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El análisis de Josu Uribe sobre el rival del Sporting: lo difícil es hacerlo fácil

Sobre el Cádiz y sus dificultades de planificación y económicas que se han trasladado al terreno de juego

Jornada 36 de LaLiga Hypermotion en El Molinón, con la visita de todo un histórico de nuestro fútbol como es el Cádiz CF, un equipo que llega muy necesitado de puntos para eludir el descenso de categoría y con una racha muy negativa de resultados: una sola victoria en las últimas 14 jornadas, además de cinco derrotas consecutivas.

En el fútbol actual siempre se ha hablado de la importancia de la causalidad, de huir de los tópicos de la buena o la mala suerte. Hoy vemos cómo uno de los equipos más grandes del mundo permite que sus jugadores decidan quién les entrena, cuánto y cómo se entrena, o incluso que se consienta que un futbolista cuestione una sustitución sin que pase nada.

Hoy vemos también cómo uno de los clubes más importantes del mundo carece de una estructura deportiva sólida, mientras el presidente decide pagar traspasos elevadísimos por jugadores que no lo valen o que ni siquiera necesita, prescindiendo además de la opinión del técnico a la hora de incorporar futbolistas en una posición donde la salida de Casemiro, Kroos y Modric ha limitado al equipo tanto en calidad como en competitividad. Cosas del fútbol.

El Cádiz tiene muchos problemas sobre el verde, pero sus dificultades empiezan fuera de él. La semana pasada hablábamos del porqué del éxito de un club pequeño como el Burgos, y ahora vemos el porqué de la situación de un gigante como el club amarillo, que tras un descenso encadena dos temporadas desastrosas, rozando de nuevo el abismo.

El club amarillo ha puesto su estructura deportiva en manos de un exfutbolista sin experiencia ni la formación actual requerida para un cargo como este, como es Juan Cala. No dudo de que el día de mañana pueda desempeñarlo bien, pero las prácticas son en la universidad, no en el mercado laboral. Los amigos, fuera del fútbol. Es un club cuyo patrimonio futbolístico es cada año más débil sobre el césped, donde los jugadores no alcanzan un valor de mercado que permita posibles ventas, donde hay un carrusel continuo de entrenadores y donde muchas incorporaciones no ofrecen el nivel que exige la categoría.

No creo que la desastrosa situación deportiva y económica de los amarillos sea una casualidad. En el mercado invernal, además, se reformó poco y mal un equipo que realmente necesitaba cambios para evitar problemas. Incorporaciones como las del extremo Cordero, el central Arribas o el punta Domina no han mejorado en nada los grandes problemas que el equipo debía solucionar en relación con el juego. La salida de Garitano y la llegada de un buen técnico como Sergio González no han podido, de momento, reconducir a un equipo con enormes problemas tanto en el césped como en la urgencia de obtener buenos resultados.

Ha sido, a lo largo del año, un equipo con mejor comportamiento como visitante que como local; un conjunto al que le cuesta tanto atacar bloques muy bajos como defender en posiciones muy adelantadas. Tiene jugadores rápidos y muy verticales, capaces de hacer mucho daño al contraataque, pero sus enormes problemas defensivos, tanto individuales como colectivos, le hacen muy endeble sin balón y le impiden transitar como sí hacía en la primera parte del campeonato.

Es un equipo con muchos problemas para defender espacios hacia atrás por falta de velocidad y, sobre todo, un conjunto que actualmente muestra una falta de agresividad defensiva y ofensiva que lo hace muy vulnerable y muy poco competitivo. Sergio González ha variado mucho, tanto en modelo como en nombres, ante la falta de resultados, sin encontrar todavía el equilibrio deseado. Ha utilizado estructuras con una línea defensiva de cuatro jugadores, siempre junto a un doble pivote, al que puede acompañar un tercer centrocampista o un segundo punta.

En posiciones más ofensivas ha apostado por jugadores muy explosivos por fuera o por perfiles más técnicos para intentar tener algo más de control del juego, junto a una referencia más adelantada donde el bajo rendimiento general no ha dado continuidad ni a la idea ni al futbolista. También ha habido inestabilidad en la portería, con titularidades repartidas entre Aznar y Gil. Ya se sabe: los porteros siempre acaban pagando los males del equipo.

Laterales muy ofensivos como Climent, Iza, Sergio o Caicedo, junto a centrales fuertes como Moreno Recio o Kovasevic, completan una línea defensiva con muchos problemas actualmente, sobre todo porque el equipo tiene muchas limitaciones a nivel defensivo una vez pierde el balón. En el centro del campo hay un jugador por encima del resto, como es Diakité, muy completo tanto con balón como sin él.

Junto a él aparecen futbolistas más técnicos como Ortuño o Álex Fernández, quedando Diarra como otra alternativa más de ida y vuelta para el centro del campo amarillo. La mediapunta está reservada para jugadores de muchísimo nivel como Suso o el lesionado Ontiveros, futbolistas capaces de dar la pausa necesaria al juego y de marcar diferencias individuales. Por fuera, la velocidad y la explosividad de Ocampo, Cordero o De la Rosa, junto a delanteros de referencia muy potentes y más preparados para atacar espacios que para pelear ante defensas muy cerradas, como Dawda, Roger y Álvaro, definen el perfil ofensivo del equipo.

La lesión de su goleador, Tabatadze, les ha hecho mucho daño, tanto en el juego como en la capacidad realizadora del georgiano en ataque. La llegada a última hora de Lucas Pérez para reemplazarlo ha supuesto un golpe de ilusión para la afición. Habrá que ver ahora qué prestaciones puede ofrecer y cuál es el nivel actual del buen delantero gallego. Enfrente, un Real Sporting con poco que ganar a nivel clasificatorio, pero con la necesidad de ofrecer buenas sensaciones y sumar puntos ante una afición que realmente lo merece y lo necesita.

La necesidad, en el fútbol y en la vida, es un motor extra que te empuja a dar lo mejor que tienes, y está claro que los amarillos se juegan la vida este domingo en Gijón. Pero un jugador del Real Sporting que se pone esta camiseta en su estadio está obligado a dar el máximo en su rendimiento, tanto individual como colectivo. No olvidemos que si se ha llegado a esta situación ha sido por la falta de regularidad en el rendimiento del equipo, por un montón de errores defensivos y por una enorme falta de competitividad en las dos áreas, factores que han limitado claramente el número de puntos conseguido.

Así que ahora toca cerrar bien el año, competir con dignidad todos los puntos que quedan en juego y, sobre todo, empezar a trabajar de cara al futuro. Hay que empezar a crear las bases de un buen equipo, mantener lo bueno que se tiene y, sobre todo, incorporar jugadores que aporten nivel y profundidad a una plantilla a la que este año le ha faltado de todo eso. Junto a ello aparece la importancia de Mareo, algo que muchos han olvidado y que ha sido pieza fundamental en el funcionamiento de este club durante toda su historia.

Durante muchos años salieron de allí jugadores para Primera División y ahora somos incapaces de sacar futbolistas incluso para LaLiga Hypermotion. A día de hoy, a Mareo hay que darle un cambio brutal; convertirlo de verdad en un centro de alto rendimiento, con los mejores profesionales trabajando con los jóvenes. Y, como decía el bueno de Montes, a los guajes hay que trabajarlos durante la semana y luego ponerlos, porque no son peores que los que vienen de fuera. Pero para eso hay que trabajar duro en la formación y, sobre todo, creer en ella.

El Málaga, con un 90 por ciento de jugadores menores de 24 años y casi todos procedentes de su cadena de filiales, nos está dando una enorme lección de competir y formar. ¿Casualidad o causalidad? A día de hoy, Mareo ni forma, porque no salen jugadores preparados para el fútbol profesional, ni compite, porque estando en la quinta categoría del fútbol español resulta muy triste estar a veinte puntos del líder. Lo difícil del fútbol es hacerlo fácil, amigos. Cosas del fútbol.

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