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El Sporting sigue en picado tras caer en Castellón: quinta derrota seguida que deja a Garitano en la picota

El equipo rojiblanco completó un pésimo partido en el Skyfi de Castalia en un tropiezo que agrava la crisis de resultados

Andrés Menéndez

Andrés Menéndez

El Sporting se cayó con todo el equipo en el Skyfi de Castalia ante un Castellón superior (3-1). La derrota -la quinta consecutiva, se dice pronto- reabre viejas heridas en el entorno y deja muy tocado a Garitano, cuya posición se debatirá en el órgano de dirección de Orlegi Sports. El equipo rojiblanco completó un partido desastroso. La derrota pone en evidencia las carencias estructurales de una plantilla aparentemente poco equilibrada con un gasto mal distribuido y con escasas alternativas. Y también retrata a un entrenador que ha perdido el rumbo del equipo. El problema trasciende la fotografía de la clasificación: es más una cuestión de prestigio. Son cinco derrotas seguidas en Segunda que sobrevuelan fantasmas del pasado. La situación de Garitano, quizá una víctima más, se debatirá en las próximas horas en el Consejo.

Garitano se marcó un Benjamin Toshack. Ya saben: “Los lunes siempre pienso en cambiar a diez jugadores. Los martes, a siete u ocho. Los jueves, a cuatro. El viernes, a dos y el sábado ya pienso que tienen que volver a jugar los once mismos cabrones”. Desconfiado de su fondo de armario y consciente de que en el verde de Skyfi de Castalia no solo estaban en juego tres puntos, sino que también se jugaba parte de su menguado crédito, hizo contados movimientos. Dos estaban cantados: dentro los recuperados Guille Rosas y Álex Corredera. Uno resultó más sorprendente: Mamadou Loum se estrenaba en el once. Calculando los daños -la entrada del senegalés sacó del equipo a un futbolista al alza como Justin Smith-, la apuesta tenía sentido. Futbolista con partidos en la élite y pasado en el Alavés o, más recientemente, en el Oporto, añadía jerarquía y un punto de equilibrio para socorrer a una defensa en apuros -hasta 9 goles había encajado el equipo gijonés en los últimos partidos-.

Castellón
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3 1
Sporting
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1-0, min 8: Jakobsen. 1-1, min, 9: Dubasin. 2-1, min 43: Cala, de penalti. 3-1, min 86: Camara

Alineación Castellón

Matthys (0); Mellot (1), Alberto (1), S. Ruiz (1), Alcázar (1); Barri (1), Ronaldo (1), Cala (2); Cipenga (2), Mamah (1) y Jakobsen (2)

CAMBIOS

Doue por Barri, min 62. Pablo Santiago por Mamah, min 62. Tincho por Alcázar, min 71. Gerenbarrena por Ronaldo, min 75. Camara por Jakobsen, min 75.

Alineación Sporting

Yáñez (1), Rosas (1), Perrin (0), Vázquez (1), Diego Sánchez (0); Loum (0), Corredera (1), Gelabert (1); Dubasin (1), Gaspar (1) y Otero (1)

CAMBIOS

P. García (1) por Diego Sánchez, min 45. Kembo (0) por Loum, min 45. Justin Smith (1) por Corredera, min 65. Cortés (0) por Perrin, min 65. Amadou (s.c) por Gaspar


José Antonio Sánchez Villalobos (C. Andaluz). Mostró tarjeta amarilla al local S. Ruiz y al visitante Gaspar, Corredera, Pablo Vázquez

Skyfi de Castalia: 11.711 aficionados

El desafío para los muchachos asturianos pasaba por contener la velocidad de un Castellón que es puro vértigo en ataque, espoleado por los resultados, muy seguro de sí mismo, admirable para el espectador neutro. La autoestima de los “orellut”, crecidos desde la promoción del exjugador Pablo Hernández, chocaba frontalmente con las dudas de un Sporting desnortado, en shock, víctima de sí mismo. Los locales saltaron al juego con enorme vocación ofensiva. Los asturianos, mientras, se limitaban a resistir el chaparrón.

La grieta del Sporting

Cada acción era un intento de gol. La pelota saltaba enseguida a las bandas, especialmente a la derecha -la izquierda del flanco defensivo gijonés-. Allí el veloz Cipenga hizo un destrozo a un Diego Sánchez que sufre una barbaridad como lateral, necesitado siempre de ayudas. Sobre ese flanco destinaba sus esfuerzos ofensivos el Castellón, consciente de que ahí estaba la grieta.

Cipenga y Cala hacían siempre un dos contra uno ante Diego, al que solo le quedaba recular. Los “orellut” repitieron por ese atajo hasta que encontraron el éxito. Perrin dio un paso adelante para frenar un ataque, desajustado. El zaguero no acertó en el corte y dejó atrás un espacio imposible de tapar para Diego. Cipenga echó un pulso al zaguero avilesino, le ganó fácil por velocidad, levantó luego la cabeza hasta que vio entrar solo a Jakobsen, que definió como hacen los buenos “9”, a un toque, de maravilla. 1-0.

Todavía estaba bailando la grada del Skyfi de Castalia cuando Matthys, el portero, pecó de ego. Tiró en su propia área un recorte a Otero cuando la acción demandaba un despeje. El lujo le salió a pagar. El colombiano le leyó las intenciones. Estiró su pie lo suficiente para que la pelota saliese rebotada hacia atrás. El colmillo de Dubasin hizo lo demás. Aunque está a años luz de ser aquel pingüino que llevó a Orlegi Sports a tirar de chequera, mantiene intacto su olfato.

Sin más capacidad reacción

El empate no espabiló a los asturianos. Ni tampoco hirió en absoluto a un Castellón en todo momento mucho más convencido de salir ganador. Por el camino, Matthys enmendó su error. Tiró de reflejos para sacarse de encima un remate a bocajarro de Pablo Vázquez. Estaba el partido en los detalles cuando Diego Sánchez evidenció su desconexión con un error grosero. Estiró una mano en alto en una jugada sin trascendencia. Fue penalti. Y luego gol (Cala). La gestión de carrera del avilesino se ha convertido en otro problema para la organización y en una muestra de la obstinación del entrenador. El destrozo es mayúsculo, se mire como se mire. Para el chaval, que ha perdido la confianza en sí mismo. También para el club, que en cuestión de meses ha visto dañada la cotización de quien era uno de sus principales activos y un ejemplo para un Mareo que, como todo el club, pasa por un momento de apuros.

Garitano hizo al descanso un ejercicio de rectificación. Cambió todo lo que pudo en lo que pareció un grito de auxilio. Quitó a Diego Sánchez. También a Loum. Los rojiblancos salieron de la caseta en busca de la remontada protegidos con cinco defensas y tres zagueros. La revolución provocó el estreno de Kembo, al que le hicieron flaco favor. Pablo García y Rosas se colocaron como carrileros. Los movimientos no provocaron reacción alguna.

A falta de fútbol, apareció el orgullo. Otero pudo cambiar el desenlace. Pero ni es ni será nunca un goleador. Estrelló el balón en el cuerpo de un renacido Matthys. Garitano dio una vuelta de tuerca en busca de una remontada que nunca llegó. Sacó a Justin Smith y a Cortés y regresó a la zaga de cuatro. Pero el equipo no espabiló. Sin confianza ni juego ni fútbol. El partido se rompió ya del todo al final, cuando Camara dejó atrás a Kembo y firmó una derrota que muestra carencias y que deja a Garitano muy tocado, contra las cuerdas.

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