La historia de Vitorín y cómo el fúbol base pasó del barro al caucho en Gijón: "Lo que queda son los amigos, no los resultados"
"Lo dejo porque toca descansar, pero espero que antes el Ayuntamiento cambie el césped de El Tragamón", dice el presidente del Arenal tras 17 años en el cargo

Víctor, presidente del CD Arenal. / Ángel González / LNE

“Toca descansar”. Víctor Manuel Martínez Fernández (Gijón, 1957) representa una época: la de quienes, sin focos, empujaron la evolución del fútbol base gijonés desde los clubes humildes. Extrabajador del sector naval, en 1987 entró en la antigua Ensidesa (hoy ArcelorMittal) y se jubiló como analista de laboratorio. En paralelo, durante casi cuatro décadas, faltó pocos días en el Club Deportivo Arenal. Colaborador primero y presidente durante los últimos 17 años, su historia es la de esa gente anónima que peleó por mejorar condiciones “por pura pasión”, sin mirar al reloj: barro, arena y cal primero; caucho después. Atiende a LA NUEVA ESPAÑA desde El Tragamón, su segunda casa. “Si me dejo llevar por la gente, seguiría, pero toy cansau. Todo tiene su fin”, dice, anunciando que el relevo llegará en abril.
Un hombre, una vida, un club: Arenal como forma de estar en el mundo
“Tengo pensado seguir viniendo a echar una mano a El Tragamón. Como soy polivalente, lo mismo sueldo una portería que hago otra cosa”, cuenta Vitorín, como le conoce todo el mundo en el Arenal. “Eso sí, ya no serán tantas horas, de lunes a lunes”, resume mientras atiende al fontanero porque “hay problemas con la caldera”. Repasa sus inicios: “Empecé entrenando a neños en el Colegio Rey Pelayo. Luego, en 1998, ya vine para los antiguos campos de La Nozal, donde estaba el Tik”. Pasó por alevines, infantiles, cadetes… y también por directivas distintas: con Juanín “El Andaluz”, con Joaquín —cuando se ejecutó el traslado— y terminó de vicepresidente con Darío García Suárez.
Del barro a la estructura: el Arenal se hizo grande a base de pico y pala
La presidencia le llegó “por accidente”. Literal. Tras el ciclón Hortensia (1997), los techos volaron y Darío dimitió después de años de esfuerzo y de poner dinero. Tocó arremangarse en una reconstrucción que no tardó en abrir otro frente. “En 2007 firmamos con el Ayuntamiento de Gijón, tras mucha pugna, mantenernos en El Tragamón y evitar otro traslado. Se nos ofreció irnos a la Laboral, pero era un proyecto falso. No constaba en el Principado. Se nos quería quitar de en medio”, relata. La negociación, afirma, salió adelante con Paz Fernández Felgueroso. “De habernos ido de aquí, la supervivencia del Arenal habría estado en peligro”. Y eso que el club fue “trashumante”: siete instalaciones en Gijón. Hoy presume: “Una de las mejores de Asturias, con un campo de fútbol 11, otro de fútbol 8 y una pista”.
Un club serio, un entorno sano: el objetivo no era ganar, era formar
El CD Arenal maneja hoy alrededor de 340 niños (de 5 a 19 años) repartidos en 22 equipos. “Hay que sumar treinta o cuarenta guajes más de colegios vinculados y profútbol”, añade. Su idea-faro se repite: “He intentado que el Arenal sea valorado por ser un club serio, respetuoso, donde los críos puedan crecer haciendo deporte en un entorno sano”. Se va “satisfecho” por la consolidación, pero al hablar de legado no mira trofeos. “Me siento orgulloso de la cantidad de amigos que he hecho: entrenadores, padres, jugadores, directivos… Eso es lo que te queda, no los resultados. Lucro no hay”. Y remata con una imagen que lo dice todo: “Hay gente que entrené hace años y ahora vuelven al club para que… ¡entrenen sus hijos!”.
La montaña rusa del fútbol base: resultados van y vienen, la familia se queda
Porque si uno vive del marcador, “unas veces estás abajo, otras arriba y otras… eres mediopensionista”. El Arenal llegó a tener al juvenil en División de Honor y ahora sufre en Liga Nacional. “No te puedes ceñir solo a eso”, insiste.
El relevo en abril y una última batalla: el césped pendiente
A quien tome el testigo le pide continuidad: “Trabajar, trabajar, trabajar y cuidar las instalaciones”. Antes de abril, cuando se complete el proceso electoral, el abuelo de Rafa, Marco y Aria se pone un objetivo final: que el Ayuntamiento cumpla con el cambio del césped artificial de los dos campos, previsto para 2021. “Se está reconduciendo todo. Espero que esté hecho antes de que marche”. Vitorín se va, pero dará guerra hasta el último día.
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