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Ipurúa no da concesiones: el Sporting pierde (1-0) en un partido muy igualado en Eibar

El equipo rojiblanco cae en un encuentro súper competido y que se decidió por detalles

Los gijoneses acabaron con diez hombres tras la expulsión de Otero

Andrés Menéndez

Andrés Menéndez

Ipurúa no da concesiones. Y unos minutos de desconcentración en el origen del segundo tiempo le costaron al Sporting los puntos. Un pequeño apagón tras el descanso desniveló un partido súper competido y exigente donde cada uno de los equipos tuvo sus momentos y pudo vencer. Por ocasiones no fue peor el conjunto de Borja Jiménez, que demostró capacidad de resistencia y vendió cara su derrota. Así duelen menos. Queda tiempo. Pero en tierras armeras la pólvora estuvo mojada. Y la Sociedad Deportiva Éibar castigó más en las áreas y se quedó con el partido (1-0). La derrota costó un peaje nada barato. El desenlace se afeó tras un desliz de Otero que vio roja y puede dejar al equipo gijonés sin una pieza clave para un par de semanas.

Eibar
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1 0
Real Sporting
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1-0, min 47: Mada

Alineación Eibar

Magunagoitia (2); Cubero (1), Nolaskoain (1), Moreno (1), Arbilla (2); Mada (2), Olaetxea (1), Sergio (2), Corpas (1); Guruzeta (1) y Marton (2)

CAMBIOS

Bautista (1) por Martón, min 58. Javi M (1) por Olaetxea, min 69. Magunazelaia (1) por Guruzeta, min 69. Jair (1) por Arbilla, min 83. Álvaro R (1) por Mada, min 83.

Alineación Real Sporting

Yáñez (0), Rosas (1), Curbelo (0), P. Vázquez (1), Oliván (1); Corredera (1), Manu (0), Gelabert (1), Queipo (1); Otero (0) y Dubasin (1)

CAMBIOS

Diego (1) por P. Vázquez, min 38. Ferrari (0) por Manu, min 58. Bernal (1) por Queipo, min 77


Germán Cid (Castellano-Leonés). Amonestó a los locales Corpás, Olaetxea y Jair. Por parte visitante, amonestó a Queipo y expulsó con roja directa a Otero

Ipurúa: 5.566 espectadores, con un millar de seguidores del Sportign

Queipo regresó a la alineación en un movimiento para estabilizar al equipo. Se aferró el entrenador rojiblanco a la energía de Corredera para fortalecer la medular a costa de perder su vitalidad en la izquierda. La cuestión no radicaba en quien relevaba a Nacho Martín, una pieza indispensable para Borja Jiménez, sino en qué futbolistas encajaban mejor en la idea para mantener el sistema 4-4-2 con el que el grupo ha alcanzado una mayor fiabilidad. Y Queipo, un gregario, era quien mejor podía desempeñar el papel que antes estaba realizando con acierto Corredera. La apuesta adquirió enseguida sentido. El canterano demostró en el campo del Eibar que es un futbolista muy aprovechable para este Sporting.

La Sociedad Deportiva Eibar entró al verde de Ipurúa con mayor energía y convicción, cualidades que distinguen a este admirable equipo desde que alcanzó y se estabilizó en la élite con Mendilibar y que ahora mantienen sus sucesores en el banquillo. El fútbol de los armeros era sencillo y, a la vez, valiente. El discurso era tan pragmático como efectivo: la pelota corría a la misma velocidad que los jugadores y, a pocos toques, se dirigía siempre hacia las inmediaciones de Yáñez, donde el grupo de Beñat San José acampaba. La intención del Eibar era ahogar a los asturianos en su propio campo. La presión del Eibar en el arranque fue tan asfixiante como coordinada. Hasta el punto de que Arbilla, el lateral izquierdo, le arrebató a Curbelo el balón en su propia área cuando se disponía a salir jugando desde atrás. Sin duda, un exceso en Ipurúa. El error del siempre fiable defensa canario estuvo a nada de suponer un enorme disgusto para la tropa gijonesa, obligada a sobrevivir en un estado permanente de alerta para contener el ritmo de un Eibar incansable. Yáñez, hiperactivo, se lanzó a los pies de Martón para sabotear aquel ataque. Pero los esfuerzos de los locales no tumbaron a un Sporting. Sí les hicieron sudar. Pero este equipo ya da síntomas de madurez y es cada vez más estable. Mérito sin duda de Borja.

Los rojiblancos se pusieron el mono de trabajo y entendieron el partido que les tocaba jugar. Esa capacidad de supervivencia y de adaptación no solo contuvo los esfuerzos de un meritorio Eibar, sino que también les llevó a tener las mejores opciones para adelantarse en el marcador en cuarenta y cinco minutos de esfuerzos continuados. Primero, a balón parado. Después, ya a la contra. Ya saben: quien presiona tan alto y de forma tan valiente, también se expone. Dubasin se elevó por los aires hasta conectar con la cabeza un saque de esquina preciso de Corredera. El remate del pingüino se estrelló en el poste. Pero ya sonaban las alertas. Después volvió a temblar el Eibar tras un enorme esfuerzo en carrera de Otero. Con espacios, se coló hasta la cocina de Magunagoitia, pero Arbilla evitó en el último suspiro que el pase del colombiano alcanzase a un Dubasin que ya se relamía. Pero el Eibar no reculó y mantuvo esa enorme presión. Al menos hasta que les duró la pila. El descanso dio una tregua a los dos equipos después de una enorme paliza. Pablo Vázquez, de hecho, acabó acalambrado; en su lugar entró Diego Sánchez. Perrin continuó sentado en el banco. Un cambio de rol sin duda para el zaguero francés, quien aún deberá competir con Cuenca.

El descanso tuvo un efecto desigual: dio, si cabe, más energía al Eibar, pero despistó a un Sporting que sobrevivía gracias a su concentración y que regresó de los vestuarios apagado. Y sestear en Ipurúa siempre cuesta disgustos. El apagón fue visible en una acción tan rápida como imprecisa en la que Corpás lanzó un balón al espacio impreciso que se afiló tras una horrible salida de Yáñez, a quien se le escurrió la pelota. El balón acabó muerto en el área pequeña del Sporting y quien estuvo más vivo fue Martón. El delantero se lanzó sobre la pelota con la determinación que no tuvieron los zagueros rojiblancos. Luego levantó la cabeza, vio a Mada, mejor situado, que la empujó a la red. El 1-0 dejó grogui al equipo asturiano, que comenzó a desinflarse, y estimuló a los armeros, que se fueron a por más. Fueron unos minutos angustiosos para el Sporting y también para los centenares de hinchas de la Mareona. Nolaskoain, de cabeza, estuvo a punto de aumentar los daños. Y Yáñez se resarció para sacar por abajo un disparo afilado de Corpás.

No le gustaba en absoluto el desarrollo de los acontecimientos a Borja, que se vio obligado a girar. Enseguida tiró de Ferrari. Manu se fue al banquillo. El cambio tuvo sin duda efecto. Los rojiblancos experimentaron una mejoría sustancial. El equipo ya no vivía apretado por el Eibar, sino que salía ya de las líneas de presión hasta aparecer en manada por las inmediaciones de un Magunagoitia que no tenía un respiro. Fueron diez minutos de sometimiento del Sporting, sin premio. Dubasin erró una tras una gran acción de Gelabert. Después, un disparo de Guille Rosas no cogió toda la rosca y se fue a nada de la guarida armera. Pero la más clara en esa fase fue para Otero. El delantero ganó un balón dividido, cuerpeó con Nolaskoain y dejó atrás a Cubero para lanzarse sobre la casa de Magunagoitia. Cogió tanta velocidad en carrera que no vio solo a su lado a Dubasin. Otero, que se fabricó la acción de la nada, vio su gol, pero Magunagoitia le tapó los espacios. Beñat San José temió por la victoria y reajustó piezas: dentro Javi Martínez y Magunazelaia –luego Borja añadiría a Bernal–.

Con el reloj anunciando el desenlace, el Sporting asumió riesgos. Al Eibar ya no le daba para ajustar. Aparecieron los espacios. Y ahí ya saben que quien crece es Gelabert. El 10 aparecía ya por las zonas donde se deciden los partidos. Pero Magunagoitia no estaba dispuesto a dejar pasar su ocasión de ser el héroe. El guardameta sacó una enorme mano a un gran disparo de Gelabert justo antes de que todo implosionase tras una pérdida de papeles de Otero. El cronómetro aún daba minutos y esperanza al Sporting. Pero los nervios propiciaron una reacción nada habitual en el colombiano, que fue advertida por el VAR. La tecnología vio roja en una entrada a destiempo y sin opciones de llevarse el balón del delantero sobre Nolaskoain. Aunque los gijoneses no bajaron los brazos, ahí acabó el encuentro, para desgracia del Sporting.

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