Málaga aterriza al Sporting: derrota 1-3 marcada por la polémica
El equipo rojiblanco cae en El Molinón víctima de sus errores defensivos y de la cuestionable labor del árbitro, que anuló un gol a Nacho Martín

EN IMÁGENES: El partido Sporting- Málaga en el Molinón /
El Málaga aterrizó a un Sporting vulnerable. Los gijoneses perdieron la oportunidad de colocarse en puestos de play-off después de olvidar la seguridad defensiva. La valentía y el descaro del conjunto andaluz se añadieron al despropósito arbitral de Alejandro Morilla y fueron argumentos más que suficientes para derrocar a un conjunto gijonés incapaz de protegerse. La derrota (1-3) estuvo cargada de polémica: al Sporting le anularon un gol, reclamó también un posible penalti a Dubasin y acabó con diez hombres por la expulsión del debutante Oliván. La tarde fue tan desastrosa que el primer fichaje de invierno apenas pudo jugar un rato en su primer día en El Molinón. Pero el criterio errático del colegiado no pudo tapar el desaguisado defensivo de un equipo que debe aún ser más estable si quiere en mayo estar echando números. O la condena a la mediocridad será inevitable.
Yáñez demostró enseguida que hay cosas que no cambian pese a que irremediablemente se consuman los años. Decidió el meta del Sporting celebrar su renovación y, a la vez, emular al homenajeado Ablanedo. Sacó los reflejos de El Gatu para negar el gol a Chupe, que había lanzado un disparo con muy malas intenciones, sobre la cepa del poste. Pero el guardián de El Molinón tenía otros planes. El aviso del 9 del Málaga desperezó al equipo de Borja Jiménez. Hasta ese momento, los de Funes batían líneas con suma facilidad. Encontraban demasiado fácil a Niño, capaz de hacerse un hueco tras los pivotes rojiblancos —Bernal y Nacho Martín—. El Málaga fue fiel a sí mismo en la sede del Sporting: era un equipo protagonista con balón y valiente, siempre buscando la guarida de Yáñez, aunque en ocasiones ese afán por mirar hacia delante tenía también una cara más vulnerable en la trastienda. Gelabert y Gaspar —recuperado para la titularidad en detrimento de Corredera— tenían metros para correr en transiciones, aunque a los gijoneses les faltaba un punto de tacto. Aunque el partido estaba abierto y había malas intenciones, todo se evaporaba en las áreas. En la propia, el Sporting ha encontrado a todo un titán con Curbelo.
El sportinguismo vive cada semana en vilo pendiente del estado del zaguero, sabedor de que si aguanta sano ha ganado a un defensa del más alto nivel para la categoría. En este largo ciclo en Segunda, solo Insua y, quizá por tramos, Babin han mostrado la sobriedad de este zaguero, todo concentración, capaz de anticipar y conducir de área a área, síntoma sin duda de que rebosa autoestima. Gaspar, mientras, se sacó de la manga una jugada marca de la casa para dar un susto a un Herrero que solo entró en calor con sus repetidas pérdidas de tiempo.
Sporting 1 - 3 Málaga
Sucedió que Curbelo no pudo socorrer a quien sin duda es el eslabón más débil de la defensa. Diego dejó atrás un horizonte inmenso y por allí se coló Larrubia, un extremo de los de antes, inquietante, siempre dispuesto a encarar. En velocidad, le hizo un destrozo monumental a Pablo Vázquez. Luego vio a Chupe. Este hizo el resto con un remate de primeras, como hacen los buenos delanteros. El 0-1 dejó grogui al Sporting, que se sintió de golpe vulnerable. El Málaga pudo noquear a su enemigo, en unos minutos en los que a los muchachos de Borja les temblaban las piernas al tiempo que se les disparaba el pulso. Todo era desorden en la zaga, incapaz de contener al vertiginoso Larrubia. Niño estrelló un cabezazo en el larguero. No solo tembló la madera, también los miles de fieles sportinguistas.
El golpe despertó al equipo gijonés, decidido a levantarse en el desenlace del primer tiempo. Presionaban con entusiasmo y, tras una recuperación, Gelabert se plantó ante Herrero. Llegó demasiado escorado. Su disparo fue repelido por el exportero del Oviedo. No fue el único aviso —sí el más claro—. Dubasin estuvo luego cerca de enganchar en el segundo palo un centro envenenado.
El descanso no frenó cualquier atisbo de reacción. Los gijoneses regresaron del vestuario con la misma vocación ofensiva. El Málaga ya no achicaba agua con facilidad; los asturianos atacaban en manada. Herrero buscaba con desesperación arañar segundos al crono. Pero el aliado no lo encontró con el reloj —aún quedaban cuarenta minutos—, sino con una polémica decisión de Alejandro Morilla, el colegiado. El árbitro se erigió protagonista con cinco minutos en los que se encadenaron las polémicas. En todas, Morilla apostó por el lado visitante.
Todo sucedió tan deprisa que, en mitad de la revuelta, Niño marcó el 0-2 para el Málaga. Rebobinemos. La controversia comienza con una jugada embarullada en el área andaluza y en la que la pelota acaba rebotada. Nacho Martín lee bien la jugada, se anticipa y define por abajo para superar a Herrero. Pero el gol no sube al marcador. Morilla levanta deprisa la mano. Observa que, en el intento por disparar de Otero, el balón golpea en la pierna de Murillo, quien despeja. La jugada acaba con el zaguero andaluz tendido en el suelo. Cuando Martín marca, Otero alza los brazos para celebrar el gol, síntoma de que no intuía el desenlace. La tecnología dio por bueno el criterio en directo del colegiado en mitad del enfado y de la desesperación de los jugadores rojiblancos. Pero el malestar escaló a los más altos niveles. Apenas unos minutos después, Dubasin reclamó un penalti tras un contacto de Puga. La jugada no se detuvo y la pelota corrió deprisa de área a área. La acción cogió fuera de punto a la zaga asturiana, desvestida. Yáñez se sacó de encima un disparo a quemarropa de Chupe, pero ya no pudo llegar a repeler el disparo de Niño, muy atento. El Molinón situó su foco en Morilla. La película cambió radicalmente en un abrir y cerrar de ojos. De la posible remontada a un jarro de agua fría.
Borja no se rindió, evaluó riesgos y quemó los últimos cartuchos. Hizo estrenarse a Oliván, metió a Corredera y luego a Queipo, y pasó a Diego de central con Curbelo. Los cambios añadieron un giro en el sistema en el que se acumulaban los atacantes. Dubasin se colocó junto a Otero, mientras que las bandas se afilaban con Queipo y Gelabert. Los movimientos dieron energía y envalentonaron a un Sporting convencido de que aún había partido. Pero aún le quedaba faena a Morilla. Un centro templado de Corredera golpeó en una mano extendida de Einar, que pugnaba con Dubasin. El colegiado no vio la mano en directo, pero el VAR le advirtió enseguida. La revisión confirmó el penalti, una suerte en la que Otero es infalible. La adrenalina del 1-2 tuvo después secuelas. El debutante Oliván entró con suma dureza a Larrubia. El errático Morilla sacó al defensa amarilla, pero la tecnología le tiró de nuevo de las orejas. Después de mirar el monitor, el colegiado cambió de opinión y terminó expulsando al lateral izquierdo, que no pudo tener peor primer día. La roja a Oliván estropeó el plan y sembró el caos en la ya de por sí apresurada zaga asturiana. Lobete hizo el 1-3 definitivo en una contra. Antes, una frivolidad de Dotor le costó un gol. Los diez de añadido no hicieron más que alargar la agonía de un Sporting que pierde un tren. La derrota sobrevuela fantasmas.
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