El Sporting de Gijón colapsa en Andorra: derrota 1-0 que enciende las alarmas
Un gol en el añadido tumba a un equipo rojiblanco que hizo un partido muy vulgar y alarga una dinámica inquietante que deja al equipo en tierra de nadie

En imágenes: las fotos del partido entre el Andorra y el Sporting de Gijón / Factoría 9

El Sporting de Gijón cayó con todo el equipo en el Estadi Nacional de Andorra. La derrota (1-0) llegó cuando el equipo gijonés pareció abrazarse a un empate que jamás mereció conseguir. El resultado vuelve a interrumpir el proyecto, que se queda en tierra de nadie y alarga una dinámica preocupante. Tres puntos de doce no es un bagaje que pueda defender ningún aspirante. El problema no está en las cuentas con Borja Jiménez, capaz de levantar a un equipo grogui que ha perdido fuelle, sino en que el déficit de la era de Garitano no permite más colapsos en plena carrera ni tampoco la composición de este proyecto puede tolerar una versión más gris de los atacantes. El momento de estos –fuera caretas– empieza a ser preocupante.
Los cinco primeros minutos en el Estadi Nacional fueron un auténtico horror para el Sporting, que salió destensado, incapaz de contener a un Andorra que comenzó mandando e imponiendo su estilo, muy vertical. El estropicio fue tremendo para la tropa gijonesa cuando Yáñez se lesionó en el aductor en una heroicidad. El guardameta hizo un mal gesto –o uno muy bueno, según se mire– para sabotear un disparo a bocajarro de Cerdá después de una gran acción de Domenech por el costado izquierdo. El capitán se marchó del terreno entre lágrimas, incapaz de encontrar consuelo, maldiciendo su suerte –con su mujer e hijo en las gradas–. A falta de más pruebas, la noticia enciende todas las alarmas en Mareo. La acción fue tan rápida que cogió con el pie cambiado a todos. También a Christian Joel, que ni siquiera pudo calentar y que hereda la portería en el momento más importante para el proyecto a escasos meses de acabar contrato.
La caraja fue aún más relevante cuando Gael Alonso remató solo en el área pequeña tras un saque de esquina. Se desesperaba Borja en la banda con el nivel de su equipo, abrochado de nuevo con el 4-4-2 para intentar sacar tajada a ese loable desempeño de un Andorra que asume riesgos. Los gijoneses se repusieron a esos minutos de angustia y, al menos, se quitaron de encima la presión a través de las piernas de Otero. La velocidad del cafetero es siempre una buena solución cuando no existen salidas. Corredera se inventó después un pase genial, creado por la pizarra, para dejar a Queipo algo escorado frente a Owono. Pero el canterano no se perfiló de la mejor manera y remató demasiado cruzado. Fueron solo unos minutos en los que el Sporting pareció reanimado; el partido volvió a orbitar hacia el terreno local, con un Andorra monopolizando el balón y también generando situaciones de peligro. El asunto estaba en que no conseguían los gijoneses tapar las líneas interiores. Y por esa zona se acumulaban hombres: Le Normand, Domenech y Minsu. El Andorra no solo era un equipo preciosista; también se mostraba temible cuando la pelota alcanzaba los tres cuartos de campo. Ahí los del Principado metían la quinta marcha. El atacante surcoreano obligó a Christian Joel a sacar lo mejor de sí mismo para evitar un golazo
El planteamiento de Borja Jiménez proponía un ida y vuelta para sacar partida a las transiciones de Otero y Duba, casi siempre muy vigilados por la zaga, pero parecía desnudar la medular, siempre en inferioridad numérica. Y ahí los de Carles Manso estaban ganando todas las batallas y empujando a su rival a conceder demasiados metros. Sobrevivían los gijoneses como podían, aculados en su propia área. Un dato que resumió el primer tiempo: el Andorra lanzó ocho saques de esquina por ninguno del Sporting. En el último, Alende llevó a más de uno a un ataque de nervios. El central –que quería reclutar Rubén Albés en su etapa en Gijón– remató a escasos centímetros de la guarida de Joel. La lluvia del modesto Estadi d’Encamp obligó a la gente a sacar el paraguas y despidió un primer acto donde lo mejor para los asturianos fue el resultado.
No emergió una mejor versión del Sporting tras la salida de los vestuarios. Si acaso, el tema se afeó. Siguió apretando los dientes el Andorra, estimulado. Joel tuvo que sacarse de encima un disparo con veneno de Molina, peligroso por la cantidad de gente que había delante. Luego Cerdá estuvo a nada de alcanzar la gloria. Los andorranos tenían a los gijoneses contra las cuerdas. Pero les faltaba la puntería. No le alcanzaba para el gol al valiente equipo de Manso. Los metieron a todos en el Arcángel. La falta de olfato de los locales pareció alentar al Sporting, que comenzó a avanzar su posición.
Una gran aparición de Rosas brindó el pase de la muerte. Pero Dubasin y Otero no interpretaron la acción. Ese fue el último servicio para la causa del lateral derecho, relevado por Kevin, llamado a filas a la vez que Bernal. Los asturianos ya no solo resistían, también en ocasiones se iban adelante. Fue de nuevo una mejora, pero inconstante, señal de un partido donde el Sporting nunca encontró su sitio. Una pifia de Owono estuvo a nada de ofrecer una solución, pero Gelabert tardó en mirar al frente. Pero el error grosero lo cometió después Curbelo, muy errático durante toda la tarde, demasiado precipitado. Avanzó su posición el zaguero para anticipar, pero se quedó a medias y dejó a Cerdá cara a cara frente a Joel. El disparo del atacante rozó el travesaño. No se lo podía creer la gente en el Estadi. No le dio tiempo a lamentarse al chaval. Poco después el atacante volvió a rozar el gol tras un cabezazo picado. Sucedió que el fútbol a veces es un deporte justo. Como los andorranos no encontraban la fórmula, tuvo que ser un estropicio quien remató la faena. Ya en el tiempo añadido, para mayor dolor de la Mareona. Yeray, que llevaba apenas unos minutos en el campo, disparó con tan mala fe que su remate cogió el pie muerto de Bernal hasta desviarse para colarse por el primer palo. El gol llegó en el 93, un mazazo terrible. Pero premió la versión más mediocre de un Sporting que en el Estadi General no fue un aspirante, sino más bien un equipo vulgar más de esta categoría en la que lleva una década atrapado.
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