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El análisis de Josu Uribe sobre el próximo rival Sporting: Otero y una solución lógica

El gran problema del Huesca está en su relación con el gol

Los jugadores del Sporting, este sábado, en Mareo.

Los jugadores del Sporting, este sábado, en Mareo. / Fernando Rodríguez / LNE

Josu Uribe

La Liga Hypermotion recupera este domingo un horario clásico en el vetusto El Molinón, con un Real Sporting–SD Huesca. Enfrentamiento entre dos equipos apretados por resultados y con objetivos muy distintos desde el inicio de temporada.

En una competición tan igualada, conviene subrayar un patrón que se repite cada año: los equipos de la zona baja, cuyo único objetivo es salvar la categoría, suelen sumar más en la segunda vuelta. Influyen dos factores: las incorporaciones de invierno y, sobre todo, esa sensación de peligro que activa a todo el mundo. Cuando aprieta el hambre, se compite mejor.

El pasado fin de semana se vio con claridad: equipos con urgencias como Mirandés, Granada y Eibar fueron capaces de sacarles los colores a rivales que aspiran a estar arriba como Málaga, Racing o el propio Sporting. La categoría no perdona.

El rival de hoy, la SD Huesca, ha realizado una importante reestructuración de plantilla tras las salidas de Kortajarena (Liga saudí) y Ángel Pérez (al Deportivo Alavés). A partir de ahí, el club ha incorporado perfiles con oficio para elevar el nivel competitivo del equipo.

Han llegado refuerzos con experiencia en la Liga Hypermotion y en ligas exteriores, llamados a dar más profundidad y alternativas: en defensa, Joaquín Fernández (procedente de la MLS); en la medular, Seoane (desde el Real Oviedo) o Agbekpornu (Liga croata); y en ataque, nombres como Aghama (Cádiz), Jordi Escobar (Liga portuguesa), Cantero (Liga polaca) y el extremo uruguayo Laquintana, señalado como sustituto del añorado Ángel Pérez.

En el banquillo está Jon Pérez Bolo, técnico de sello reconocible: intensidad que no se negocia, ataques verticales y un fútbol directo que da mucho peso a los extremos y a la figura del “9” referencia. Sus equipos, además, suelen ser peligrosos en las acciones a balón parado, un apartado que trabaja con mimo.

El gran problema del Huesca está en su relación con el gol. Es, junto al Real Zaragoza, el equipo menos realizador con 22 goles en 24 partidos. Sus máximos goleadores, el asturiano Enol y Sergio Enrich, no superan los cuatro tantos. La falta de producción ofensiva de varios de sus atacantes les ha dejado demasiadas semanas en desventaja.

Aun así, es un equipo hecho para sufrir. No destaca por nivel técnico ni por grandes desequilibrantes, pero con Bolo al mando es seguro que va a competir cada balón y cada duelo para ser incómodo y difícil de batir.

En el otro lado está un Real Sporting que llega tras una derrota y que, en casa, está obligado a quedarse con los tres puntos si quiere seguir mirando a la zona noble y no abrir una brecha con los puestos de privilegio. Más allá del resultado, el gran objetivo es encontrar continuidad de rendimiento.

Además, el Sporting debe reconstruirse arriba por una baja tan importante como la de Juan Otero, sancionado. En ese escenario, la opción más lógica es desplazar a Dubasin a esa zona, por ser el futbolista más desequilibrante y con más gol de la plantilla.

El plan de partido ya es tarea de Borja Jiménez y su cuerpo técnico: si apostar por doble punta, poblar por dentro con más centrocampistas, jugar con laterales largos o activar más juego exterior. Pero la idea base parece clara: el desequilibrio y el gol pasan por Dubasin, y a partir de ahí construir para hacerle daño al rival.

Es un momento de temporada en el que quizá no sea imprescindible meterse ya en puestos de privilegio, pero sí es clave no descolgarse. Mostrar debilidad ahora te puede llevar a la zona de nadie, algo insufrible para la afición rojiblanca y un escenario que ya se vivió el curso pasado, incluso con sufrimiento final.

No será un partido fácil: en la Liga Hypermotion cuesta ganar a cualquiera. Pero el Huesca es inferior en calidad técnica y, si el Sporting exige de verdad, puede hacerle mucho daño en El Molinón. Un estadio que empuja y, por fin, un horario de fútbol de toda la vida: domingo por la tarde.

Solo toca una cosa: ganar.

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