Christian Rivera cuadra el triángulo: misma historia de Abdón, "El Culebra" o Jony
El nuevo centrocampista blanquiazul es el séptimo futbolista que acumula partidos oficiales defendiendo las camisetas del Real Oviedo, Sporting y Avilés Industrial

Christian Rivera. / Luisma Murias / LNE

Como acaparador de parámetros socioeconómicos en Asturias, el triángulo invertido que forman Avilés, Gijón y Oviedo también fagocitó el gran meollo del fútbol, si bien la implantación del profesionalismo, del que en 2026 se cumplen cien años en España, provocó que en el vértice superior izquierdo del triángulo, Avilés, la actividad decayera notoriamente respecto a los otros dos. Aún así, dice la ironía, y la realidad, que los tres están igualados en eso de ganar los principales títulos nacionales de Liga y Copa.
En 1926, lo crematístico ya se notaba tanto alrededor del balón que Abdón García, centrocampista del Stadium Avilesino, cambiaba su salario como empleado de la Compañía del Tranvía por el que el Real Oviedo, recién salido de la incubadora, le satisfacía por tratar bien a la pelota. Después de tres años tocándola en Teatinos, Abdón era contratado por el Sporting, para convertirse en el primero en cuadrar el triángulo. En su caso, lo hizo en el sentido contrario a las agujas del reloj, igual que el siguiente, Ceferino Arias –Chichi, en las alineaciones–, pero este, cangués de Narcea, partiendo desde la capital y con el mérito de completar el recorrido pese a la impertinencia de la Guerra Civil. Otros que fueron capaces de acumular minutos oficiales en los primeros espadas de Avilés, Gijón y Oviedo fueron el mierense Manuel Menéndez, el gijonés Cholo Dindurra, el avilesino Manolo Robledo, el ovetense Enrique Iglesias y el primer no asturiano en conseguirlo, Rogelio Madriles, guardameta gallego. A estos se les podrían unir otros como Pilu Lombardía y Rafa De Diego, integrantes del Ensidesa, teniendo en cuenta que la bifurcación del fútbol en la Villa del Adelantado trajo consigo que el club siderúrgico pasara a ser, por encima del antiguo Real Avilés, la referencia local durante tres lustros, hasta la fusión, y defunción, de ambos.
Tras el nacimiento del Real Avilés Industrial, al filo de la media noche del 10 de mayo de 1983, y transcurridos 116 días hasta su primer partido oficial, Juan Valdés se constituyó en el primer jugador global de las que hoy son tres sociedades anónimas deportivas asturianas. Valdés, avilesino de la parroquia de Miranda, atesora una de las trayectorias más representativas de la historia del fútbol asturiano, pues, además, militó en el Ensidesa y el Langreo.
Tendrían que pasar 21 años para la aparición del segundo jugador de los tres vértices. Otro avilesino, Rafa González, lo conseguía en 2004, al debutar con el Sporting de Marcelino García Toral. El guardameta atesora una singularidad reseñable: es el único que participó con los tres equipos en el fútbol profesional. De singularidades, sabe bien Nacho García. El ariete avilesino es el que más partidos disputó (181) y más goles anotó (53) en el global, además de ser el primero que conoció la emoción de marcar enfundado en las camisetas de las tres SAD.
Una particularidad no menos apreciable puede contarla Miguel Cedrón. Criado en la parroquia llanerense de Villardeveyo, el atacante es el único de este ranking que consiguió marcar en cuatro categorías, en Primera y Segunda con el Sporting, en Segunda B con el Oviedo y el Real Avilés Industrial y, como industrialista, también en Tercera.
Números mucho más discretos son los de Jairo Álvarez, pero el interior de Piedras Blancas, sumido en múltiples sinsabores extradeportivos, entre lesiones y desavenencias contractuales Oviedo-Sporting, ya había vestido la azul y la rojiblanca a la edad de 20 años. Con 29, muy dañado por las inclemencias del fútbol, se retiraba sin apenas aportar en el Real Avilés del inefable John Reid Clarkson.
El más joven de este elenco es Jony Rodríguez, que a los 22 años ya había completado el tránsito por el triángulo. Su experiencia en el Real Oviedo fue tan efímera como premonitoria, pues los únicos 12 minutos que le concedía Pichi Lucas, contra el Sporting B, tenían lugar en El Molinón, escenario de sus mejores momentos. Crucial se mostró, por ejemplo, en 2015, año del último ascenso del Sporting a la élite. Un par de temporadas antes, totalmente fuera de forma, había regresado a Asturias para empezar a rehabilitarse en Avilés.
El último de la serie es, a su vez, el único gijonés. Christian Rivera representa otro caso de precocidad y también de turbulencias administrativas. Después de nueve temporadas de formación integral en Mareo, cambió de acera, debutó con el Real Oviedo siendo juvenil de segundo año y, después de pasar por media docena de plazas de la España peninsular e insular, regresó para encontrar su mayor tramo de estabilidad en el Sporting. Ahora, con 28 primaveras, es el séptimo que cuadra el triángulo.
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