El Sporting se enfría en noviembre: la intrahistoria del regreso a las dudas de los rojiblancos
Dubasin, a través de dos penaltis, es el único rojiblanco en marcar en un mes de sequía en tantos y victorias

Por la izquierda, Gaspar, Perrin, Gelabert y Yáñez, en Huesca. | FACTORÍA 9
En lo que se preveía que era un noviembre asequible, el Sporting ha vuelto a tropezar en la misma piedra de todas las temporadas. El calendario mensual le recibía con la visita a dos feudos complicados, pero con equipos muy necesitados, como era el caso de Mirandés y Huesca. Similitudes que también apreciables en los banquillos rivales, con entrenadores recién llegados y con esas prisas de formar un equipo lo antes posible. Lo más difícil en esto del fútbol. Borja Jiménez lo vivió en sus carnes cuando cogió a un Sporting en barrena y le pudo dar un lavado de cara para competir de tú a tú ante rivales como Racing, Valladolid o el mismo día de Las Palmas, en donde las carencias de la plantilla por lesiones se suplieron con un gran planteamiento. Sin embargo, el Sporting de Schröedinger aparece cuando menos te lo esperas.
Lo de Eibar no fue un susto, fue la confirmación de que del equipo aguerrido y con fuerza que comenzaba los partidos dominando no queda ni rastro. En los primeros diez minutos en El Alcoraz los de Jiménez recibieron dos disparos a puerta y otros tres más que fueron desviados o bloqueados. Cinco ocasiones cuando muchos en Gijón no habían conectado el partido y La Mareona se iba asentando en la grada.
No fue hasta el cuarto de hora que el equipo espabiló con un centro de Guille que rozó Amadou y el primer disparo a puerta desde lejos y al medio, de los dos que hizo el Sporting en todo el partido, por parte del senegalés. El chute de adrenalina duró lo que tardó el equipo en cometer un nuevo error condenatorio con una inocente mano que adelantó al Huesca.
Este fue el tramo que más peligro sufrió el Sporting y, por contra, los restantes 15 minutos el equipo sí que intentó lograr el empate, pero ahí es donde volvió a aparecer la falta de acierto. Las llegadas fueron numerosas, hasta cinco disparos en diez minutos, pero solo el de Perrin que salvó Jiménez fue capaz de embocar portería. En la segunda parte, Justin volvió a tener en un cabezazo el empate. Se le fue arriba. Y tras otros cinco disparos en los que Dani Jiménez no tuvo que intervenir, de nuevo un error, de nuevo una mano, de nuevo un penalti, sentenció al Sporting.
El problema del Sporting no llega por generar, ha gozado de 35 ocasiones claras, una menos que el Deportivo, sino por la dificultad de que acaben en gol. Dos tantos, ambos de penalti, en las últimas cuatro jornadas son el ejemplo perfecto de que el equipo sabe acercarse al área contraria, pero acaba siendo inofensivo. En un partido como el de El Alcoraz en donde se disparó hasta en doce ocasiones, solo dos fueron a puerta. Bien es cierto que Justin vio como su puntera le anuló un gol y el exceso de ganas le llevó a cabecear desviado en la más clara. En una de las semanas más cortas de la temporada, con el partido del Andorra en tres días, es buen momento para levantar cabeza de cara a puerta y maquillar los resultados de noviembre. La dinámica, en todo caso, exige reaccionar. El Sporting suma a estas alturas cinco puntos menos que el año pasado y siete que el anterior.
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