La confesión de los hijos de Quini sobre el secuestro del mito del Sporting: "Él logró perdonarles, algo que mi madre nunca consiguió"
"Llegó a temer por su vida", recuerdan Lorena y Enrique de Castro en un programa de televisión tras el estreno de la serie inspirada en el rapto del Brujo

Por la izquierda, Núñez y Quini, tras la liberación del Brujo en 1981. / LNE
O. N.
El secuestro de Enrique Castro “Quini” en febrero de 1981 conmocionó a toda España y se convirtió en uno de los episodios más impactantes de la historia reciente del deporte. Durante 25 días, el entonces delantero del FC Barcelona permaneció retenido en un zulo de Zaragoza, mientras el país seguía con angustia cada novedad del caso, en un contexto marcado además por la incertidumbre política de aquellos días —con el intento de golpe de Estado del 23-F produciéndose en pleno cautiverio—.
En un primer momento, la autoría del secuestro se atribuyó a la organización terrorista ETA, lo que incrementó la tensión social. Sin embargo, la realidad fue muy distinta. Cuando la Policía dio finalmente con el paradero del futbolista y logró liberarlo con vida, el 25 de marzo de 1981, se encontró con una escena inesperada: tres hombres sin vinculación con ningún grupo armado, que habían actuado por motivos económicos tras quedarse sin trabajo. Un suceso en el que ahora se ha inspirado una serie de televisión.

Por la izquierda, Enrique y Lorena, durante la entrevista con Sonsoles Ónega. / LNE
Décadas después, sus hijos, Lorena y Enrique de Castro, han recordado cómo vivió su padre aquellos días y, especialmente, el momento de su liberación. “El día que lo liberaron fue el día que más miedo pasó”, señaló Lorena, durante una entrevista en el programa de televisión "Y ahora Sonsoles", de Antena 3. Lorena añadió, respecto a su padre, que “sí que creo que llegó a temer por su vida” en ese instante final del secuestro.
Pese a la dureza de la experiencia, el relato familiar apunta a que el trato recibido durante el cautiverio no fue extremadamente violento. “Sí que nos decía que no le trataron tan mal: le daban periódicos, comida...”, explicó Lorena, subrayando la complejidad emocional con la que Quini afrontó posteriormente lo sucedido.
El secuestro dejó una huella profunda en la vida del futbolista, pero también marcó su forma de entender el episodio. Lejos de mantener el rencor, optó por el perdón. Renunció a la indemnización que le correspondía y pidió que no se castigara con excesiva dureza a sus captores. “Logró perdonarles, algo que mi madre nunca consiguió”, adviertieron sus hijos.
Aquel gesto contribuyó a consolidar la imagen de Quini no solo como uno de los grandes delanteros del fútbol español, sino también como una figura humana de enorme dimensión, capaz de sobreponerse a uno de los episodios más traumáticos de su vida.
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