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El caso de Queipo pone en el foco la salud mental: "El jugador está solo y va dando palos de ciego", resaltan los especialistas

Las lágrimas del canterano del Sporting tras dos meses sin competir y cambiar los pitos de El Molinón por aplausos delatan la presión que soportan los jugadores

El caso de Queipo pone en el foco la salud mental

El caso de Queipo pone en el foco la salud mental

Andrés Menéndez

Andrés Menéndez

Gijón

"Me duele lo de Queipo y Caicedo. Ellos lo pasan mal y tienen sus problemas. Hablamos siempre de aspectos mentales. Hay líneas que no nos damos cuenta y a veces sobrepasamos", lamentó en sala de prensa de El Molinón un afectado Borja Jiménez tras el empate ante el Andorra. "No va a venir nadie a hacer los goles. Son los nuestros. Están sometidos a una presión muy grande, necesaria porque estamos en un club muy grande. Tenemos que darles cariño; si alguien puede hacer las cosas bien, son ellos", ahondó el técnico rojiblanco.

Todo ello tras las lágrimas de Dani Queipo, canterano de 23 años, que no pudo contener el llanto tras retirarse ovacionado de El Molinón, una vez convertidos los pitos en aplausos, después de ocho encuentros sin jugar un solo minuto y en plena rampa de salida en el mercado de invierno. La situación de Queipo ha situado los problemas de salud mental en primer plano. La imagen del extremo, consolado por sus compañeros tras romper a llorar, víctima de la presión contenida, vuelve a evidenciar la importancia del plano emocional en los deportistas. "No se puede lanzar a los leones a un jugador que no tiene autoconfianza. Es como uno que no sabe conducir y dice que sabe, y lo sueltas en la autopista. Si el jugador no muestra autoconfianza, salir a jugar puede ser contraproducente. Es como saltar a una piscina sin saber nadar", apunta José Caperán, psicólogo deportivo que trabaja con futbolistas de primer nivel mundial.

Caperán considera que, para evitar situaciones como la vivida por Queipo, "hay dos cosas que se pueden hacer. Por un lado, que el jugador tenga una metodología para aumentar su confianza, un método para competir. Y, por otro, la confianza del entrenador para poner en práctica los objetivos que dependan de él, al margen del ruido de alrededor". El especialista se muestra "crítico" al corroborar que los clubes todavía no destinan los esfuerzos necesarios para apoyar a sus jugadores en este ámbito.

"Siempre soy muy crítico con las canteras de los equipos. Se entrena a los chavales para que sean jugadores de fútbol, pero no para que sean competidores. Al final, solamente los que tienen una personalidad competitiva y de supervivencia que traen de casa son los que acaban compitiendo bien. Hay que entrenar a los chicos para que aprendan a competir", sostiene.

Caperán lamenta que esta falta de apoyo provoca que, en muchas ocasiones, los jugadores estén obligados a buscar por sí mismos una salida para recuperar la autoestima. "El jugador está muy solo y va dando palos de ciego, y acaba enganchando, por pura probabilidad, alguna racha positiva. Eso les va calmando y animando de forma temporal hasta que vuelven a caer en el pozo. ¿Por qué? Pues porque hay una falta de metodología muy importante".

El problema, sentencia, es que en demasiados casos "el jugador tiene que tocar fondo" antes de pedir ayuda. "Los jugadores son muy orgullosos y creen que pueden con todo. Pueden asociar el hecho de no soportar la presión con la etiqueta de débil. Hasta que no toca fondo y se traga el orgullo y empieza a reconstruirse. A mí me vienen jugadores totalmente rotos, tanto física como psicológicamente. Hasta que no tocan fondo y se tragan el orgullo y empiezan a trabajar en esa reconstrucción desde la autoestima, la motivación, el manejo correcto del foco atencional hacia ti mismo, no hacia lo que opinen los demás, y hacia tu propio círculo de seguridad, que es al que tienes que pedir cuentas, no avanzan. Es muy importante trabajar en la autoconfianza. Solo por pura estadística acaban reflotando. Pero es por poco tiempo, porque no hay base".

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