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Habla el director del IES Padre Feijoo que acogerá a los canteranos del Sporting de Gijón: “Es un ambiente muy bueno que les va a beneficiar”

“Me parece un acierto enorme que la entidad no solo se preocupe del aspecto deportivo, también lo académico", dice Ángel Arcadio Menéndez

La bandera del Sporting reflejada en un charco en Mareo.

La bandera del Sporting reflejada en un charco en Mareo. / Ángel González

Andrés Menéndez

Andrés Menéndez

El IES Padre Feijoo y el IES Calderón de la Barca forman parte del nuevo escenario educativo que se abre en Gijón tras el giro estratégico del Sporting de Gijón, que ha decidido que sus juveniles de División de Honor pasen a entrenarse en horario matinal en Mareo, en un cambio estratégico avanzado por LA NUEVA ESPAÑA. La medida obliga a repensar la compatibilidad entre formación académica y exigencia deportiva, y sitúa a ambos centros como piezas clave en la adaptación de los jóvenes futbolistas a esta nueva realidad. En ese contexto, el director del IES Padre Feijoo, Ángel Arcadio Menéndez, explica cómo el bachillerato nocturno puede convertirse en una vía eficaz para dar respuesta a esta situación. “El bachiller nocturno son las mismas materias repartidas en tres años para dar facilidades a personas más adultas que están trabajando o que se desengancharon de los estudios”, señala, poniendo el foco en el carácter flexible de una modalidad diseñada originalmente para quienes necesitan compatibilizar estudios con otras responsabilidades.

La posible incorporación de jugadores del Sporting introduce, no obstante, un matiz relevante. “Está pensado inicialmente para personas adultas; pero cabe la posibilidad de, en ‘circunstancias especiales’, que nos permita el acceso a alumnado menor de edad. Tenemos que solicitar una justificación a la Consejería. Cada uno viene con distintas circunstancias y hay que ver cómo encajan”, apunta Menéndez, dejando claro que el encaje de estos perfiles requerirá de una adaptación específica dentro del marco normativo.

El horario del turno nocturno, entre las 17.00 y las 22.00 horas, se ajusta a la nueva rutina de entrenamientos matinales, facilitando la conciliación entre ambas exigencias. A ello se suma una diferencia significativa en el tamaño de los grupos: frente a las aulas de la mañana, que rondan los 30 alumnos, las clases nocturnas suelen estar formadas por entre siete y ocho estudiantes, lo que favorece una atención más individualizada y un seguimiento más cercano.

Pero más allá de la organización, uno de los aspectos que define este modelo es la diversidad del alumnado. “Pueden estar con gente mayor de edad. También tenemos algún alumnado menor. También hay gente adulta: hemos tenido alumnos que estaban los chicos con su madre en el aula. O personas jubiladas, de 70 años, que quieren formarse porque son inquietos. O gente de más de 30 años que necesitan el título para promocionar”, explica el director. Un entorno en el que conviven distintas generaciones y trayectorias vitales, muy alejado de la homogeneidad habitual en las aulas ordinarias.

Lejos de verlo como una dificultad, Menéndez considera que esa mezcla puede resultar especialmente enriquecedora para los jóvenes deportistas. “Esa diversidad les va a venir muy bien. Es un ambiente muy bueno que, lejos de perjudicarles, les va a beneficiar. No es el mismo ambiente de clase de la mañana, en la que todos son iguales. Son chicos jóvenes todos; aquí van a recibir una influencia positiva”, asegura, convencido de que el contacto con otras realidades puede aportar un valor añadido a su formación personal.

Menéndez, además, valora de forma muy positiva la iniciativa del club gijonés. “Me parece un acierto enorme que la entidad no solo se preocupe del aspecto deportivo, también lo académico”, afirma. Una reflexión que incide en la importancia de garantizar alternativas formativas para unos jóvenes que, más allá de su proyección deportiva, necesitan construir un futuro sólido también fuera del terreno de juego.

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