El Sporting no tira la toalla: victoria 1-0 ante la Real B que mantiene vivas las mínimas opciones de play-off
El equipo gijonés despachó una más que correcta actuación ante el filial txuri-urdín, pero volvió a adolecer de colmillo y acabó sufriendo para mantener la renta lograda por el gol de Gaspar

Así fue el partido entre el Sporting y el Real Sociedad B / Ángel González
El Sporting se reivindicó en El Molinón con una victoria (1-0) ante la Real Sociedad B que ayuda a cicatrizar la brecha social y mantiene mínimas esperanzas en la candidatura al play-off. El equipo gijonés despachó una actuación más que correcta ante el frágil filial txuri-urdin. Pero volvió a adolecer de colmillo para sacar ventaja a sus múltiples llegadas y dejó vivo y coleando a la Real B hasta un final de partido donde alguno en las gradas seguro que sufrió un ataque de nervios. No hay partido sencillo para el equipo asturiano en El Molinón. Ese defecto es seguro uno de los que más pesan en este curso irregular. El gol de Gaspar le dio para sacar adelante una esforzada victoria. Un triunfo siempre es un triunfo, aunque en la atmósfera se palpe de manera innegable pesimismo con una remontada que ahora mismo es más una cuestión de fe que de estadísticas.
El ambiente estaba tan enrarecido y desanimado, consecuencia inequívoca de que aún retumban los ecos del conflictivo día del club. Y eso que respondió El Molinón, con una entrada aparente (16.778 aficionados). Pero no es lo mismo ir que confiar. La gente en Gijón es inteligente y también consciente de que hace tiempo que, salvo gran milagro, la campaña está casi finiquitada. El equipo de Borja Jiménez, en cualquier caso, salió estimulado y con el ánimo de dedicar un triunfo a su gente para también alargar las cuentas de la lechera. En cuestión de doce minutos, hasta tres ocasiones clarísimas tuvieron los rojiblancos, negados de cara a portería. Dos de un Gaspar hiperactivo y que no paró de intentarlo. Y otra más de Pablo Vázquez —esta de cabeza— que exigió al omnipresente Arana hasta hacer una de las intervenciones del campeonato. Diego Sánchez y Corredera también amagaron. Pero aguantó la chavalada realista. Y así se esfumó otro buen puñado de minutos de un Sporting tan imprevisible como el que más, y al que ahora ya no le cuestionan el juego sino que le juzgan por el acierto, pírrico por cierto. En las áreas tiene el equipo un problema monumental. Una paradoja, en realidad, porque es precisamente ahí donde se reúnen los jugadores más valiosos del plantel: Yáñez en la propia, y en la otra los Gelabert, Otero, Gaspar o Dubasin.
La falta de resolución plantea preguntas a los rectores que deberán resolver en verano para evitar otro curso mediocre. Por el momento, José Riestra aboga por la continuidad de una plantilla repleta de jugadores con contrato en vigor. De vuelta al campo, los guajes de la Real salieron airosos del tramo más lúcido del Sporting y, cuando vieron que los puños de su oponente no llevan veneno, comenzaron a asomar por la guarida de Yáñez. Primero fue Carrera quien estuvo a punto de meter la bota en una posición muy ventajosa. Después, Marchal vio solo a Mariezkurrena y el remate de este puso a más de uno de los nervios, pero se fue ligeramente desviado.
Pero el ánimo del estadio cambió de verdad cuando Germán Cid se sacó de la manga una presunta falta de Guille Rosas por cargar a Balda, que se desequilibró y acabó en el césped. La acción acabó en golazo del lateral gijonés, que le hizo una picadita sutil a Arana. José Antonio López tardó varios minutos en revisar desde el VAR un contacto que pareció un lance del juego. Y acabó manteniendo el criterio en directo de Cid. El cabreo de Borja Jiménez fue de aúpa. No se lo podía creer el entrenador abulense, sin nada de suerte desde su aterrizaje en Mareo. Si no golpean las lesiones, aparecen otros elementos desafortunados como el arbitraje. Los minutos que llegaron después del no gol de Rosas fueron sobresalientes. Atrincheró el Sporting en su área a una Real B empequeñecida en El Molinón. El bombardeo fue inagotable. Arana sacó otra mano a otro remate de Pablo Vázquez; después a Gaspar le faltaron un par de centímetros para encontrar portería tras una rosca perfecta; más tarde fue el nipón Kita quien le arrebató en la misma línea lo que habría sido un gol estupendo de Otero; y otro disparo sin colmillo de Smith. Cuando ya languidecía el primer acto llegó el gol. Después de una acción grupal precisa, Rosas ganó por enésima ocasión la línea de fondo para meter un centro picadito que aterrizó en el segundo palo; por allí apareció el más insistente, Gaspar, que acarició la pelota con la testa. El 1-0 no es que fuese merecido, es que el resultado era muy corto para los merecimientos de los dos contrincantes.
El descanso adormeció al Sporting. Los gijoneses se sintieron tan superiores y ya con una renta que defender que bajaron sobremanera el ritmo. El filial realista, mientras, ya no estaba muerto de miedo, ni se limitaba a sobrevivir, y comenzó a subirse a la chepa de un equipo gijonés conformista. Tanto fue así que hasta que Eceizabarrena les metió un buen susto en el cuerpo no hubo reacción. La ocasión del joven atacante realista desperezó al equipo asturiano y reactivó a Gelabert, un jugador que es precioso de ver. Los contactos del mediapunta siempre mejoran cada acción. El fútbol del Sporting fluye siempre mejor cuando irrumpe el 10. El encuentro en El Molinón se detuvo seis minutos mientras los sanitarios atendían a un aficionado rojiblanco en la Grada Este. El episodio creó preocupación, apenas unas semanas después de la trágica pérdida de Tante Rodríguez. Por suerte, el incidente no escaló y el seguidor pudo abandonar el campo a pie.
El parón volvió a enfriar al Sporting al tiempo que el triple cambio de Ansotegi despejó a una Real que comenzó a avanzar metros. La entrada de Dani Díaz mejoró una barbaridad a los txuri-urdin. Precisamente un centro del 7 hizo sudar a un Yáñez que hasta entonces era prácticamente un espectador. Lo apretado del resultado aumentó la tensión en el desenlace. Apretaba la necesidad, y Borja Jiménez pasó a línea de cinco defensas al introducir a Curbelo. La modificación trató de tapar agujeros, aunque la zaga tembló hasta el final. Estuvo a nada de hacer el 2-0 Otero para evitar el suspense final. El pequeño Mariezkurrena pegó un salto de aúpa para sacar el gol en la línea. Pero el sufrimiento duró 98 minutos y una carambola al final provocó sudores en la gente.
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