Abel, el héroe de la remontada del Sporting en el Bernabeu, sobre la visita al Espanyol: "No hay nada que perder"

El exrojiblanco, autor de tres goles en el feudo del Madrid para alumbrar el camino a la primera final de Copa en 1981, confía: "Hay que jugarlo"

El exrojiblanco Abel, ayer, en la redacción de La Nueva España de Gijón.

El exrojiblanco Abel, ayer, en la redacción de La Nueva España de Gijón. / Adrián Sierra

Ángel Cabranes

Ángel Cabranes

"Han pasado 43 años y sigue siendo el partido que más me recuerda la gente". Abel Díez Tejerina (Boñar, León, 1953) es el protagonista de una de las más aplaudidas remontadas en la trayectoria del Sporting. En mayo de 1981, el espigado delantero rojiblanco hizo tres goles en el Santiago Bernabeu para meter al equipo en semifinales (2-3) de la Copa del Rey –la misma temporada en la que se disputó la primera de las dos finales de la historia del club en este torneo– y eliminar a un favorito Real Madrid que había conseguido un empate en El Molinón (1-1). "¿Si pasará lo mismo ahora contra el Espanyol? Los partidos hay que jugarlos. El Sporting no tiene nada que perder", afirma.

"Nosotros lo teníamos complicado. Había que ganar, sí o sí, en el Bernabeu. Recuerdo que planteamos un partido nada conservador", apunta Abel tras acomodarse en una de las sillas de la redacción de LA NUEVA ESPAÑA para repasar aquel partido grabado en la memoria de muchos sportinguistas. "El fútbol son goles y si tienes ocasiones y aciertas, qué sé yo, dos de cuatro, que ya es mucho, ganas", continúa. Aquel 31 de mayo, el leonés acertó tres y se encumbró en un escenario que catapultó la hazaña. "No sé cuántas veces fui capaz de hacer tres goles en un mismo partido, pero está claro que hacerlo en ese escenario y ante ese rival ayuda a que tuviera una mayor difusión que otros momentos", explica.

Abel regatea la pregunta sobre si fue ese partido el mejor de su carrera deportiva y repasa cómo fueron cada uno de los tantos de una victoria apretada por lo visto en el marcador. Los rojiblancos se adelantaron por dos veces, neutralizando el Madrid la ventaja a través de García Navajas y Stielike.

"El primero fue una pared dentro del área en la que acabo rematando abajo. El segundo, un cabezazo imparable tras un gran centro tocado de Joaquín. El tercero fue el más sorpresivo", detalla para explicar las razones del adjetivo utilizado para ese tanto, que llegó justo un minuto después de que los blancos volvieran a establecer el empate. "Estaba entre el área y el banderín de córner y pillé a Agustín (portero del Madrid) adelantado. Le pegué con la izquierda, tocó un poco en el palo, y entró", dice de un momento en el que la escorada posición y el uso de la pierna izquierda, "con la que debí marcar un 10% de mis goles porque siempre utilizaba la diestra", añadió capacidad de sorpresa a aquella remontada.

No fueron los únicos goles de Abel al Madrid en aquella campaña. "Entre Liga y Copa le hice seis", subraya, con una sonrisa. La temporada del Sporting, la del primer año sin Quini (El Brujo había sido traspasado en el verano al Barcelona) terminó siendo más que notable. Alcanzó la final tras eliminar en semis al Sevilla gracias a un 2-0 en El Molinón "con otro gol mío y otro de Pedrín" y un empate sin goles en el Pizjuán. El equipo se quedó sin trofeo al encontrarse en la final precisamente con el Barcelona de Quini, que hizo dos de los tantos del triunfo azulgrana (3-1). En cuanto al campeonato liguero, ganado por la Real Sociedad, el Sporting fue séptimo.

"El partido ante el Espanyol lo veré desde casa. Me gusta verlo solo. Hace años ya que no voy a El Molinón. Me pongo nervioso. Desde fuera se ve siempre todo muy fácil, pero hay que estar dentro del terreno de juego. Ahí es cuando se ve lo complicado que es", prosigue quien fuera ocho temporadas delantero del Sporting, club al que llegó procedente del Avilés. Abel ve la eliminatoria del play-off de ascenso complicada para los rojiblancos porque "todos esperábamos que al menos se pudiera conseguir una ventaja mínima en el marcador en el partido de ida, pero el 0-1 te obliga ya a asumir riesgos".

Para ello, aboga por salir sin miedos y muy metidos desde el primer minuto. "El equipo tiene que saltar al campo pensando en que puede ganar y que lo va a conseguir. No puede haber dudas. Hay que hacer un gol, como mínimo. Al menos, para forzar la prórroga. Luego ya sé que no hay penaltis, que pasarían ellos por estar mejor clasificados, pero tenemos que forzar el partido hasta ahí para intentar pasarles la presión, en la medida de lo posible, a ellos", remarca.

El leonés asume lo mucho que ha cambiado el fútbol en los últimos años. Desde el "incremento de la velocidad en el juego, que pienso va a ir en aumento en las próximas décadas, seguro", como en "lo mediático que se ha vuelto todo en torno a cualquier cosa que suceda a un jugador o su entorno". Con todo, insiste en la importancia de la esencia de este deporte, de saber manejar lo básico, el juego en las áreas, para celebrar éxitos más allá de modas, estilos o circunstancias. "Este deporte se hizo para hacer goles. Jugar bonito no da puntos a menos que vayan a cambiar el reglamento. Sin goles no hay títulos, así que el equipo tiene que ir a por ellos y asumir riesgos", concluye, sobre la visita al Espanyol, el héroe de remontadas como la vivida aquel 31 mayo de 1981 en el que el Bernabeu fue rojiblanco.

Ferrero: "Hay que salir fuerte"

Futbolista capaz de crecerse ante la adversidad. Historia viva del mejor Sporting. Enzo Ferrero Águila (Buenos Aires, Argentina, 1953), quien compartió en el campo con Abel aquella recordada remontada ante el Madrid, asume "lo complejo que está para el Sporting esta eliminatoria". "El equipo tiene que salir fuerte en los primeros minutos, presionar alto y confiar en encontrarse con algo positivo. Todos los partidos hay que jugarlos, pero es evidente que lo va a tener complicado", señala el argentino. "Los 17 partidos sin perder del Espanyol ya te hacen ver que no lo van a tener nada fácil. El Sporting hizo un buen partido en El Molinón, pero el rival terminó siendo superior por lo que demuestra el marcador. Braithwaite y Puado son dos hombres muy peligrosos arriba. Hay que trabajar muy bien el partido, mantener la cabeza fría y el corazón, caliente", afirma.

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