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Así es Álex Martínez, el entrenador del Sporting de Gijón en Albacete: "Es un genio, un estudioso del fútbol"

"Recuerdo cuando me habló de Borja (Jiménez). Este es buenísimo, me dijo", cuenta el ex presidente del Rápido de Bouzas, Manuel Seoane

Entrenamiento del Sporting en Mareo.

Entrenamiento del Sporting en Mareo.

Andrés Menéndez

Andrés Menéndez

"Es un genio. Un tío que cuando acierta muchas veces es que es muy bueno. Es una persona muy preparada, normal y humilde”. La definición resume bien el perfil de Álex Martínez, un técnico acostumbrado a influir desde la discreción y al que este domingo, en el Carlos Belmonte, le tocará asumir un papel protagonista al tomar las riendas del banquillo del Sporting de Gijón. La baja de Borja Jiménez en Albacete, que cumple ciclo de tarjetas, será cubierta por su segundo entrenador de toda la vida, Álex Martínez.

“Su padre es catalán, ingeniero de mucho prestigio, y su madre es de Lugo. Son gente muy preparada y con estudios”, apunta Seoane. “Eso se nota, porque es un estudioso del fútbol”, explican de él. En Mareo es la persona de más confianza de Borja Jiménez, de quien no se separa, y el encargado de la estrategia, entre otras muchas funciones. Este domingo, en Albacete, ese estudio tendrá una traducción directa desde el banquillo. Será solo un partido, pero también una primera lectura pública de un técnico que lleva años influyendo sin necesidad de protagonismo.

Martínez nació en Barcelona y tiene 52 años —once más que Borja Jiménez, que suma 41—, es como si fuera su hermano mayor y, a la vez, ejerce casi de psicólogo. Hoy, Borja Jiménez y Álex Martínez forman una de las parejas de entrenadores más sólidas y prestigiosas del panorama nacional. ¿Pero cómo empezó todo? Hay que remontarse casi diez años atrás. La historia comenzó en la temporada 2017-2018, en un club humilde de Galicia, el Rápido de Bouzas.

Los orígenes en el Rápido de Bouzas

Quien mejor conoce su recorrido es Manuel Seoane, expresidente del Rápido de Bouzas, club en el que la trayectoria de Álex Martínez dio un giro decisivo. “Se vino a ofrecer al Rápido de Bouzas después de lo que sucedió en el Celta de Vigo. Estaba de entrenador en el Celta y había sido jefe de la base del Celta y del Espanyol. Con él, el Celta fue subcampeón juvenil a nivel nacional. Pero allí hubo una trifulca y echaron a muchos. Uno fue Álex. Aquella decisión fue una barbaridad. Había sacado a la mitad de los jugadores de la mejor generación del Celta de Vigo”, explica sobre la llegada de Martínez al club gallego.

“Vino a entrenar en División de Honor. En el debut perdemos en Oviedo, pero le felicito. Recuerdo que Álex me dice: ‘Es la primera vez que me felicitan tras perder’. Pero es que el Oviedo era un buen equipo y competimos muy bien. Solo un mes después ganamos al Sporting en Mareo. Después, Álex se fue a otros lares. Un día me comentó que quería volver y regresó ya como director deportivo. Yo tenía de entrenador a Juan Carlos Andrés, que se fue a la Real Sociedad. Acabábamos de subir a Segunda B. Recuerdo que me habló de Borja Jiménez: ‘Este es buenísimo’, me dijo. Fue una apuesta y salió fenomenal”.

Las primas en el Rápido de Bouzas: jamón y langostino

La elección del entrenador para el Rápido de Bouzas en la temporada 2017-2018 no pudo ser más acertada. “Fue una temporada fantástica”, resume Seoane sobre aquel curso donde el modesto club gallego estuvo a nada de alcanzar el fútbol profesional. El Rápido de Bouzas acabó quinto, lideró la clasificación durante buena parte del curso y se quedó a un paso de disputar la promoción de ascenso. “Teníamos un presupuesto de un millón de euros. Éramos muy pobres, pero competíamos contra cualquiera”. Incluso llegaron a irse al descanso ganando en el campo del Real Madrid Castilla, con Vinicius sobre el césped. “Conmigo ganaban 1.500 euros al mes cada uno; después de aquí ya ganaron pelas”, recuerda entre risas. “Hubo dos partidos que no perdimos contra el Madrid Castilla y otro rival complicado. Les dimos de primas un jamón y una caja de langostinos. Éramos tan pobres que hacíamos las comidas en el autobús. Álex era quien cocinaba, un cocinero cojonudo. Ellos son mis pitufos. El día que ganaron en el Camp Nou… me alegré un huevo”.

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