El Sporting contiene daños: punto de sutura contra el Eibar en El Molinón
El equipo rojiblanco araña un empate que evita males mayores en un partido gris que saca a relucir carencias en la planificación.

Todas las IMÁGENES del Sporting-Eibar disputado en El Molinón / Ángel González
El Sporting de Gijón contuvo daños tras empatar (1-1) ante la Sociedad Deportiva Eibar en El Molinón, en un partido donde los rojiblancos salieron airosos. No fueron peores que su rival. Pero el fútbol y el acierto en las áreas no les da, de momento, para soñar en grande, si es que ahí están situadas las expectativas de la propiedad. Hasta el mercado de enero, y con Otero en la enfermería, hay problemas que parecen difíciles de erradicar porque afectan a puestos de responsabilidad, como el “9”, ahora sin dueño. El gol de Dubasin tras forzar de la nada un penalti y, después, una mano fantástica del recién renovado Yáñez evitaron problemas mayores. El punto, eso sí, impide que al proyecto se le vuelva a salir la cadena. Pero no disimula carencias. Ahí están de nuevo las grietas, por más que Borja trate de taparlas como puede.
Borja se bastó con la vuelta de Gaspar y con pequeños retoques para tratar de olvidar el reciente disgusto de Mendizorroza. Uno resultó especialmente llamativo: Nacho Martín sentó a Justin Smith, clave en el despertar del equipo desde el relevo en el banquillo. Amadou se ubicó como “9”, lo que devolvió a Gelabert a su espacio natural, la mediapunta. No hubo más novedades, tampoco en la trastienda, síntoma de la falta de recursos de una plantilla carente de fondo de armario y cogida con pinzas en puestos clave. El mercado de invierno ya asoma y acertar en él parece clave para compensar los errores de un verano donde los esfuerzos se destinaron a la compra de Gelabert y Dubasin. Aún estaba El Molinón comentando la alineación cuando recibió un duro golpe sin previo aviso.
Corpas cogió tanta velocidad en carrera que se bastó por sí mismo para desnudar a la zaga rojiblanca, adormilada y descoordinada. El extremo metió quinta, se apoyó en Bautista, mucho más que un delantero pese a ser también un gran “9” para la categoría, que le devolvió el balón al espacio y en una zona ciega del entramado defensivo. El disparo de primeras de Corpas encontró en el cuerpo de Perrin al mejor aliado, porque la pelota se desvió lo justo para engañar a Yáñez. El 0-1 dejó con el molde al grupo de Borja Jiménez, y eso que había arrancado el partido con bastante garbo. Pero ahora se veía obligado a remar contra la corriente demasiado pronto: el reloj apenas había corrido 4 minutos cuando el conjunto armero se adelantó en El Molinón. El gol agudizó los roles. El Sporting se adueñó del balón, mientras el Eibar acumulaba muchos jugadores por dentro y amenazaba a cuentagotas con espacios.
Gaspar asumió galones
Antes, Perrin ya había estrenado a Magunagoitia. Y justo después, Amadou se sintió incapaz de rematar dentro del área un balón templado por alto que era un caramelo para un ariete de pedigrí. Pasado el disgusto, Gaspar se echó el equipo a la espalda. Recuperado de las dolencias que le forzaron a descansar en las dos últimas jornadas, se sacó de la manga dos buenos disparos que obligaron a Magunagoitia a sacar lo mejor de sí mismo. Las acciones del hiperactivo Gaspar espabilaron a sus compañeros y conectaron a Dubasin y a Gelabert. El ‘10’ se sacó un gran chut que se fue rozando el larguero.
Los esfuerzos de Gaspar no bastaron para sacar de quicio a un Eibar capaz de aguantar un tramo de partido de lo más desagradable. El conjunto armero cogió aire tras el infortunio de Arambarri, que salió en camilla después de un fortísimo golpe. El juego se detuvo varios minutos hasta que entró Jair, tiempo suficiente para cortar de golpe el ritmo al hasta entonces fluido juego de los locales. Después del relevo, el Eibar ya no se sintió tan amenazado. El Sporting perdió empuje. Los armeros alcanzaron el descanso con la sensación de deberes cumplidos.
Desconexión tras el descanso y empate arañado por Duba
El descanso abrumó al Sporting. Totalmente desconectado, era incapaz de dar siquiera tres pases seguidos. El Eibar vio herido a su rival. Olió sangre. Y comenzó a estirarse. Garrido cruzó el campo con una carrera sin oposición. La jugada quedó ahí, porque el mediocentro del Eibar se llenó de balón y perdió la pelota. Pero la grada comenzó a mosquearse. Se enfadó aún más tras una acción entre Toni Villa y Martón que no terminó de enganchar Bautista cuando estaba solo frente a Yáñez. Los pitos de la gente ya no eran tan tímidos. Los seguidores molestos comenzaban a ganar la partida a los entusiastas.
Los asturianos estaban enredados, obtusos. Incapaces no solo de generar peligro, también de ser precisos con pases aparentemente sencillos. Borja se vio obligado a girarse. Alistó a la vez a dos hombres. Uno –Caicedo– se llevó una sonora bronca. Otro –el debutante en competición liguera Nico Riestra– se ganó una gran ovación. La bronca a Caicedo fue, en realidad, al modelo de actuación. El Molinón, estadio que ha sido testigo de grandes figuras y que respira fútbol, ya emitió su veredicto sobre el jugador el pasado verano. Estos meses adicionales solo parecen una prolongación innecesaria, similar a lo que ocurrió antes con Jeraldino. La afición de esta ciudad no comprende por qué algunos dentro del grupo insisten en movimientos que resultan, cuando menos, cuestionables. Y, sobre todo, difíciles de justificar.
Pero una carrera de Dubasin apaciguó los ánimos. “El pingüino” estiró las piernas para ganar un espacio. Jair, trastabillado, le hizo una zancadilla. José Antonio Sánchez lo vio clarísimo: penalti. El VAR confirmó la sentencia. Duba hizo un pase a la red. 1-1. Donde antes había ira, de repente hubo aplausos. Nada estimula más a la gente que un gol.
Los ojos de la grada se fueron al reloj: quedaban algo más de diez minutos. Beñat San José hizo un doble cambio para ganar oxígeno. Pero fueron los armeros quienes estuvieron a punto de llevarse el triunfo. Una inverosímil mano de Yáñez a un disparo ajustado de Corpas evitó el 1-2 del Eibar y dejó en casa un punto que, al menos, aleja el regreso de la crispación.
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