Medio siglo de pasión: los socios de honor, el alma del Sporting
El Sporting rinde homenaje en El Molinón a los nuevos socios de honor tras cincuenta años de seguimiento al equipo en un acto cargado de emoción: "Gracias por ser y por sentir el Sporting"

Por la izquierda, de pie: José Francisco García, Marcelino Felechosa, Alejandro Sierra, José Ángel Cueto, José Manuel Fernández, Fernando Guillermo Blanco, Daniel Barturen, Segismundo Manuel Hevia, Juan Hevia, Agapito García, Isaac del Valle, Eloy Olaya, Raimundo Álvarez y José Manuel García; sentados: Aurora Pérez, Beatriz Barro, María del Carmen Blanco, José María Trapiella, Joaquín Alonso, David Guerra, José Luis Álvarez, José Manuel Amado, Etelvino Pérez y José Manuel Piñera. | JUAN PLAZA / Juan Plaza / LNE

El marcador de El Molinón ayer no mostraba goles, ni minutos, ni tarjetas. Solo una palabra bastaba para llenar el estadio: socios de honor. Eran ellos los protagonistas, aquellos que gritan, ríen, lloran y viven el sportinguismo desde hace medio siglo. Los mismos que en 1976 fueron inscritos por un padre, una madre o un abuelo, y que hoy acuden al campo con sus nietos para seguir pasando un legado que no entiende de categorías ni de resultados, sino de alma.
Un pasillo de emoción y memoria
El acto, celebrado sobre el césped del templo rojiblanco, estuvo envuelto en símbolos que resumían toda una vida de fidelidad. La banda de gaitas de Corvera abrió un pasillo por el que desfilaron los homenajeados, entre aplausos y emoción contenida.

Entrega de distinciones a socios de honor del Sporting de Gijón / Juan Plaza / LNE
Sobre el verde estaban también los capitanes del primer equipo masculino, Rubén Yáñez, Kevin Vázquez, Gaspar Campos y Juan Otero, acompañados por su entrenador, Borja Jiménez, y las capitanas del femenino: Antía Mayo, Natalia Sobero, Nuri Cueto y Yaiza Cernuda. A su lado, el presidente ejecutivo, David Guerra, recordó que la fidelidad de estos socios “es también un ejemplo para el club, para los que lo representamos y para los que lo sentimos”.
Guerra evocó aquel 1976 en el que comenzó la historia de estos socios de honor, cuando el equipo descendía a Segunda con una delantera para el recuerdo: Quini, Ferrero y Churruca. Aun así, la afición nunca dejó de creer. Un año después, el Sporting regresaba a la élite y daba comienzo una época dorada que marcaría a toda una generación. “Hubo un cambio de entrenador, un descenso inesperado, pero el club supo resurgir y construir desde ahí sus mejores años”, señaló el dirigente, que definió el evento como “un día de lealtad, fidelidad y compromiso con el escudo”.
Recuerdos con nombre propio
Entre los homenajeados, uno de los rostros más reconocibles era el de Eloy Olaya, exrojiblanco y ahora socio de honor, que no podía ocultar su emoción al recordar sus primeros pasos en El Molinón. “Mi padre hacía trampas para meterme al campo con siete años”, confesó entre risas. “En 1976 ya veníamos al fondo norte, donde estaba la famosa insignia en la visera de Fundador. Luego llegó la tribuna nueva y me hice socio en ella”.
Olaya recordó también que cada 28 de noviembre se cumple su debut con el Sporting en la Copa del Rey: “Era un martes y me sacaron de clase para entrenar con el primer equipo”. Volver al césped como socio de honor le despertó sentimientos encontrados: “Es un momento de alegría, orgullo y satisfacción, pero también de un poco de melancolía, porque son 50 años y uno ya no es joven”, bromeó. Recibió la insignia “con gratitud y una ilusión tremenda”.

Entrega de distinciones a socios de honor del Sporting de Gijón / Juan Plaza / LNE
El exjugador también quiso destacar la pasión actual de la afición: “Creo que ahora la grada lo vive con mucha más fuerza e intensidad que antes, incluso más que cuando jugábamos competiciones europeas. El Molinón hoy sería una olla a presión tremenda. Esa pasión es algo muy positivo”.
Medio siglo de lealtad
Entre los homenajeados también estaba Aurora Pérez, que acudió al estadio con su padre por primera vez cuando tenía apenas cinco años. “Uno de los primeros recuerdos que tengo es de un partido contra el Athletic de Bilbao; el fondo sur era todo de piedra, no había asientos”, rememora. “También me acuerdo de la Copa del Rey contra el Madrid, de las alegrías y de los palos, de venir al fondo sur cuando no había ni cien personas”.
Cincuenta años después, Aurora sigue ocupando su sitio en la grada, orgullosa de un sentimiento que la acompañó toda la vida. La música del piano de Sofía Campo acompañó la entrega de las insignias, poniendo el toque más íntimo a un acto en el que se mezclaban las sonrisas y las lágrimas.
En las palabras de David Guerra resonaba una idea que todos compartían: “Gracias por ser y por sentir el Sporting”. Porque medio siglo después de aquel descenso de 1976, de los cambios de entrenador y de las alegrías y decepciones que siguieron, el club sigue vivo en la voz de quienes no faltaron nunca. De los que se hicieron socios cuando eran niños y ahora van de la mano de sus nietos. De los que, pase lo que pase, siguen mirando a El Molinón como a su casa.
Cincuenta años después, los socios de honor siguen siendo la mejor victoria del Sporting.
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