La afición del Sporting vive el partido fuera de El Molinón: "Me quedo fuera porque quiero que pierda el palco"
El gol de Otero se vive como una verdadera final en los bajo del estadio municipal

María Rendueles
El partido empezó, pero el ambiente no fue el que cualquiera habría imaginado unas horas antes. Lo que podía ser un Carling Gol o un Cañada Real prácticamente vacíos, con todos los aficionados ya dentro del estadio, esta vez ocurrió justo al revés. Porque dentro del campo quizá no estaba toda la afición, pero cerca sí. Tan cerca como a cruzar una puerta.
Alrededor de 2.000 personas se quedaron en los bajos de El Molinón como si de una previa se tratase, mientras dentro se acomodaban 11.627 aficionados. Incluso los más pequeños, acompañados de sus padres, no quisieron perderse la cita. Sonia Fidalgo lo explicaba mientras sujetaba de la mano a su hijo Pelayo, de diez años: “Nos apetecía venir igualmente, aunque no me imaginaba que tanta gente se quedaría fuera”.
El ambiente mezclaba resignación, protesta y también ganas de animar. Muchos coincidían en dos ideas muy claras: “Hay que animar igual que cuando juegan fuera” y “ya pagamos suficiente de abono como para sumar los 20 euros de suplemento; 10 vale, pero 20…”. Lo decía Álvaro Gonzalo junto a un grupo de amigos que también decidió quedarse fuera.
No todos tomaron la decisión por los mismos motivos. Laura Iglesias contaba que “cogí el suplemento antes de toda la polémica y le vendí la entrada a uno del Dépor”. Sergio Fanjul era todavía más directo: “Yo me quedo fuera porque quiero que pierda el palco”. Verónica Omar reconocía que la decisión no era fácil: “Me da pena no ir al campo, porque además el partido va a ser intenso, pero creo que nos merecemos un poco de respeto por parte de la directiva”. Y Javier Llediaz insistía en el enfado general: “Es una vergüenza que haya reuniones con delegados que representan a la afición y que no atiendan a las peticiones, ni siquiera bajar los suplementos”.
Aun así, nadie perdió de vista el partido. Álvaro Grande resumía el sentimiento general: “Está complicado. Se puede acabar hoy la temporada, pero confío en que no”.
El partido no solo se vivía dentro. A los 17 minutos, dentro y fuera del estadio se celebró el gol de Otero como si fuese un final. De hecho, fuera se vio con unos segundos de retraso por televisión, lo que provocó una escena curiosa: el aviso llegó antes que la imagen. La gente ya sabía que había gol y todos se prepararon para verlo en la pantalla. Cuando apareció, la explosión fue la misma.
Y mientras el partido seguía su curso dentro, fuera continuaba una especie de partido paralelo: gente animando, protestas, risas, tensión y la sensación general de que, esta vez, el ambiente del Sporting no estaba solo en el césped, sino también justo al otro lado de la puerta.
Y así acababa la primera parte, con 1-0 a favor del sporting, y de la afición.
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