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Enol, de central en Mareo a delantero "Pichichi" en Huesca: una historia de superación marcada por Sporting, Oviedo y Marino

El candasín, descartado en el Sporting en infantiles, es la revelación del próximo rival rojiblanco: "Ha llegado al fútbol profesional gracias a currar mucho"

Enol Rodríguez.

Enol Rodríguez. / SDH

Ángel Cabranes

Ángel Cabranes

Gijón

Es uno de los jugadores de moda en Huesca, donde ha conseguido el sueño de hacerse un sitio en el fútbol profesional después de toparse con muchas puertas cerradas. Enol Rodríguez Heres (Candás, 2001) es el ejemplo de cómo el hecho de nunca rendirse puede acabar sacando la mejor versión de uno mismo. Descartado en el Sporting, en categoría infantil, donde le veían como central, su evolución a delantero le llevó, años después, a debutar en Segunda B con el Marino (siendo todavía juvenil), y a estrenarse en Segunda en el Oviedo, en la primera etapa de Carrión. El año pasado optaron por no renovarle en el Vetusta, y tras un verano sin equipo, probó en el Arenteiro y la reventó. En El Alcoraz se situó como el "Pichichi" del equipo, con tres tantos, antes de una lesión muscular que le detuvo a él y abrió la peor racha de los suyos. Ya está de vuelta y el domingo se enfrentará al Sporting de su excompañero Dani Queipo.

"Ha llegado al fútbol profesional gracias a currar mucho. Nada ha sido por casualidad", cuenta su padre, Joaquín. En Candás se habla más que nunca de Enol. El cruce con el Sporting multiplica mensajes, apoyos, bromas... Su formación y pasión ha estado siempre intensamente ligada al Sporting. En su familia, tanto su padre como su hermano, Lucas, siempre han simpatizado con los rojiblancos, aunque la prioridad sea "que gane el equipo donde está el guaje". Beti, su madre, menos futbolera, ha terminado amando el mundo del balón, y el Sporting, por seguir al chiquillo y al resto de la familia. Hasta dos exrojiblancos, Abelardo y Sergio Sánchez, marcaron indirecta y directamente los inicios de Enol.

Cuando Abelardo se iniciaba en el mundo de los banquillos, su paso por el Candás en Tercera División implicó que Sergio Sánchez, miembro de su cuerpo técnico, dirigiese al Vitoria alevín. Allí, Sergio, empezó a darle bola a un crío que era benjamín (dos años más pequeño), pero competía con los mayores (entre ellos, con su hermano Lucas). Los ecos llegaron a Mareo y decidieron firmar a un guajín con pie y planta. En el Sporting pasó dos años. Venía de "jugar arriba, en ataque", pero su poderío físico y facilidad para sacar el balón jugado le situaron en la defensa. Enol era el central de la generación de Pelayo Morilla y Enol Coto. No acabó de adaptarse a ese rol y completó la etapa de infantil en el Club Deportivo Los Campos. Un año después de la parada en Corvera, pidió "volver al Vitoria, a jugar con mis amigos". Donde muchos vieron un paso atrás, él cogió impulso.

"Es de esos chavales a los que su perseverancia les ha llevado a triunfar por el camino difícil", cuentan desde el club de Perlora. Enol volvió a ser delantero en el Vitoria y no tardó en llamar la atención. Con 16 años ya estaba jugando en regionales, con el Candás. De ahí, al Marino, apadrinado por José Viña, para pasar del juvenil a "un inolvidable debut" en Segunda B, de la mano de Oli, en la visita al Melilla. Le fimó el Logroñés B antes de que el filial del Sporting y del Oviedo entraran a la puja para ficharle en el verano de 2022. En Gijón tenía el aval de reencontrarse con Sergio Sánchez (entrenador entonces del Sporting B). En Oviedo, que el Vetusta militaba una categoría por encima, en Segunda RFEF. En casa le dijeron que la decisión era suya. Eligió firmar dos años por el conjunto azul. Veía la oportunidad de estar más cerca de ser profesional.

No fue la etapa en el Oviedo, sin embargo, la definitiva. El candasín vivió los últimos meses de su contrato entre lesiones y poca continuidad más allá de aquel partido en el que Carrión le dio la alternativa en la visita al Eldense. El verano pasado, en su entorno se llegó a pensar que ya no quedaban balas, que "el fútbol profesional era ya imposible.". Enol vivió la incomodidad de consumirse el mes de junio y estar sin equipo. Levantó el teléfono y llamó al Arenteiro. Pasó de no tener sitio en Segunda RFEF, en el Vetusta, a ver una rendija abierta en club de Primera RFEF.

"El Arenteiro había intentado ficharle en el mercado de invierno anterior, pero cuando llamó, ni estaba el mismo entrenador, ni se mantenía la propuesta. Solamente le dijeron que si quería ir a probar unos días, estaban dispuestos", detalla su círculo cercano. Enol se aferró con fuerza a la oportunidad. Convenció, le hicieron un año de contrato, y uno de sus nuevos compañeros, David Ferreiro, exjugador del Huesca, avisó en El Alcoraz que allí había un delantero con maneras para algo más. "Lo que es la vida: hace un año estaba sin equipo y de eso pasó a ir a Segunda División", apuntan quienes más le conocen.

Sus siete goles le abrieron las puertas del Huesca, que acabó pagando un traspaso para ficharle. No había pasado el último filtro. Quedaba otro. Llegó el final del mercado y en los despachos de los oscenses, alguna duda. La plantilla había terminado siendo más larga de lo previsto, y a Enol se le planteó la posibilidad de salir cedido para tener más minutos. Optó por pelear un puesto. Convenció a todos a golpe de trabajo y goles. Alternó titularidades con el veterano Enrich en un esquema con un solo punta, hizo su primer gol en la visita al Ceuta y marcó ante Las Palmas y el Albacete. En este último partido se lesionó y a su regreso se ha encontrado con entrenador nuevo, pero viejo conocido. Jon Pérez Bolo ya le dirigió en la etapa del técnico vasco en el Oviedo. Ahora, aquel central que dejó Mareo en infantiles, buscará volver a ver puerta ante el Sporting que tanto quieren en casa y que le enseñó que los caminos en el fútbol son infinitos si la voluntad existe.

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