Las áreas mandan en Ipurúa: el análisis del Éibar-Sporting por Josu Uribe
Cuando fue a por el partido, el Sporting demostró su nivel

Eibar - Sporting, en imágenes / FC9 | Carlos Gil-Roig
Josu uribe
Partido tremendamente igualado el que ofrecieron tanto la SD Eibar como el Real Sporting de Gijón este domingo en el mítico Ipurua, que permite a los armeros conseguir su cuarta victoria consecutiva como locales y ver un poco más lejos los puestos peligrosos de la clasificación, así como alejar a los rojiblancos de ese ansiado play off de ascenso a Primera División. Un Eibar, en el inicio del partido, totalmente reconocible en su modelo de juego, con su habitual línea de cuatro defensores, con dos laterales muy profundos como Arbilla y Cubero, que hicieron daño por fuera, junto a un doble pivote muy posicional con Olaetxea y Sergio, acompañados por tres jugadores muy ofensivos como Corpas, Madariaga y Guruceta, junto a un incordio para cualquier defensa en zona de ataque como es Marton, que definitivamente le ha ganado la titularidad a un muy buen delantero para la categoría como es Jon Bautista.
Un Eibar valiente en su propuesta, adelantando mucho la presión para conseguir que el rival no estuviera nunca cómodo en la salida del balón, pero a la vez muy preocupado de que los asturianos no pudieran transitar y correr a la espalda de su mediocampo, sabedores del peligro de los jugadores asturianos en las transiciones ofensivas.
Un Real Sporting con la novedad de Queipo en sustitución del sancionado Nacho Martín y el posicionamiento sin balón de Oliván como tercer central, con Queipo replegando a posición de lateral izquierdo para defender con cinco jugadores al fondo, buscando sobre todo ser fuertes en la gran cantidad de centros laterales que el rival realiza a lo largo del partido, junto a Dubasin y Gelabert ayudando a cerrar los pasillos exteriores, pero defendiendo demasiado bajo, con el peligro que eso conlleva en un campo tan especial como Ipurua.
Un Sporting con la posesión de la pelota que intentaba juntar a Otero con Dubasin por dentro, junto a la llegada por detrás de Gelabert, dejando la profundidad exterior para Queipo y Guille. Un primer tiempo muy igualado, tanto en situaciones de gol como en juego, sin que ninguno se impusiera en su propuesta futbolística y donde las defensas se impusieron a los ataques. Un segundo tiempo donde un error de un hombre que no suele fallar, como es Yáñez, propició que se adelantaran los vascos en el marcador y el partido ya marcó otro rumbo.
Un Eibar que empieza a tomar más precauciones, abandona esa presión tan adelantada y junta más sus líneas en su mitad de campo, buscando reducir al máximo el tiempo y el espacio a su rival, con el objetivo claro de atacar las espaldas con jugadores muy verticales, como tienen los armeros. Un Real Sporting que retira un centrocampista para usar una dupla en ataque con Ferrari y Otero, junto a dos bandas claras como Queipo y Dubasin, más dos laterales profundos como Bryan y Guille, cogiendo el timón del equipo sus dos mejores jugadores, como son Corredera y Gelabert.
Un equipo rojiblanco que, cuando dio ese paso adelante, llegó a tener hasta tres situaciones de gol clarísimas, haciendo al portero vasco el mejor jugador de su equipo. Un equipo rojiblanco que, aun quedándose con un jugador menos tras la expulsión de Otero, encerró a su rival en su área e incluso obligó al técnico local a introducir al central Jair para armar una defensa de cinco jugadores y terminar pidiendo la hora.
El Eibar es un equipo con muy buenos perfiles en ataque, pero que tiene muchísimos problemas defensivos, tanto individuales como a la hora de defender espacios colectivos, sobre todo cuando no recupera rápido y muy adelantado. Es un equipo que todavía no ha logrado ninguna victoria fuera de Ipurua y eso dice mucho de su nivel defensivo como equipo. Un Sporting que, cuando fue de verdad a por el partido y empezó a exigirle al rival con sus mejores jugadores, demostró que tiene nivel de sobra para ganar este tipo de partidos. Solo un error individual en defensa y la enorme falta de acierto en las claras situaciones creadas le impidió ayer puntuar en Eibar.
Lo hablamos en la previa, que es tanto un terreno de juego como un rival muy especiales, que lleva en casa una racha espectacular y que nunca es fácil ganar fuera de casa en esta categoría. Pero es un equipo con muchísimas dudas cuando no tiene el balón y lo ha demostrado a lo largo de todo el año, un equipo que cuando le exiges lo pasa muy mal; cuando los rojiblancos dieron un paso hacia delante lo vimos el domingo. En el fútbol, como decimos siempre, el nivel de juego de un equipo, junto a un buen plan de partido, ayuda a ganar, pero lo que realmente gana partidos son los errores y los aciertos en las áreas, y más en un campo tan especial como el viejo Ipurua, amigos… próxima estación: SD Huesca.
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