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La intrahistoria de los incidentes de El Sardinero: de los insultos al entrenador del Sporting a la expulsión de cuatro aficionados del Racing

El presidente del club cántabro, Manolo Higuera, pidió disculpas a Borja Jiménez al término del encuentro

El partido entre el Racing de Santander y el Sporting, en imágenes

El partido entre el Racing de Santander y el Sporting, en imágenes / Marcos León

Andrés Menéndez

Andrés Menéndez

Así fue la intrahistoria de unos episodios lamentables que han demostrado lo peor del fútbol y también lo mejor. Lo peor, por la gravedad de lo vivido. Lo mejor, por la reacción, la unidad y la solidaridad. Los insultos a Borja Jiménez en El Sardinero, con dos expresiones tan graves como “hijo de puta” y “enano”, acabaron activando el protocolo durante el Racing-Sporting en El Sardinero a petición del técnico rojiblanco. El colegiado fue Daniel Palencia Caballero, que detuvo el partido tras ser advertido de lo que estaba ocurriendo en la zona situada detrás del banquillo visitante.

Ahí arranca la intrahistoria de una noche desagradable, marcada por un episodio que vuelve a retratar hasta qué punto el odio y la falta de respeto siguen campando por los campos de fútbol. Borja Jiménez dijo basta. Lo hizo en voz alta, en pleno partido, y lo volvió a hacer después, ya ante los medios, cuando denunció que “por desgracia se ha normalizado el insulto y la falta de respeto” y lamentó que en el fútbol haya “mucho maleducado”. La reacción fue inmediata. La Policía identificó y expulsó del estadio a cuatro aficionados por esos insultos, mientras el Racing se volcaba con el entrenador del Sporting en un intento de atajar la situación con rapidez y de acompañarle en un momento especialmente desagradable. En esa misma línea, el presidente del club cántabro, Manolo Higuera, le trasladó personalmente sus disculpas tras el encuentro.

También José Alberto se posicionó con claridad. El técnico del Racing no solo mostró su solidaridad con Borja Jiménez, sino que dejó una reflexión muy gráfica sobre la deriva que se vive en muchos estadios: “No vale insultar de manera gratuita. Yo no voy a la pescadería a insultar al pescadero”. Antes, además, había querido “pedir disculpas de parte de todos a Borja Jiménez” y dejar claro que son situaciones “que se tienen que erradicar”.

En medio de toda esa secuencia también hubo confusión inicial por el mensaje emitido por megafonía, pero con el paso de los minutos quedó aclarado que el origen del protocolo estaba en los insultos dirigidos al entrenador rojiblanco. El episodio, en cualquier caso, llegó en una semana especialmente sensible en el fútbol español, después de los incidentes racistas registrados en el España-Egipto disputado en el RCDE Stadium, un contexto que ayuda a entender la alerta con la que se actuó.

El fondo del asunto va más allá de un caso concreto. Lo ocurrido en El Sardinero vuelve a abrir una herida demasiado conocida: la de una violencia verbal que durante años se ha tolerado como si formara parte del paisaje. Esta vez, sin embargo, hubo un entrenador que decidió frenarlo y un entorno que respondió de inmediato. Ahí estuvo también la otra cara de la noche: la solidaridad entre profesionales y una reacción firme ante un episodio que jamás debió producirse

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