Cómprovos la SAD
De los años del refalfiu y el auxilio de Gijón entero, gobierno municipal mediante, a la teoría de animar al trío Luis Enrique, Marcelino y David Villa a recomprar el Sporting para volver a junio de 1980

Por la izquierda, Paz Fernández Felgueroso, Pedro Sanjurjo, Jesús Montes Estrada y Juan Pérez Arango, durante una reunión en el Ayuntamiento de Gijón para la compra de Mareo. | LNE
Al Sporting se le atragantan sus propios aniversarios. Los más señalados los digiere mal o solo regular, incluido el 75 cumpleaños que en 1980 se le hizo bola a una parroquia rojiblanca contrariada por aquella clase de desencantos propios de la época: acabar el equipo la temporada de Liga detrás del Real Madrid y la Real Sociedad (y delante de todos los demás), quedarse a las puertas de la final de Copa y entrar otra vez en el bombo de la UEFA. Los años del refalfiu.
Mucho más triste, tirando a traumático, fue el centenario, al final de una lenta y prolongada caída que años antes ya tenía al Real Sporting de Gijón SAD postrado en Segunda División y asomado al umbral de la bancarrota. En el recodo del cambio de siglo, arriba en la Peña de los Cuatro Jueces, la sidra espalmaba en el vaso de Paz Felgueroso aquel sábado de fiesta campera entre concejos vecinos, cuando la entonces Alcaldesa obsequiaba a tres reporteros de guardia, famélicos de noticias de relleno, con la primicia del año:
—Vamos a comprar Mareo.
Lo mismo acérrimos futboleros, que objetores despreocupados, Gijón entero auxilió a aquel Sporting, gobierno municipal mediante. Financiando sin contrapartidas un pufo considerable con la Hacienda pública. El centenario de la fundación del club se celebró en 2005 en una atmósfera pobre y gris, como de película de Ken Loach. En un certamen de pintura sobre la historia rojiblanca llamó la atención un cuadro de Pablo Calandria celebrando un gol, y hasta el ‘puxa, puxa Sporting’ del himno que Víctor Manuel regaló para la efeméride sonaba triste y estreñido, suscitando envidia del de Sabina colchonero.
Al décimo aniversario del Sporting de los Guajes, que los protagonistas en aquel vestuario acaban de recordar como el último hito digno de celebración, le sucede este 120 cumpleaños, número redondo en un entorno picudo, con síntomas crecientes de divorcio entre los actuales gestores y el grueso de la afición, sin visos de reversible tras el fiasco de la temporada que acaba con la parroquia adaptando otra frase lapidaria de los años del derrumbe y del ‘véndovos Mareo’: No podemos competir con el Mirandés.
Muy fino tendrá que hilar la propiedad en su nuevo proyecto deportivo para que El Molinón recupere la buena sintonía, aunque la fórmula podría ser tan sencilla como hacerse con la entrevista a Ciriaco Cano que Gelu Cabranes publicó hace días en estas páginas, mandar que hagan fotocopias y que el organigrama al completo, de Leorio a Washington DC, se la aprenda de memoria.
Tampoco está de más insistir en que no; que Orlegi Sports no se lanzó en paracaídas sobre El Rinconín para tomar el Sporting al asalto, ni siquiera para lanzar una opa hostil, que es más entre bancos. Que estaba la SAD en venta, se fijó por ella un precio y en la capital de la Costa Verde nadie dijo ni palabra aquel verano. En el número 1 de la Plaza Mayor, donde veinte años atrás corrían al rescate tirando del erario público, se enteraron de la compraventa por el periódico. Ni entonces ni ahora contempla el sportinguismo la perspectiva de celebrar el 120 aniversario de la fundación del club recomprándolo para devolvérselo a Gijón. Costaría menos que perforar un túnel bajo el Muro, si sumas los sobrecostes por mordida o por Mareona, los modificados de proyecto, las desviaciones inflacionarias y hasta esos pesadísimos autobuses eléctricos que hundirán el asfalto al circular.
Me apuntó un buen día un amigo que, sin estresar las arcas municipales ni recurrir a remanentes de crédito, se podría animar al trío Luis Enrique-Marcelino-David Villa, los tres imbatibles en sportinguismo, palmarés deportivo y solvencia financiera, a comprar la mayoría y tomar las riendas. Cree que Otea se avendría a patrocinar al club a cambio de unas gastro-terrazas a discreción, y que en dos o tres años volveríamos a junio de 1980, a refalfiar en puesto de Champions. n
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