Las áreas estropean a un Sporting valiente: derrota en Cádiz
El equipo rojiblanco cae en el Nuevo Mirandilla víctima de su fragilidad en un encuentro vibrante donde estuvo a punto de ser goleador y rozó puntuar al final

EN IMÁGENES: El Cádiz-Sporting disputado en el estadio Nuevo Mirandilla / FC9 / Carlos Gil-Roig
Las áreas condenaron a un Sporting de Gijón tan valiente como frágil. Los rojiblancos regresan a Asturias de vacío después de estar a punto de levantar un partido en el que llegaron a ir perdiendo por 3-0 y en el que el Cádiz acabó suplicando el desenlace (3-2). El equipo gijonés fue tan osado como vulnerable, incapaz de defender su portería hasta el punto de encajar seis goles en apenas dos partidos. El dato es tan duro que ni siquiera se sostiene desde el atrevimiento y la valentía que mostró el grupo de Borja en uno de los estadios más duros de Segunda División, como es sin duda el Nuevo Mirandilla. El comienzo de año ha desnaturalizado a un equipo que había resucitado gracias a su pragmatismo y que ahora vuelve a penar, pese a desplegar un gran fútbol. La derrota echa el freno a un club que aguarda la inminente llegada del nuevo jefe, José Riestra, y al que le apremia el tiempo si quiere corregir la plantilla con dos incorporaciones que den un salto de calidad en las zonas donde se deciden los partidos. El problema del proyecto no parece estar en la falta de gol, sino en la incapacidad para evitar que se los hagan.
El Sporting salió destensado al Nuevo Mirandilla, incapaz de calibrar la envergadura del escenario al que se enfrentaba. La derrota contra el Málaga remitió a los asturianos a sus peores pesadillas. El comienzo de partido fue una cruz, un castigo con el que los gijoneses penaron durante más de 90+6 minutos y que estropeó un meritorio encuentro, sobre todo tras el descanso. La adrenalina de los gaditanos en el arranque colisionaba con la apatía y la falta de orden de los visitantes, que tardaron media hora en coger el pulso a un choque que se les fue de las manos. Después, el Sporting se envalentonó, aunque ya remaba a contracorriente.
Cádiz 3 - 2 Sporting
Los rojiblancos quedaron desbordados enseguida. En un comienzo horrible, el Cádiz pudo dejar el encuentro encaminado tras una ocasión muy clara de De la Rosa de cabeza, antesala de un gol a balón parado horriblemente defendido y en el que Diego Sánchez volvió a salir en la foto tras perder su marca. Los cambios de posición han provocado que el zaguero ya no tenga la concentración y serenidad que le hicieron, en su momento, ser un futbolista ojeado por clubes de Primera División. Moreno ganó la acción de cabeza al primer poste y Álvaro remató solo frente al gol en el segundo palo.
Diferentes actitudes de salida
El resumen del 1-0 revelaba la actitud de unos y otros. Los de Garitano remataron hasta dos veces de cabeza en el área pequeña del Sporting. Los gijoneses no protegieron su área con la contundencia que se le exige a un candidato. Como la zaga —que se pretende reforzar este enero, si queda remanente tras la llegada del 9— está cogida con pinzas, los andaluces encontraban con facilidad atajos para poner a prueba los reflejos de un Yáñez que se ha acostumbrado a vivir con el corazón en un puño. El Cádiz verticalizaba su fútbol. La pelota corría muy deprisa gracias al dinamismo de De la Rosa y Ocampo y a la movilidad de Álvaro y Dauda.
Reacción rojiblanca
Después de otro aviso de Ortuño, el Sporting se levantó. Los rojiblancos comenzaron a dar síntomas de recuperación cuando fueron capaces de encontrar a Corredera y, sobre todo, a Gelabert, desaprovechado en banda e inalcanzable cuando camina hacia el área. El 10 intentó una genialidad cuando se quedó frente a Aznar tras un balón ganado por Otero. El palentino demostró que engaña con su físico —es rapidísimo en carrera— para ganar la batalla en velocidad a los zagueros. Su resolución de vaselina para sortear la salida de Aznar se fue por centímetros. La acción confirmó el cambio de escenario. Gelabert volvió a despertar a Aznar. El meta del Cádiz se ganó el sueldo con una de las paradas de la temporada a un quirúrgico lanzamiento de falta de Corredera. El disparo del centrocampista se estrelló en el larguero tras acariciar las manos de Aznar.
Más ataque asturiano tras el descanso
El descanso no frenó el entusiasmo de los asturianos, que regresaron de los vestuarios con voluntad e ideas, pero sin acierto. Los gijoneses han perdido lucidez en las áreas y la ausencia de colmillo cuesta puntos cuando se visita un escenario siempre complejo como el del Cádiz. Una incursión de Gelabert en el área provocó hasta dos ocasiones clarísimas. La acción fue tan clara como imprevisible. Rosas recogió el envío de Gelabert y vio desmarcado, en una posición ventajosa, a Corredera. Iker salvó en la línea el gol y pareció alentar después a Moreno, su compañero, para que también sacase bajo palos un disparo que iba para dentro de Dubasin.
La falta de inspiración del Sporting empujó al Cádiz a rematar un partido que se le había descontrolado. Ocampo hizo un destrozo a Diego —que compite contra sí mismo— para dejar el encuentro prácticamente visto para sentencia. El extremo marcó un golazo para poner el 2-0. Los gijoneses ponían el juego y las ocasiones, pero los gaditanos, más asentados, se quedaron con los goles para dejar los puntos en el Nuevo Mirandilla. El segundo tanto fue, en realidad, una herida de muerte, por más que Gelabert tratase hasta en dos ocasiones de recortar distancias. Tabatadze vio un filón en la espalda de Diego. En un intento por corregir, Corredera trastabilló al georgiano, que cayó a plomo al suelo. Rafael Sánchez no dudó en señalar el penalti. Tabatadze evitó el milagro de Yáñez con un lanzamiento a la escuadra.
Con un corazón a prueba de balas pese al castigo, los asturianos se empeñaron en morir hasta el final frente a la portería de Aznar. Pero el Sporting nunca se vino abajo. El amor propio tuvo premio tras otra acción en la que faltó destreza. Después de un saque de esquina, Curbelo remató al poste y el rechazo acabó en los pies de Nacho Martín, que se topó con la pierna de Ortuño cuando este iba a corregir. Rafael Sánchez vio penalti en una acción cogida con pinzas. Dubasin metió a los gijoneses en el partido.
Borja —que acabó viendo amarilla— metió hasta cuatro cambios de golpe para estirar a los suyos. Los rojiblancos se vinieron arriba hasta dejar al Cádiz grogui. Ya en el alargue, Gaspar se armó de valor para marcar un golazo con un gran disparo desde la frontal, tocado ligeramente por un defensa. El Sporting murió en la orilla
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