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Borja Jiménez dejó huella en Butarque

"Hizo sentir a la mayoría de jugadores importantes", dice su analista en el Leganés, último rival del año para el Sporting

Borja y Ancelotti, en el partido de Copa del Rey en Butarque. | EFE

Borja y Ancelotti, en el partido de Copa del Rey en Butarque. | EFE

Andrés Menéndez

Andrés Menéndez

Gijón

Borja Jiménez regresa este sábado a Butarque, el lugar donde fue feliz y donde dio un enorme salto en su carrera. En Leganés, explican quienes pudieron trabajar mano a mano con él, dejó huella. Quedó la pena de que en su último curso se sufriera un descenso durísimo, llegado prácticamente sobre la bocina. Pero el recuerdo global es el de una etapa histórica, marcada por un ascenso que nadie vio venir y que nadie olvida.

Borja, con Flick al fondo, en Butarque.

Borja, con Flick al fondo, en Butarque.

"Fue un periodo muy intenso, pero también muy bonito", explica Pedro Serna, quien fuera su analista en el Leganés y que solo tiene buenas palabras para recordar al actual entrenador del Sporting. "Borja vino tras un año regular en lo deportivo y en un momento de muchos cambios dentro de la estructura del club, en el segundo año después de la compra por parte de Blue Crow. Cuando ellos llegan, aún manteníamos gran parte del bloque de trabajadores: Juan Piñero, actual preparador físico del Atlético de Madrid; Juanjo Valencia, entrenador de porteros que continúa en el club; y yo mismo dentro del cuerpo técnico, además de fisios, readaptador, delegado y el resto del staff. También seguían en la dirección deportiva Txema (Indias) y Antonio como pilares fundamentales para que todo funcionara. Entre todos había muchísima comunicación", detalla.

En su primera temporada en Butarque, Borja Jiménez no solo estabilizó al club pepinero, sino que logró un histórico ascenso. El Leganés terminó primero, con 74 puntos, tras ganar casi la mitad de los partidos disputados (20). ¿La clave del éxito? Serna lo tiene claro: la unidad del vestuario. "La realidad es que se construyó un gran equipo, en el que la mayoría de los jugadores se sintieron importantes y donde el ambiente del día a día fue sano y muy competitivo. Hubo muchas dinámicas destinadas a hacer grupo. Recuerdo el mensaje de los 50 puntos como un buen reto que, poco a poco, fue calando en el vestuario, hasta el punto de que no existía otro objetivo. Cuando lo conseguimos, por encima de cualquier expectativa, empezamos a creer de verdad que el ascenso era posible. Y no solo lo logramos, sino que además ganamos la Liga".

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