Así... muy difícil: el análisis de Josu Uribe sobre el partido del Sporting en Cádiz
La mayoría de las victorias llegaron por ser una roca como equipo, no por el nivel de juego

Queipo, ante un jugador del Cádiz. / Factoría 9 / LNE
Josu Uribe
Abrieron la última jornada de la primera vuelta en LaLiga Hypermotion dos candidatos a pelear el ascenso a Primera División, Cádiz y Sporting. Noche fría en Cádiz, césped perfecto y un partido que no dejó indiferente a nadie. Los amarillos se quedaron con los tres puntos, una victoria que les mete de lleno entre los seis primeros.
El Cádiz no presentó alteraciones en su once: su habitual 4-4-2, con dos puntas muy marcados como Dawda y Álvaro, potentes y un incordio para la defensa asturiana por su movilidad permanente. Les acompañaron dos bandas muy ofensivas, Ocampo y De la Rosa, y un doble pivote de posición y equilibrio: Diakité y Ortuño. Una apuesta muy ofensiva como local.
El Sporting volvió a mover la pareja de centrales, esta vez en favor de Perrin, acompañando a Curbelo. Y esto deja una lectura clara: hay una carencia importante en una posición determinante, el centro de la defensa. A un entrenador no le gusta tocar una parte tan sensible del equipo; cuando lo hace, algo no va bien.
Doble pivote con Jesús Bernal y Nacho Martín, adelantando unos metros a Álex Corredera para lateralizar a César Gelabert y Jonathan Dubasin, con Juan Otero como única referencia.
Para mí, donde mejor rinden tanto Álex como Gelabert es por dentro. Son dos jugadores que te dan un enorme nivel de juego y trabajo: son muy importantes para el Sporting, pero necesitan estar bien ubicados y cómodos para sacar lo mejor de sí.
El equipo amarillo lleva su fútbol a un ritmo vertiginoso: busca permanentemente la verticalidad y te exige defender muy bien sus transiciones ofensivas.
El Sporting no entró bien al partido: ni en intensidad defensiva —no podía recuperar y salir a la contra— ni en el manejo del juego y del balón. Un error defensivo en una acción a balón parado le costó muy pronto ir por detrás en el marcador y facilitarle al rival lo que más le gusta: atacar la espalda del contrario.
Dos nuevos errores defensivos asturianos dejaron prácticamente cerrado el partido. Errores individuales y, sobre todo, colectivos, a la hora de mantener el balance defensivo cuando hay demasiados jugadores por delante del balón.
La entrada de Dani Queipo hizo retrasar a Corredera al doble pivote e interiorizó mucho más a Gelabert y Dubasin, con mucho ataque de Guille Rosas y Diego Sánchez por fuera. Pero el equipo también quedaba bastante más desprotegido.
Con la entrada de Amadou, Manu, Gaspar y Pablo García, y tirando de un enorme amor propio, el Sporting encerró al rival y le exigió muchísimo en defensa, pero con escaso acierto para conseguir darle la vuelta al marcador.
El Sporting es fiable en el campo y en el marcador cuando es equilibrado. No hace falta generar y llegar tanto al área rival como el pasado viernes en el Nuevo Mirandilla; no hace falta ese nivel ofensivo durante tantos minutos. Lo importante es minimizar errores defensivos y ser un bloque comprometido para recuperar: estar juntos, con ayudas constantes. Ese equipo sí es reconocible y ganador, como se ha visto en anteriores jornadas.
El fútbol es un juego de aciertos: de minimizar tus errores y provocarlos en el rival. Es un juego en el que las áreas marcan el resultado. Si no dominas eso, acabarás cayendo. Podrás dominar otras variantes, pero no serás lo suficientemente competitivo.
El Sporting es capaz de encadenar varios partidos con la portería a cero y, a renglón seguido, encajar seis goles en 180 minutos. Ese desequilibrio y esa falta de estabilidad le impiden mirar hacia arriba de verdad.
Creo que toca un esfuerzo del club para incorporar futbolistas que te mejoren en tu área y en la del rival. Se necesita un central de categoría que refuerce el sistema defensivo y un punta con calidad y gol: dos jugadores diferentes, que cojan el “5” y el “9” y que todos sepamos que son insustituibles.
Primera vuelta irregular, con Garitano y con Borja: victorias brillantes junto a derrotas dolorosas. Una plantilla que debe mejorarse si se quiere apostar de verdad y unos jugadores que deben elevar su nivel competitivo.
Hay tiempo, sí. Pero lo importante es detectar el problema y corregirlo. Los rojiblancos tienen un ramillete de jugadores ofensivos de muy buen nivel para la categoría, pero sin equilibrio entre defensa y ataque es muy difícil. Sin competir de verdad, no se va a ningún lado.
La mayoría de las victorias han llegado no por el nivel de juego o por la cantidad de ocasiones creadas, sino por ser una roca: un equipo poco vistoso, pero eficaz. Todo lo contrario de lo visto en Cádiz.
Segundo partido consecutivo fuera de casa: la Cultural no será un rival fácil. Pero lo más importante es recuperar el nivel competitivo y el nivel de juego, olvidarse del rival y dar un paso adelante en los principios que exige una categoría tan igualada. Porque lo que está claro, amigos, es que este no es el camino. Así es muy difícil.
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