasta un bebé nacido en día de derbi: los 7.000 que apoyaron al Sporting en el entrenamiento

Unos siete mil aficionados arropan al equipo en el entrenamiento de puertas abiertas: "El Sporting es favorito"

VÍDEO: entrenamiento a puertas abiertas en el Molinón

Marcos León

No era un sábado cualquiera en el templo. Sin necesidad de que hubiera partido, El Molinón rugió. La Mareona empezó a jugar el play-off un día antes de la gran cita ante el Espanyol. Un entrenamiento a puertas abiertas que actuó de estímulo para el equipo rojiblanco merced a las siete mil almas que desafiaron la amenazante lluvia para abarrotar la Grada Oeste del estadio. La expectación era máxima y el sentir, unánime. "¡Que sí, j...., que vamos a ascender!", sonó en más de una ocasión. Una amalgama de camisetas, banderas y bufandas tiñó de rojo y blanco la tribuna, repleta de familias y amigos, de abuelos y nietos. En definitiva, de sportinguistas.

Al pequeño Diego Gutiérrez difícilmente se le olvidará la jornada de ayer, su primera vez en El Molinón. Nació un 13 de mayo de 2023. ¿Qué pasó aquel día? Sporting 1-1 Oviedo. "Estábamos en el Hospital de Cabueñes y celebrando el gol de penalti de Djuka", contaba Tino Gutiérrez, el padre de la criatura, que vistas las circunstancias de su llegada al mundo, es un "sportinguista de cuna". Palabra de padre. La madre, Beatriz Martín, alucinaba con el ambiente. "Gijón es rojiblanca, esto es una gozada", señaló Martín. Para Tino Gutiérrez, la cosa promete. "Hay buenas sensaciones. Como dice el lema, nos va a salir bien", afirmó Gutiérrez, que ofrecía la receta para alcanzar la victoria. "Confianza, ilusión y que peleen, porque tienen una ciudad detrás de ellos", proclamaba. Su hijo le miraba, embobado. Los jugadores, a punto de enfilar el césped. "Cuando salgan, Diego va a flipar", comentaba Tino Gutiérrez.

Madrugadores fueron Fernando Junco y su hijo Xoel, de 8 años. Estaban en primera fila para no perder detalle de la sesión de entrenamiento. "A ver si subimos", decía el mayor de los Junco, simpatizante también del Deportivo de La Coruña, que la próxima campaña jugará en Segunda. No quiere que se juegue ese encuentro. Si se produce, mala señal. El optimismo es desbordante para que el Sporting trepe los escalones hasta Primera.

Cada gol anotado en los partidillos se jaleaba. Uno de los más aplaudidos fue una estética tijereta de Juan Otero, que subió los decibelios durante un ejercicio de centro y remate. Lo vieron desde algo lejos Álvaro Tagarro y sus hijas Noa y Zoe, positivos por bandera. "Hay muchísimos nervios, pero tenemos que ganar. ¿A que sí, chicas?", subrayaba el padre, al que le gustaría que se repitieran más a menudo los entrenamientos abiertos al público. "Es una manera de generar afición", sostuvo Tagarro. La familia presenció en El Molinón el agónico gol de Víctor Campuzano frente al Eibar, el que devolvió de lleno la esperanza a la parroquia rojiblanca. "La ciudad está a tope con el equipo", sentenció. A su lado, Avelino Suárez y su hija Lena, ataviada con una antigua chaqueta del Sporting, charlaban sobre las posibilidades de ascenso. "Estoy expectante, pero veo al Sporting favorito", manifestó Avelino Suárez, tan contundente como precavido al aseverar en la siguiente frase que "ya somos mayores y estamos acostumbrados a alguna decepción". Por el entusiasmo que desprendía ayer El Molinón, ese término no figura en el diccionario rojiblanco estas semanas. "Este año hemos tenido ese pelín de suerte que en otras temporadas faltó", valoró Suárez, mientras su hija reconocía estar "muy nerviosa".

Ceferino Fernández no se cortó un pelo. "Me gustaría una final contra el Oviedo, hay que tener confianza en los nuestros", declaraba, acompañado por su mujer Gloria Castañón y sus nietos Daniel y Adrián Cuervo. "Esta abuela está en dos peñas. No me pierdo un partido del Sporting, voy a todos los sitios", aseguraba Castañón, que le preguntaba a Daniel Cuervo qué haría esta noche el equipo. "Ganar", respondía el niño, tajante y rebosante de seguridad. Cuando su abuelo le cuestionaba sobre su jugador favorito, Cuervo tiró de historia. Dijo Quini. El pequeño conoce al dedillo la idiosincrasia de la entidad. De hecho, juega en la Escuela de Fútbol de Mareo. Cuervo miraba al verde ayer con la ilusión de quien se vislumbra en unos años correteando por la alfombra del Molinón. "¡Hay que darlo todo!", gritaba Adrián Cuervo desde el asiento de al lado.

Nicolás Anes, Óscar Jiménez, Pelayo Álvarez, Andrés Llana, Hugo Rodríguez, Adrián Lara, Álex Díaz y Ricardo López, de la grada de animación, comentaban el desarrollo del entrenamiento, bufanda al cuello algunos de ellos. "Nos persigue el lema de ‘Nos va a salir bien’", bromeaba Nicolás Anes. Óscar Jiménez fue uno de los más asertivos. "Subimos fijo", indicaba. Está convencido. Desde hace ya un tiempo lo está Adrián Lara. "Confiaba tanto que hace tres semanas cerré la barbería para hoy (por ayer) y poder venir", explicó. Al poco de nacer, Leo Ouro, que ahora tiene dos años, ya era socio sportinguista. Su padre Pablo resopla cuando en la conversación surge la opción de jugarse el todo por el todo frente al Oviedo. "Prefiero que no", afirmó. Yanina Sánchez y María Isabel Emed, madre y abuela del pequeño Leo, también se unirán para arropar esta noche al Sporting. Las entradas están a buen recaudo. Son integrantes de la peña Casa Kilo, de Quintes, aunque residen en Gijón. "Tienen que estar concentrados y confiar en ellos. Lo vamos a lograr", recomendaba María Isabel Emed.

Lucía Moro, Lía Osuna, Sara Valdés y Leire Junquera, alumnas del colegio de La Inmaculada, ocupaban unos asientos relativamente próximos a la hierba. De eso se trataba, de que la plantilla notara el cariño durante la sesión. Lo verbalizó Lucía Moro. "La afición y el equipo formamos una piña", resaltó la joven. El grupo de compañeras coincidían en el pronóstico del marcado. Vaticinaron un 2-1 para rematar la faena en el Stage Front Stadium. "Creo que es verdad, que esta vez sí nos va a salir bien", ensalzaba Leire Junquera.

La matinal avanzaba, pero la energía, en la grada, en ningún momento decaía. Con una icónica pegatina posaba Olaya Rodríguez, que tiene en Diego Sánchez a su jugador favorito. Su madre, Ana Rodríguez, es una rojiblanca de los pies a la cabeza. "Llevamos doce desplazamientos y con Barcelona serán trece. Ya tenemos el avión y volveremos a las siete de la mañana", declaró Ana Rodríguez, para la que el de hoy es un partido "para disfrutar". "Es un año para sentirse orgullosos", reivindicó la aficionada, que "nunca dejó de creer" en el equipo. "¡Y mira dónde estamos!", agregó a la vera de su hermana Inés.

"Vamos a ganar aquí y empataremos allí", auguraba Álvaro Cienfuegos, un ferviente seguidor del héroe de Elda, Rubén Yáñez. "¿Somos famosos?", le preguntaba Celia Cabo a su padre Moisés mientras levantaba una bufanda muy esclarecedora. "Mi papá me hizo guapa, lista y 100 % sportinguista", rezaba. Moisés Cabo lo tenía claro. "En la historia del play-off, el que se mete último es el que consigue el objetivo", recordó. Con ese mensaje grabado a fuego abandonaron el estadio los miles de sportinguistas. Un buen porcentaje de niños se lanzó a la caza de un autógrafo y un selfie con los jugadores, que se tiraron un rato con ellos. Un chute de ánimos para la batalla en un día en el que Gijón, y El Molinón, marcaron el primer gol de la eliminatoria.

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