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Curbelo, su vuelta a la titularidad en el Sporting, y un aviso: "Presión de verdad la siente los padres que no llegan a fin de mes"

"Si la gente viera cómo entrena Queipo, seguro no le pitarían; para uno de la casa no es sólo futbolístico, es sentimental", defiende el canario

Eric Curbelo en las instalaciones de Mareo.

Eric Curbelo en las instalaciones de Mareo.

Andrés Menéndez

Andrés Menéndez

Gijón

«¿Cuál es el camino para superar los problemas de salud mental a los que se ha enfrentado? «Luchar», resuelve Eric Curbelo (Santa Brígida, 31 años). Este incansable defensa se ha ganado la confianza de Borja tras meses en la sombra. Pero Curbelo, que se ha visto antes en la más profunda oscuridad, – ha sufrido trastorno de pánico y problemas de ansiedad– vuelve a ver la luz.

Eric Curbelo, en Mareo | ÁNGEL GONZÁLEZ

Eric Curbelo, en Mareo | ÁNGEL GONZÁLEZ

Dos sillas contrapuestas en el verde del campo número 1 de Mareo ambientan la charla. La entrevista de LA NUEVA ESPAÑA se produce el pasado martes, antes de que la expedición rojiblanca se encamine hacia Vitoria. La conversación comienza antes de las 13:30 y se extiende sin que el reloj sea nunca un incordio hasta pasadas las 14 horas.

¿Ya está al cien por cien?

Sí. Quizá el otro día –ante el Andorra- al minuto 30 estaba algo ahogado, pero me siento muy bien.

Compitió un tanto griposo.

Sobre todo estaba un poco ‘fañoso’, con mocos en la nariz. El viernes por la mañana no estaba mal, pero en la siesta noté que me encontraba rarillo. Pero, bueno, como lo primero es lo primero…

¿No se lo comentó al cuerpo técnico?

No. No porque no era el momento. Justo antes de un partido, si más o menos puedo estar bien, adelante: me tomo pastillas y a jugar. Es verdad que esa noche solo tres horas. Pensaba que era por el cansancio del partido o la tensión. Pero el sábado por la tarde estuve muy mal.

Ha renacido.

Para mí este verano fue peculiar. Al terminar la temporada tuve una reunión con el club porque no salió la temporada que pretendíamos.

¿Llegó a plantearse salir?

No salir, pero fue un toque de atención por ambas partes. Yo necesito jugar y no podía pasar otro año sin hacerlo. Entonces nos comprometimos a forzar un poco la máquina en verano, también en las vacaciones... Mi pareja estaba un poco molesta porque entrenaba todos los días, algunos incluso hacía doble sesión. Me fui a los fiordos noruegos y allí también entrenaba todos los días. Ella me decía: ‘ni una semana puedes parar, ¿en serio?’. Pero quería llegar en pretemporada bien.

Tengo la percepción de que, hiciese lo que hiciese, no iba a contar nunca para Garitano.

Al principio no quise verlo así. Siempre intento ganarme el puesto entrenando. Pero es verdad que a Asier no le gustan los centrales que no sean tan altos, por así decirlo. Hasta que un día dije: ‘Nada, es imposible’. Hablé con gente cercana al cuerpo técnico y me dijeron: ‘No eres su tipo de central; es mejor que entrenes para ti’. Y desde ese día entrenaba para ser el mejor, pero no para jugar: para demostrarme a mí mismo que estaba ahí.

¿Cuánto le cambia la vida la llegada de Borja al club?

Me cambia, me cambia mucho. Después de casi diez meses sin ser titular, llega un momento en el que, con tantas lesiones de intentarlo tanto, piensas que… bueno igual con 31 años, a lo mejor, pues ya está: este, digamos, es mi tope.

¿Pensó en decir hasta aquí, en colgar las botas?

No. Si todo esto no era por dinero, empecé a jugar gratis. A lo que me refiero, es que estoy lejos de casa por el fútbol y lo que quiero es jugar. Y hay un momento en el que con tantas lesiones, tantos intentos de hacer todo bien y veo que no... Yo lo que siempre quise –y quiero– es devolver al Sporting la oportunidad que me dio, la confianza depositada; y el problema era que, hiciese lo que hiciese, sentía que no podía aportar.

¿Cómo gestiona esa frustración ?

Hubo un momento en el que parecía que tanto trabajo no tenía recompensa y todo siempre me costaba más. Hasta que un día hablé con Javier, el psicólogo, y después de una charla tuve un clic: ‘nos quedan siete meses, vamos a darlo todo y ya se verá’. Ahí todo cambia.

¿Cuántas lesiones ha sufrido en este año y medio?

Creo que cuatro el año pasado y una este. Tres fueron del isquio, que es lo que más me preocupa, y luego una de rodilla que requirió operación. Lo de la rodilla fue mala suerte: la rodilla fue para un lado y yo para otro. Pero esa no me preocupa tanto. Las musculares sí, porque yo soy un jugador rápido y vivo de estar ágil. Y cada vez que sprintaba tenía miedo de romperme.

¿Nunca antes había tenido lesiones musculares?

Nunca. En Las Palmas podía llegar cansado porque entrenaba y luego me iba a ayudar a mis amigos, hacer cosas, al huerto… Era muy activo y nunca me lesionaba. Y aquí, que solo me dedico al fútbol, descanso bien, sin salir… he tenido muchas lesiones.

¿Por qué todas ahora?

No encuentro un porqué. Lo único… quizá el cambio de sistema de juego: aquí hago más kilómetros, metros. Me hice una analítica por si me faltaba algún nutriente, incluso pensé que podría ser por el sol porque en Las Palmas tomaba más. Pero todo está bien. Nunca había tenido lesiones y el año pasado las tuve todas. Espero que este año no.

¿Molesta que la gente cuestione siempre su estado físico?

Molesta que hablen sin saber. He escuchado algún comentario, ‘si sabían que se lesionaba tanto… ¿por qué lo fichan?’. Lo cierto es que nunca me había lesionado. Llegué tarde al fútbol profesional, pero es que nunca había tenido lesiones.

O que digan ‘Curbelo es un jugador de cristal’.

Bueno, pero es que aquí en el Sporting he sido un jugador de cristal. He tenido muchas lesiones. Mis padres que no están aquí me dicen: ‘¿Estás comiendo bien?’ (risas). Lo cierto es que estoy haciendo todo bien.

¿Llega a competir uno con miedo a lesionarse o a recaer?

Hubo un momento el año pasado que ni siquiera sprintaba. Entrenando echaba el freno. Cuando hacía trabajo con los preparadores físicos, tenía que apretar porque era la manera de fortalecer el isquio. Pero entrenando me medía un poco; pensaba no tengo mucho que ganar y a lo mejor… Entonces cuando tenía que echar un sprint con Otero, a veces lo echaba un poco antes y así lo podía pillar.

¿Cómo era al llegar a casa?

Insoportable. Los dos primeros días tras una lesión no quería hablar con nadie. Mi pareja se llevó la peor parte. Ella trabaja en Canarias y cada vez que venía, estaba lesionado. Le tocaba soportarme.

¿Cómo se llama?

Isabel. Pero la llaman ‘Chavela’, por su abuela.

¿Cuánto le debe?

Todo. Me caso con ella ahora en diciembre, en Canarias. En las buenas es fácil estar, pero en las malas están los que de verdad te quieren.

Fue muy valiente en su momento hablando sin tapujos de sus problemas de salud mental. ¿Cómo se queda cuando ve a Queipo llorando desconsoladamente en El Molinón tras ser cambiado?

En el campo no me di cuenta. Lo vi luego en casa, que volví a ver el partido repetido. Lo entiendo: para los de la casa es muy complicado. Son de la ciudad, viven y seguirán aquí cuando acaben la carrera. Que te piten no es sólo futbolístico, es sentimental. Por suerte la afición le reconoció el esfuerzo y si vieran cómo entrena, seguro no le pitarían.

La crítica pesa.

Hubo una época, sobre todo cuando llegué al Sporting, que pensaba que había jugado bien y me iba a casa con buenas sensaciones. Pero mis amigos me pasaban comentarios que decían todo lo contrario. Eso me pasó dos días. Ya les dije: ‘No me pasen nada’. Yo ya sé cuando juego bien o mal. Yo no tengo Twitter, así que esa parte me la quito de encima. Pero a veces los comentarios, que suelen ser gratuitos, pueden hacer mucho daño…. Las personas que tienen trabajo y que tienen algo que hacer en su vida no están haciendo estas cosas. La mayoría de esos comentarios llegan de cuentas anónimas. Echar mierda sale siempre muy gratuito. Y, además, no favorece a nadie. Si eres seguidor del Sporting y quieres al club, nos ha tocado este equipo y estos compañeros y con estos jugadores tenemos que ir a por todas.

Borja señaló en sala de prensa que a veces se pasan líneas rojas que no se deberían cruzar.

Totalmente. A veces parece que se puede hacer de todo: pitar, insultar… ¿Qué pasaría si al que insultan es a su hijo? Pues que seguramente el que lo hace ya no lo haría. Hay que ponerse en la piel de los demás. Todos los que estamos aquí, en el Sporting, es porque en algún momento hemos demostrado que podemos jugar en este club.

¿Es tan grande la presión para un futbolista profesional?

Desde pequeños los jugadores vivimos con presión. Y sinceramente, creo que es una presión normal. La nuestra es totalmente soportable. Presión de verdad la sienten los padres o madres que tienen digamos un trabajo normal y que no llegan a fin de mes o que tienen problemas de otra índole o algún hijo enfermo; eso sí sienten presión de verdad. Sí es verdad que cuando viene de tu gente… cuesta más de llevar. La mayor parte del tiempo no te afecta porque estás centrado en el partido. Pero a veces hay microsegundos… Si ese día estás menos centrado, o más triste… esos gritos no ayudan. Pero cuando El Molinón aprieta es un campo que a los rivales es muy difícil.

Es que lo de la presión es complicado. Al final cada uno siente la presión de una manera….

Totalmente. Yo soy de darle muchas vueltas a las cosas, en el fútbol y en la vida. Creo que eso por un lado ayuda a mejorar. Si vives sin pensar, eres más feliz, sí, pero no mejoras.

¿Sigue tratándose de sus problemas de ansiedad o ya forman parte del pasado?

No. Lo mío fue rápido. Dejé el tratamiento hace tiempo. Tomé lo más suave que se puede tomar, sertralina. Estuve dos semanas muy mal: ataques de pánico, sensación de desmayo en cualquier momento, sobre todo al salir de casa… Perdí seis kilos. Pero al mes y medio estaba casi recuperado. Si a alguien le sirve, a mí me ayudó mucho leer. Leí, por ejemplo, ‘sin miedo’, de Rafael Santandreu, que me ayudó muchísimo. No le deseo a nadie pasar por esos problemas. Fueron dos semanas con una sensación de estar muriéndome las veinticuatro horas al día. Es extraño. Nunca había tenido resquicio de que pudiera pasar. Siempre he tenido la cabeza muy bien estructurada, he tenido muy claro todo en mi vida, y, en cambio, me sucede esto, de repente. La gente me decía: ‘Pero si tú siempre has sido muy cuadriculado’. Parecía casi que no tenía sentimientos (risas). Nadie quiere pasar por ello. Todo el mundo lo ve lejos, hasta que un día pasa. Pero una vez lo superas, ves todo diferente. Siempre queda temor de que vuelva a pasar, pero sabes cuál es el camino.

¿Y cuál es el camino para aquellas personas que están pasando esos problemas de salud mental a los que se ha enfrentado?

Luchar. Un día va a estar todo oscuro. Otro día seguirá todo oscuro. Así será otro y otro día más. Hasta que un día al fin vean un poco de luz y se encontrarán un poco mejor. Habrá un momento que pase, que se quiten esa nube y verán todo mejor.

Es paradójico. El curso pasado no juega, se lesiona, y, en cambio, no tuvo esos achaques de salud mental que sufrió antes.

Creo que las personas que pasamos por esos problemas nos volvemos invencibles, por así decirlo. Porque en ese momento lo ves tan, tan mal todo, que cuando lo pasas, todo te parece ya menor.

¿Por qué habla de esto públicamente y sin tapujos?

Porque ayuda a que la sociedad en general lo vea mejor. Los que tenemos el foco encima sentimos la necesidad de decirlo.

Por cierto: ¿qué tal se ha adaptado a Asturias?

Muy bien. Soy casero. Aquí estoy muy feliz. Cuando firmo aquí, pienso: ‘Cada vez que vine con Las Palmas aquí está lloviendo’. Pero, qué va en este año y medio estoy súper contento.

¿Qué es lo que más le gusta ? Antes de la entrevista hablamos de Picos de Europa.

Los quemé el año pasado (risas). Cada vez que venían a verme, íbamos a Picos de Europa. Fui por lo menos ocho veces a Covadonga. Hora y medio para allá; hora y media para acá.

Que se me entienda: creo que no le interesa el fútbol demasiado.

Diría que me interesa mucho, pero le engañaría. Me gusta jugar y entrenar, pero verlo no mucho.

¿A veces no conoce ni siquiera a sus rivales?

Muchas. A veces me echan la bronca, porque me hablan de jugadores y no los conozco, incluso a los de Primera División. No es falta de respeto: simplemente no me llaman la atención los jugadores, ni me parecen personas admirables. A veces se ve a los futbolistas como «superhéroes». Para mí no lo somos.

¿A quién admira?

A mi pareja. Ella es médica. Lo que ha currado para ser médica…

¿Usa redes sociales?

Sí, pero me las hice muy tarde y apenas las uso. Estas semanas he subido algo porque, claro, después de tantos meses sin jugar, la gente pregunta. Así que como volvía a jugar… pues subí una foto. Así no preguntan (risas). Al final es un trabajo.

Acaba contrato el 30 de junio con el Sporting. ¿Le gustaría renovar y seguir más años?

Me encantaría. Soy muy feliz aquí. Pero sé que para que me llamen primero tengo que jugar, rendir.

¿Le preocupa la racha que lleva el equipo en Liga?

No. La liga está igualada. Ganas dos partidos y te pones tercero. Lo importante es estar en los seis primeros en la jornada 42.

¿Cómo analiza la competencia con Lucas Perrin y Pablo Vázquez?

Pablo y Lucas son fuertes por arriba. Yo aporto más por abajo: en giros, lectura, primeros metros, velocidad. Cada uno tiene lo suyo.

¿Qué jugador le ha sorprendido más de toda la plantilla?

César (Gelabert). No parece futbolista y luego te coge 33 km/h, marca, asiste… Además, me llevo muy bien con él..

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